Otra guerra de religión

Arturo del Villar

EL conflicto armado entre la Federación de Rusia y Ucrania está provocando cuestiones colaterales que sobrepasan el interés derivado por la evolución de ambos ejércitos. Por de pronto, quedó demostrado que ha dividido al mundo en dos bandos, el que poya a la aislada Federación de Rusia empeñada en seguir combatiendo al nazifascismo, como lo hizo durante la gran Guerra Patria en los primeros años cuarenta del siglo pasado, y el que intenta justificar la intervención de la organización terrorista OTAN al servicio del imperialismo gringo, que promueve guerras nacionales continuas desde 1945 en todo el mundo, para favorecer a su industria de guerra, no solamente en su país, sino obligando a comprar sus armas y municiones a todos los integrados en la organización, como nos anuncia el Gobierno supuestamente socialista del reino de España, que no duda en empobrecernos y renunciar a las políticas de progreso para la población con tal de complacer al emperador gringo, despreciando la opinión de pueblo.

Este 2 de junio de 2022 fracasó un irrespetuoso intento de la Unión Europea, sometida sumisamente a la órdenes de la OTAN, para condenar a Kirill I, patriarca de Moscú y de todas las Rusias, cabeza de la Iglesia ortodoxa rusa. Pretendían acusarle de estar a favor de la intervención de la Federación de Rusia para limpiar el territorio ucraniano de los nazifascistas que lo controlan. Su propósito consistía en lanzar contra él una condena común de todos los países, y prohibirle entrar en el territorio de la Unión. El intento fracasó debido a la oposición muy firme de Hungría.

En sus intervenciones públicas el patriarca ha calificado de “fuerzas del mal” a las que apoyan a los ucranianos, enviándoles las armas de guerra más sofisticadas para combatir al solitario ejército ruso, que mantiene sin ninguna ayuda la defensa de las libertades y la democracia contra los ataques combinados de las fuerzas de la OTAN, incluidas las enviadas por el Gobierno del reino de España, siguiendo el ejemplo de la tristemente célebre División Azul, constituida por voluntarios falangistas para ir a luchar en el frente soviético a las órdenes de los generales nazis alemanes. Además Kirill I acusa a la organización terrorista de estar difundiendo una rusofobia entre las personas mal informadas de todo el mundo, con su propaganda interesada favorable a uno de los dos bandos.

La secta de la Iglesia ortodoxa radicada en Ucrania rompió sus relaciones espirituales con la Iglesia rusa el pasado 27 de mayo. Según el patriarca Kirill I, este cisma se debe al afán de los ucranianos por justificar el mantenimiento del conflicto armado, para continuar recibiendo las constantes remesas de armas y municiones, principalmente del Imperio colonial gringo y sus servidores, como el Gobierno del reino de España. Se ha dirigido al Consejo Mundial de Iglesias para que adopte una opinión imparcial y predique la verdad sobre lo que está sucediendo allí, para informar a la opinión pública mundial con precisión.

No se trata solamente de un nuevo cisma ortodoxo, porque la Iglesia catolicorromana también es beligerante a favor del bando ucraniano. Recoge limosnas en sus templos de todo el mundo, para enviárselas con el fin de que adquiera armamento de última generación gracias a ellas, y además realiza operaciones litúrgicas para intentar involucrar a las potencias celestiales en el conflicto. Hasta ahora obtiene más éxito en la “operación limosnas” que en la de conseguir la intervención divina a favor del ejército multinacional organizado por la OTAN, incluidos los batallones enviados por el reino de España con sus capellanes castrenses al frente.  De nada ha servido la consagración de Ucrania al “inmaculado corazón de la Virgen María”, realizada por el papa romano el pasado 25 de marzo, ni los rezos colectivos con la misma intencionalidad. El dinero sí es útil.

Este conflicto se ha convertido en otra guerra de religión, como las que ensangrentaron a Europa en los siglos XVI y XVII, para poner en práctica la necesaria reforma de la Iglesia catolicorromana, conforme a la enseñanza del Evangelio. Lo ha demostrado el patriarca Kirill I en  sus intervenciones públicas. Debe tenerse en cuenta un dato importante: el emperador gringo, Joe Biden, que es el principal mantenedor del conflicto, pertenece a la secta catolicorromana, aunque se halla cuestionado por varios de sus dirigentes y muchos fieles en su propio país. Hasta ahora los ángeles se han mantenido al margen de los acontecimientos bélicos y religiosos.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

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