Sánchez, a lo que ordene Biden

Pedro Sánchez, un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo.

José Antonio Gómez. Como diría un castizo, Pedro Sánchez «la ha liado muy parda» por su obsesión en ser recibido en la Casa Blanca por Joe Biden. Hay que recordar que, a día de hoy, es el único presidente del Gobierno de España elegido en las urnas que no ha visitado el Despacho Oval y eso le reconcome. De ahí que esté haciendo lo que haya que hacer para conseguir que el presidente de los Estados Unidos le reciba en Washington o, si no quiere, al menos hacerse una foto en la Moncloa durante la futura Cumbre de la OTAN. Ese «hacer lo que haga falta» para que Sánchez tenga una foto oficial con Biden está costando muy caro a España y a su ciudadanía. Lo peor es que, de momento, las consecuencias sólo están en su fase inicial, que lo peor está por llegar.

El pasado martes se produjo un hecho que ha provocado, incluso, que la Unión Europea haya expresado en público su gran preocupación. En concreto, Argelia rompió el tratado de Amistad que tenía firmado con España por el giro dado unilateralmente por Pedro Sánchez respecto al Sáhara y, en consecuencia, posicionamiento de España en favor de Rabat.


Argelia ha mostrado su oposición absoluta a la decisión unilateral de Sánchez respecto al Sáhara, sin embargo, el presidente español dio un paso más al no mencionar en el Congreso de los Diputados a Argelia mientras hacía equilibrios dialécticos para defender su posicionamiento en favor de la solución de Marruecos al conflicto del Sáhara, una solución que, por cierto, está apoyada, casualmente, por Estados Unidos.

El comunicado de Argelia fue durísimo y recriminó a Pedro Sánchez su campaña para argumentar un giro político que supone una «violación de las obligaciones jurídica, moral y política» de España, porque, no hay que olvidar, que nuestro país sigue siendo «potencia administradora» del Sáhara Occidental, tal y como señala la ONU y como reconoció en una sentencia el actual ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, cuando era juez de la Audiencia Nacional.

La decisión unilateral de Sánchez supone el apoyo de España a una fórmula de solución del conflicto que es «ilegal e ilegítima». Además, se coloca en la posición de crear la política de «hechos consumados» que ha venido aplicando Rabat desde el año 1975, cuando se firmaron los acuerdos ilegales de Madrid.

Todo por una foto

La obsesión de Pedro Sánchez con hacerse una foto con Joe Biden ya está rozando lo enfermizo. No hay más que recordar el ridículo que hizo al asaltar en un pasillo al presidente norteamericano para que diera la sensación de que estaban teniendo un encuentro privado. Aquello fue patético. Además, esa obsesión se podría estar arrastrando hasta el propio PSOE.

En la parte socialista del gobierno hay enfado con Podemos, precisamente, porque sus posturas ideológicas están torpedeando ese momento, ya que aún no hay confirmación de que el presidente de los Estados Unidos vaya a visitar La Moncloa durante la Cumbre de la OTAN.

Además, se está colocando esa fotografía, que sólo favorece a la imagen de Sánchez y a sus futuras candidaturas a presidir la Comisión Europea o a la Secretaría General de la Alianza Atlántica, como una cuestión de Estado. ¿A esos límites se está llegando? ¿Es Sánchez la versión del siglo XXI del despotismo ilustrado en el que el Estado soy yo? Si está en juego la imagen de Pedro Sánchez, «hasta el infinito y más allá» si hace falta.

Estados Unidos debe estar satisfecho de cómo Sánchez está gestionando su relación con Marruecos. Hay que recordar cómo, en los primeros días del mes de marzo, aterrizó en Madrid Wendy Sherman, subsecretaria de Estado, para reunirse con el ministro de Exteriores, José Manuel Alvares. No es casualidad que a las 24 horas, Sherman visitara Rabat y declarara que el plan de autonomía planteado por Marruecos para solucionar el conflicto del Sáhara era «serio, creíble y realista», es decir, las mismas palabras que utilizó Moncloa cuando se hizo público el giro unilateral de Pedro Sánchez.

Por tanto, es muy probable que la traición al Sáhara por parte del presidente español sea una parte del precio que estaba dispuesto a pagar para que Estados Unidos le abriera las puertas del Despacho Oval y poder hacerse la foto con el presidente estadounidense que se hicieron Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

Sin embargo, las consecuencias van a ser catastróficas. Las exportaciones de España a Argelia suponen casi 3.000 millones de euros y el suministro de gas podría ser suspendido en cualquier momento, a pesar de que desde el Gobierno se afirme que no es posible. Encarecimiento de la energía, pérdida de puestos de trabajo, reducción de las exportaciones y otras consecuencias es el precio a pagar por una foto.

Comentarios
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TRAIDOR   |2022-06-10 22:30:46
Para explicar la actitud de la rata de cloacas de la Moncloa hay dos hipótisis,
una orden de Biden, un chantaje de mojamé, y las dos pueden haber coincidido
gema   |2022-06-11 10:13:16
tirano con los débiles, servíl con los fuertes
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