El Ejército y el pueblo rusos con Putin

Arturo del Villar

COMO todos los 9 de mayo, en este 2022 ha habido un espectacular desfile en la Plaza Roja de Moscú, para conmemorar la victoria del Ejército Rojo de la Unión Soviética contra el Eje nazifascista de Berlín—Roma—Tokio, hace 77 años. En este tiempo los países se han transformado, pero las ideas de los ciudadanos siguen inalteradas. En Rusia continúa existiendo una fe firme en los postulados populares defendidos por la Unión Soviética a favor de la independencia de los pueblos y de la libertad de los ciudadanos. En Alemania sigue latente el nazismo. El presidente Vladimir Putin es el continuador de aquel espíritu internacionalista que movía a los pueblos, y por eso retiene el fervor del Ejército y de los ciudadanos, como se ha visto en el impresionante desfile de once mil soldados y 131 vehículos de combate, presenciado por una multitud que les aplaudía continuamente. Debido al mal estado del clima no fue posible la exhibición de los aviones de combate, siempre un momento grandioso.

 

Algunos comentaristas desinformadores de la realidad han divulgado que los ciudadanos rusos están en contra de la operación militar especial ordenada por el presidente Putin en Ucrania, y hasta pronosticaron levantamientos en contra de esa política. Ha quedado muy manifiesto que los ciudadanos de la capital rusa constituyen un bloque unitario en apoyo de su presidente. Lo mismo se observó en otros lugares en los que también se organizaron actos en honor de los heroicos luchadores en la Gran Guerra Patria durante cinco años de combates y privaciones, culminados felizmente con escenas tan icónicas como la liberación de los cautivos en los campos de exterminio nazis, y la conquista de Berlín calle por calle.

LAS MISMAS IDEAS EN OTRO MAPA

En un enardecido mensaje patriótico, el presidente Putin explicó la amenaza que constituía para Rusia el hecho de que en sus fronteras se estuvieran armando los enemigos. Los dirigentes de Kiev preparaban un ataque a la población del Donbass que habla ruso, mantiene las costumbres rusas y sigue la religión ortodoxa rusa. Por ello se hizo necesario tomar medidas intervencionistas, para prevenir lo que se ultimaba como un genocidio.
Las naciones aliadas en los años cuarenta contra el peligro del nazifascismo, asociadas entonces a la Unión Soviética, ahora forman parte de la OTAN, y están enviando toda clase de armas ofensivas y dinero a los ucranianos continuadores de la ideología nazi, para que se enfrenten a las fuerzas libertadoras de Rusia. De esta manera prolongan el conflicto, y sus fábricas de armas prosperan en su negocio. Los sufrimientos de los ciudadanos no merecen ser tenidos en cuenta por los adoradores del Padre Dólar.

Existía un acuerdo internacional no escrito, para que con la desaparición de las naciones del socialismo real y por lo tanto del Pacto de Varsovia, se disolviera la OTAN por carecer de una función estratégica necesaria. Pero a los grandes capitalistas de los Estados Unidos no les conviene que haya paz entre las naciones, ya que hacen sus pingües negocios con la industria de guerra. Así que envían tanques, ametralladoras y municiones a Ucrania, para incrementar el montante de sus beneficios.

Y es preciso obedecer sus órdenes porque los Estados Unidos se han convertido en el país hegemónico, representación del Imperio colonizador, sin ningún opositor de importancia desde la desaparición de la Unión Soviética, antigua patria del proletariado internacional. Al reino de España, por ejemplo, le han impuesto la obligación de incrementar su presupuesto en gastos para la defensa, y el Gobierno usurpador del título de Socialista se ha apresurado a obedecer.

Por todo ello ahora mismo es Vladimir Putin la esperanza de los pueblos que desean mantenerse independientes. La conjunción de todos los países integrantes de la organización terrorista no va a conseguir hacerle desistir de sus propósitos. Ha fallado en la campaña internacional contra él hasta el papa Paco, que profetizó el fin de la operación militar este 9 de mayo: seguramente habrá contemplado por televisión el grandioso desfile en la Plaza Roja, demostración de que sus profecías son tan inútiles como sus oraciones, aunque no por eso se callará, porque desea ser el portavoz de los patrocinadores del régimen corrupto ucraniano. Al fina triunfará la razón, como en 1945.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

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