Ensaladilla para la guerra

EL PINCHE Y EL CHEF

Arturo del Villar. EN la paz fascista de la posguerra, con el triunfo del glorioso alzamiento nacionalsindicalista, como decía la propaganda oficial, a la clásica ensaladilla rusa hubo que cambiarle el nombre, porque Rusia, así llamada por la Unión Soviética, debido a la ignorancia de los vencedores, era culpable: lo pregonaba en los carteles un eslogan nacionalista para animar a los falangistas a volver a tomar las armas y marcharse a seguir luchando con la División Azul en el frente soviético, a las órdenes de los generales alemanes nazis. Y de este modo la ensaladilla rusa pasó a ser ensaladilla nacional. Ahora la rica ensaladilla vuelve a cambiar su apellido, también por motivaciones bélicas.

Se le ha ocurrido al chef José Andrés, premio Princesa de Asturias de la Concordia, proponer que se la llame ensaladilla ucraniana, como apoyo fogonero al país que está enfrentándose, ahora sí es correcto, a Rusia, porque la Unión Soviética desapareció, y así está el mundo desde entonces, en guerras permanentes dirigidas por los fabricantes gringos de armas al servicio de la Organización Terrorista Agresiva Nefanda (OTAN).

El tal José Andrés abandonó su Asturies, patria querida, en 1991 y abrió un restaurante en Nueva York City, y después otro en Washington D. C., y ha continuado sirviendo a los gringos, para que estén bien alimentados y puedan intervenir con éxito en todas las guerras que provocan. Por ese motivo el emperador Joe Biden le nombró el pasado 24 de marzo copresidente del Consejo Asesor de Deportes, teniendo en cuenta la conocida interrelación existente entre el deporte y la cocina en los Estados Bandidos de América. Desde tan alto puesto promueve la política de la ensaladilla.

UNA EFICAZ PROPAGANDA UCRANIANA

Hasta ahora los ucranianos no han conseguido causar graves daños al disciplinado y bien armado Ejército ruso, pero es preciso reconocer que su Departamento de Propaganda funciona maravillosamente, con el asesoramiento destacado de la OTAN. Ha conseguido que muchos países occidentales, con los Estados Bandidos al frente, envíen a Ucrania las armas más modernas, tanques, aviones y drones, además de ingentes sumas de dinero para combatir a las tropas rusas destinadas a la limpieza del territorio.    

Además se presenta como una víctima, en lugar de aceptar el papel de agresor en el conflicto, y logra que las agencias internacionales de Prensa, dominadas por los gringos, destaquen el supuesto heroísmo de unos militares escondidos, y entrevisten a mujeres gordas y llorosas que lamentan la destrucción de sus hogares, aparte de retratar a unos niños rollizos y felices con sus juguetes en refugios seguros.

Esa política de Agit--Prop da excelentes resultados. Lo hemos comprobado en el Festival de la Canción de Eurovisión celebrado en Turín el 14 de mayo, en el que no se permitió participar a Rusia, pero sí a Ucrania. Tal y como estaba anunciado, triunfó Ucrania con la peor música de cuantas se escucharon, con unos intérpretes a los que daba asco ver. Se han presentado varias protestas de jurados a los que se les cambió el sentido de su voto. Un tongo sabido y tolerado porque debía ganar Ucrania.

Este 16 de mayo el minicardenal Cañizares, arzobispo catolicorromano de Valencia, firmó un pacto con el arzobispo metropolitano ortodoxo de España y Portugal, el patriarca Bessarión, para pedir juntos la paz en Ucrania. A nadie le importa lo que pase en Rusia.

El papa Paco anunció que la guerra terminaría el 9 de mayo, porque ha-bía consagrado a Ucrania al Corazón Inmaculado de la Virgen María, lo que según él constituye un escudo victorioso. Como no ha tenido éxito el plan, el próximo día 18 de mayo llegará a Ucrania su enviado especial Paul Gallagher, secretario del Vaticano para las Relaciones con los Estados, para expresar al país y a su dirigente supremo las simpatías vaticanas. De Rusia no se acuerda Paco. Probablemente opinará, como los viejos falangistas, que Rusia es culpable. Ellos no explicaban de qué, ni lo hacen Paco y Cañizares. Aquí todavía convivimos con la herencia de 36 años de dictadura fascista, y su continuidad monárquica. Menos mal que a la ensaladilla no le modifica el buen sabor la modificación de su apellido. Vamos a ver qué premio le conceden ahora a José Andrés por su aportación para poner fin al conflicto armado en Ucrania.

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