Todo está en revisión

M. Martin Ferrand

LA distancia entre una situación económica difícil y otra desesperada reside en la lucidez y capacidad de quienes deben enfrentarse a ellas. Aquí vamos mal, muy mal. Ahora resulta que la economía española creció, en 2008, un 0´9 y no el 1´2 por ciento que nos anunció el Gobierno.


 Tres décimas letales si se les añade la consideración de que, en el primer semestre de este año, la economía se contrajo un 4´2 por ciento, la mayor caída de la historia. Esos datos, combinados con los específicos del paro, angustian la contemplación del panorama. La situación es desesperada. Podría haber sido difícil nada más de no flotar en el aire las naderías doctrinarias y rebosantes de sindicalismo rancio que propaga el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, y antes de saber que la vicepresidenta especializada, Elena Salgado, resume el plan de acción gubernamental con una expresión que pretende ser astuta y denota insolvencia: «Todo está en revisión».

La vocación providencialista, que tanto ha fomentado a lo largo de los siglos la dejadez productiva de los españoles, se ha tornado laical. Es ahora gubernamentalista; pero, ¿el equipo de José Luis Rodríguez Zapatero tiene soluciones para aliviar los problemas que comprometen el momento español? No lo parece y, lo que es peor, tampoco conocemos las propuestas alternativas de Mariano Rajoy y sus sabios de cabecera. Si se le suma a tan enmarañada situación la actitud de diecisiete Autonomías que, insolidarias, tratan de priorizar la ambición de sus gobernantes sobre el bien conjunto de la Nación, le añadiremos notas de insolubilidad a un problema que, primero, no se supo ver venir y, después, no se ha abordado con resolución y talento.

La última aparición de la vicepresidenta Salgado en el Congreso, un alarde de resabios sin fundamento, pone a sonar las alarmas. Como, con gran precisión, subrayaba un editorial en el ABC de ayer, «las cuentas siguen ocultas». Es tal el cúmulo de compromisos insensatos adquiridos por Zapatero que podría ser una necesidad operativa para disimular sus incumplimientos; pero, cabe temerlo, también podría suceder que, atrapados en el laberinto de la propaganda y la manipulación, tampoco sepan muy bien por donde se andan. Cuando la responsable de Hacienda asegura que «lo que más ha afectado a la disminución de la presión fiscal (sic) es la crisis» es cosa de salir corriendo.

 

Comentarios
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Anónimo   |2009-08-28 11:45:33
Todo va a peor.
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