La decadencia de Podemos, lo que queda a su izquierda y la actualidad de pelear por una sociedad socialista

Santiago Lupe. Los proyectos reformistas y populistas nacidos en la anterior crisis llegan agotados a la apertura de la actual marcada por la guerra y el rearme imperialista. No se trata de reconstruirlos, sino de luchar por otro modelo social que frene esta competencia destructiva y que ponga todos los recursos, hoy en manos de los capitalistas, al servicio de las grandes necesidades sociales y no del lucro de una minoría. Necesitamos una izquierda que esté dispuesta a pelear por la expropiación de los expropiadores. El mapa político en el Estado español está cruzado en la coyuntura por dos contiendas periféricas - andaluza y catalana - que condicionarán la durabilidad de la legislatura y que operan en un sentido opuesto ¿Cuál de las dos tendencias se impondrá y determinará si las elecciones son antes o después de que se agote la legislatura? En su desarrollo otra incógnita se dilucidará ¿Qué izquierda reformista quedará después de todo esto?

A estas dos preguntas le queremos añadir otras dos de más larga durada e interés ¿Qué modelo social nos ofrecen estos proyectos políticos reformistas? y ¿Por qué sociedad merece la pena pelear y qué izquierda necesitamos para conseguirlo?

En Catalunya las últimas embestidas contra el independentismo - espionaje y recursos contra los indultos- amenazan con hacer descarrilar definitivamente los intentos de restauración de la normalidad autonómica del doble tándem PSOE-UP y ERC-JxCat. Se trata, nada menos, del proyecto convertido en condición de posibilidad para sostener una cierta estabilidad parlamentaria.

En el sentido opuesto, en Andalucía, las elecciones anticipadas de junio pueden revalidar el gobierno del PP. Esta vez, como en Castilla y León, podría ser con el apoyo o en coalición con la ultraderecha de Vox. Un resultado así, en la comunidad más poblada del Estado, puede ser leído como adelanto de lo que se viene en las generales. En este caso, el espanto puede dar una sobrevida al gobierno “progresista” y disciplinar a ERC a seguir siendo su muleta en las Cortes, y así retrasar, no tanto evitar, ese escenario.

La ubicación de Podemos en ambos escenarios y el estatal no puede ser más patética. El partido que vino a “asaltar los cielos” y “romper los candados del 78”, se encuentra, apenas 8 años después de su fundación, en una senda hacia la irrelevancia después de haber ayudado a restablecer al PSOE como la pata izquierda del régimen, resucitado una IU/PCE que ahora lo marginan y contribuido a desactivar la mayor afrenta contra la Corona y el régimen hasta la fecha, el movimiento democrático catalán.

“Cría cuervos…”, este es el refrán que Iglesias y los suyos deben repetirse cada mañana frente al espejo. La candidata promovida por Iglesias tras su retirada hace un año, Yolanda Díaz, ha emprendido su propio vuelo, cada vez más a la derecha.

La vicepresidenta y ministra de Trabajo se convirtió en la mejor representante de la moderación y la concertación social del ala morada del Ejecutivo. Su reforma laboral ha sido hasta ahora su mayor logro, toda una revalidación de la de Rajoy y las anteriores, apoyada por la burocracia sindical y la patronal. Pero sus derechadas no acaban ahí. La hemos visto aceptando la política de rearme imperialista de Sánchez, el rescate al “banco malo”, de visita en el Vaticano o sumándose a los coros de “España es una democracia consolidada” en el escándalo de espionaje Pegasus.

Al mismo tiempo, apoyándose en el aparato del PCE e IU, ha ido desplazando al grupo de Iglesias. Podemos y el mismo Iglesias desde su podcast han querido marcar distancias discursivas por izquierda en cuestiones como Ucrania o el espionaje, pero siempre sin sacar los pies del plato. Belarra y Montero siguen sentadas en el Consejo de ministros y ministras de Su Majestad y la OTAN.

Ahora Yolanda les da la patada. Lo hizo en Andalucía, imponiendo sus condiciones y la cabeza de lista. Lo ha hecho con el lanzamiento de la plataforma “Sumar” para su candidatura a las generales, en la que la formación morada está llamada a jugar un papel de invitada.

El malestar de los dirigentes de Podemos es público y manifiesto. Pero ya es tarde para una ruptura provechosa. El carácter de pelea de aparatos de una posible ruptura sería evidente, y la formación morada saldría perdiendo. Los exabruptos de izquierda con la que alguna declaración de Echenique o alguna editorial de Iglesias pretenden marcar distancias con Díaz no pueden estar más cargados de impostura.

El proyecto del neorreformismo ibérico - común a los Iglesias, las Díaz y los Errejón - ha demostrado que la vía de la gestión del Estado capitalista, y en el caso español de un país imperialista, es totalmente impotente. Algunos de los logros que presentan, como la subida del SMI o ahora la ley del aborto - que es más bien producto de las grandes movilizaciones del movimiento feminista en los últimos años -, no pueden ocultar que en lo esencial han sido parte del enésimo gobierno de turno que aplicaba la agenda de la gran patronal.

Ni siquiera durante la pandemia se lograron imponer medidas de control sobre las grandes empresas como su intervención sin indemnización para atender la crisis sanitaria, impuestos a los beneficios del IBEX35 - que en 2021 subieron un 83% respecto a 2019, antes de la covid19 - o la devolución del rescate bancario - de hecho en enero lo ampliaron con otros 35 mil millones para el SAREB-. Tampoco la regulación del precio de la luz y el gas, o la limitación de los beneficios extraordinarios de las eléctricas, han podido realizarse.

Aún así, no es totalmente descartable que Iglesias pretenda preservarse y, en caso de que el proyecto de Díaz acabe empantanándose, poder así aparecer de recambio. Pero esta no es hoy la opción más probable, como tampoco que de realizarse la "apuesta" le salga bien (como ya le pasó con su "salto" a la política autonómica en la Comunidad de Madrid).

Andalucía y las encuestas auguran más bien que el “corto verano del neorreformismo” puede terminar con un retorno de IU y el PCE con nueva careta y unos resultados muy parecidos a los cosechados por la IU de Anguita en los 90.

La CUP y Anticapitalistas: andar un camino ya transitado

En los dos escenarios andaluz y catalán aparecen formaciones que se presentan como opositoras e independientes, tanto del gobierno “progresista” como de la supuesta “ala izquierda” del mismo.

En Catalunya, la CUP mantiene en el Congreso una posición contraria al relato y las lógicas malmenoristas que han llevado a otras formaciones, como EH-Bildu, a convertirse en un apéndice de los grupos parlamentarios gubernamentales.

Esta ubicación por izquierda en el caso de Catalunya tiene muchas más contradicciones. Hace ahora un año investían con sus votos y un acuerdo de investidura a Pere Aragonés, el president que abiertamente había reconocido que venía a clausurar el procés y restablecer una nueva normalidad autonómica.

El curso social-liberal del govern ERC-JxCat y su deriva autonomista es cuestionado ahora por la CUP en el Parlament catalán. Pero es una crítica “leal”, sin romper el pacto de investidura y sin dejar de ser uno de los principales apoyos parlamentarios del gobierno Aragonés-Puigneró.

Que este cuestionamiento pase de las palabras a los hechos sigue pendiente. Algo que pasaría de entrada por romper el acuerdo de legislatura, ubicarse de forma totalmente independiente del govern - y no mendicante de un imposible “giro a la izquierda” - y promover la movilización tanto por las demandas democráticas encajonadas - amnistía y autodeterminación - como por resolver las grandes demandas sociales, como las que plantean las y los trabajadores de educación estos días en huelga, mediante impuestos a las grandes familias y empresas catalanas o la expropiación del parque de viviendas en manos de los fondos buitres - solo Blackstone tiene 5.500 en Catalunya -, entre otras medidas que tocan a la propiedad capitalista.

En Andalucía, Anticapitalistas impulsa la candidatura de Adelante Andalucía encabezada por Teresa Rodríguez. Tras su ruptura con Podemos por su entrada en el gobierno con el PSOE en 2019, la formación de Rodríguez y Urbán mantienen una ubicación de oposición por izquierda al “progresismo” gubernamental, oponiéndose a las grandes políticas de rescate capitalista - como las desarrolladas durante la pandemia o ahora con los Fondos Europeos -, a reformas con trampa como la laboral o a la política exterior de envío de armas a Ucrania, rearme y refuerzo de la OTAN. Estos son sin duda sus aspectos más progresivos.

En el programa, Adelante Andalucía plantean reformas de izquierda similares a las que defiende la CUP, sin constituir un programa anticapitalista como tal, y por medio de una vía de conquista de derechos mediante la ocupación de espacios o la gestión “progresista” de las instituciones del Estado capitalista, como vienen haciendo en Cádiz desde 2015. Hay también un acercamiento al discurso policlasista del soberanismo andaluz de izquierda y mantiene una actitud conciliadora con la candidatura impulsada por el PCA y Podemos - con quienes en ciudades como Zaragoza se preparan pare reditar otra candidatura municipal del “cambio”-. Por último, ante la posibilidad de un nuevo gobierno del PSOE-A, no descartan un apoyo en la investidura si sus votos fueran necesarios, al estilo de lo que sus compañeros del Bloco en Portugal hicieron con el gobierno social-liberal de Costa.
La izquierda y la pelea por una sociedad socialista

Cuando se han cumplido 11 años del 15M, los dos grandes proyectos políticos emergidos por izquierda de aquella crisis llegan completamente agotados. Podemos y el procesismo, y dentro de este la política de “unidad nacional” de la CUP, no representan ninguna “alternativa” para muchos jóvenes y trabajadores en un momento en el que entramos en una nueva crisis económica, con la derecha a la ofensiva y con la guerra, la escalada imperialista y los anuncios de nuevas hambrunas en el horizonte inmediato.

No es momento de “insistir” en repetir pantallas que ya sabemos cómo terminan. No es momento de constituir proyectos políticos que reproducen otro programa de reformas tibias que no se adentran en tocar los intereses y beneficios de los grandes capitalistas, una estrategia gradualista de conquista de derechos ocupando espacios institucionales y el apoyo parlamentario al “mal menor” para frenar a la derecha. Es decir una suerte de “Podemos de los orígenes” que promete recorrer el mismo camino que el original, como plantean Rodríguez y Anticapitalistas en Andalucía.

Tampoco es momento de reconstruir bloques “soberanistas” con quienes abortaron el potencial del movimiento democrático catalán en 2017 y hoy aplican las mismas políticas social-liberales que Moncloa en Catalunya, como se propone la CUP.

El gobierno “progresista” sigue adelante con buena parte de la agenda del IBEX35 y la derecha, mientras esta avanza a pasos agigantados. El Estado español y sus gobiernos de turno, como país imperialista, se prepara además para intentar jugar un rol de gendarme y expoliador de otros pueblos, siendo parte del rearme y del relanzamiento de la OTAN, en particular en el norte de África.

El capitalismo logró en las últimas décadas imponer un sentido común al que una gran parte de la izquierda ha sucumbido, incluida la que se autodefine como anticapitalista, y por el que no habría más alternativa que resistir en sus márgenes, arrancarle de tanto en tanto alguna concesión o “humanizarlo” por medio de la presión o la cogestión de su Estado.

Sin embargo, que este sistema no tiene nada que ofrecernos, es una realidad reconocible por millones. Nos está preparando un siglo XXI lleno de catástrofes. Que los proyectos reformistas son verdaderas utopías basta con ver el historial del siglo XX o experiencias recientes como la de Podemos o Syriza. Que no se pueden conquistar siquiera derechos democráticos sin llevar hasta el final una movilización revolucionaria, el ejemplo catalán lo corrobora.

Existen hoy ya medios capaces de cubrir todas las necesidades sociales y reconvertir la producción para evitar un ocaso climático. Sin embargo, si todos los avances sin precedentes de la técnica y la tecnología siguen en manos de una minoría de capitalistas, no solo no se conseguirá ni una cosa ni otra, sino que la competencia entre ellos y sus Estados nos conducen a choques cada vez más destructivos.

Se producen alimentos suficientes para alimentar el planeta. Pero un 30% acaba en la basura, según la ONU, y la guerra en Ucrania y las pulsiones proteccionistas de los Estados abocan a 200 millones de seres humanos, que pueden llegar a ser 250 en los próximos meses, a pasar hambre según la FAO. Hay la capacidad científica de producir una vacuna en apenas 12 meses, pero las patentes farmacéuticas han impedido una inmunización global todavía contra la covid19, con un 35% de la población sin una sola dosis según la OMS, así como otras enfermedades como la emergente viruela del mono. Hay avances científicos para implementar una producción compatible con la vida en el planeta, pero la baja rentabilidad inicial y la competencia entre empresas y Estados hace que se siga apostando por los combustibles fósiles, con una demanda que sigue creciendo lo que provocará un aumento de las emisiones de CO2 en 2022 del 14% según la ONU.

En el Estado español los grandes problemas sociales no son un mal endémico e irremediable. Solo los 40 mayores tenedores de vivienda acumulan más de 100 mil viviendas que podrían ser la base para un gran parque público de alquiler social y poner fin al crimen social de los desahucios, que deja familias en la calle y aboca al suicidio a decenas de personas. Con un impuesto del 30% - el tipo que paga en el impuesto de la renta una maestra - a los 58 mil millones de beneficios del IBEX35 se podría duplicar la cuantía del ingreso mínimo vital y multiplicar por 6 su cobertura. Son solo dos botones de muestra de que la “llave” a estos y otros graves problemas sociales está en tocar los intereses y la propiedad de los grandes capitalistas.

Necesitamos, por lo tanto, poner todos los mecanismos que producen la riqueza en manos de quienes los hacemos mover todos los días. Expropiar a quienes nos expropian cotidianamente el fruto del trabajo de millones, para pegarse una vida de lujo y ociosidad. Pero esto no “caerá del cielo” ni será una concesión de gracia de los gobiernos capitalistas, sino todo lo contrario. Para lograrlo necesitamos terminar con esos gobiernos y sus Estados, e imponer formas de democracia muy superiores, basadas en organismos de autoorganización de la clase trabajadora y los sectores populares. Solo así podremos lograr dar una salida a una crisis que tiene cada día más el carácter de civilizatoria.

Para esto es lo que tenemos y merece la pena prepararse y proponerse construir una izquierda completamente independiente del reformismo y quienes se resignan a que no hay otro futuro posible que el que el capitalismo nos ofrece. Una izquierda que ponga en el centro desarrollar la organización y movilización social, con la clase trabajadora al frente, para conquistar ese otro futuro posible y deseable.

Que abiertamente pelee por terminar con esta democracia para ricos que es el régimen del 78 y sus instituciones, y por un programa que resuelva los grandes problemas sociales por medio de la expropiación de los grandes capitalistas.

La historia muestra que esto es posible. Allí están las extraordinarias experiencias de colectivización y autogestión protagonizadas por la clase trabajadora aquí mismo en la revolución social del 36. Pero lo muestra también el presente, en diferentes experiencias como las de las fábricas recuperadas por sus trabajadores en países como Italia o Argentina. Fábricas dirigidas democráticamente por ellos y ellas y reorientando su producción del lucro a la satisfacción de necesidades sociales de la comunidad, como la gráfica Madygraf en Buenos Aires que reconvirtió parte de su producción durante la pandemia para la fabricación de gel hidroalcohólico.

Necesitamos superar la bancarrota del reformismo que nos lleva poco a poco, no a una sociedad mejor como prometen, sino a la derrota y a niveles de padecimientos como las que ya nos mostró el siglo XX. Pelear por una sociedad socialista en el siglo XXI no tiene nada de utópico. Tenemos las bases para que se pueda desarrollar la cooperación entre pueblos y se produzca poniendo en el centro, no el beneficio de una ínfima minoría, sino el garantizar las mejores condiciones de existencia posibles al conjunto de la humanidad. Simplemente, esas bases deben cambiar de manos.

Comentarios
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Ruano   |2022-05-30 12:36:35
podemos con su asalto a los cieles de 2015, es lo que el psoe con su cambio de
1982, un completo fraude
quimera   |2022-05-30 12:41:34
cuando posdemos sacó setenta y tantos diputados al congreso, y el psoe estaba
en caida libre, a poco que hubiera mantenido su coherencia se habria convertido
en alternativa de gobierno, pero primaron los intereses personALES DE LOS
DIRIGENTES ESENCIALMENTE DE LA PAREJA que dirigía el cotarro, y desde entonces
está en extinción un partido que despertó grandes ilusiones, con Dáz no
pasará lo mismo, porque es evidente su connivencia con el psoe, y su servilismo
hacia los poderes fácticos
PUDIMOS PERO  - NOS VENDIMOS   |2022-05-30 12:44:41
TIC TAC TIC TA TIC TAC, PALO EN CATALUÑA, PALO EN GALICIA Y PAIS VASCO, PALO
EN MADRID, PALO EN CASTILLA LEÓN, Y LOS PRÓXIMOS SERÁN EN ANDALUCÍA Y EL
BROCHE FINAL EN LAS ELECCIONES GENERALES, ¿POR QUÉ? PORQUE SE LO MERECEN
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