El asesinato de Rosa Luxemburgo: la socialdemocracia ordenó su detención y muerte

Ricardo Rodríguez

En el artículo acerca de Rosa Luxemburgo, firmado por Guillem Sans Mora y titulado “Rosa Luxemburgo, un cadáver oculto” (Público, 18/08/09), se omite un dato en especial significativo si se tiene presente que el texto versa precisamente sobre el brutal asesinato de la revolucionaria, del que se cumple este año el 90 aniversario. Se trata de una omisión tan extendida en los últimos tiempos que uno comienza a sospechar que nos encontramos ante algo más que un olvido.


El dato en cuestión es que fue la socialdemocracia la que ordenó la detención y asesinato tanto de Rosa Luxemburgo como de su compañero Kart Liebknecht. El sanguinario Gustav Noske, en 1919 ministro del Ejército alemán, a quien el señor Sans Mora señala correctamente como la persona que ordenó los asesinatos, era un destacado dirigente del partido socialdemócrata, como lo era el entonces canciller Friedrich Ebert. Noske tenía muy claro su papel, razón por la cual no le pesó declarar, en los momentos previos a la masacre: “Es preciso que alguien sea el perro policía”. Y él se ocupó de desempeñar muy bien tan siniestro papel. Por otra parte, el grupo de Freikorps (“paramilitares derechistas”, nos aclara Sans Mora en su artículo) no hizo otra cosa que obedecer las criminales instrucciones de la dirección socialdemócrata.

Empieza a ser una irritante costumbre la de manipular los hechos históricos para que cuadren con ciertos intereses propagandísticos. Lo hemos visto en estos días con el extraño homenaje organizado por el PSOE a las Trece Rosas, pasando por alto su condición de jóvenes comunistas. En el caso de Rosa Luxemburgo, ocurre que su vida es un ejemplo tan deslumbrante de coraje, generosidad y humanismo que el baldón de su muerte pesa demasiado. Máxime cuando la represión del movimiento revolucionario de 1919 en Alemania tiene no poco que ver con la posterior emergencia del nazismo. Los autores socialdemócratas tienden por ello a exagerar las diferencias de la revolucionaria con Lenin (quien, por encima de discrepancias, sentía un enorme aprecio por ella, aprecio que era mutuo) y a silenciar quién fue su verdugo. Pero lo honesto es que cada cual cargue con lo suyo. No vaya a ser que aquí se crea que los malos siempre son los mismos.

 

Comentarios
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Bakunin   |2009-08-19 16:16:33
Estos sociatos tienen una historia macabra, siempre han sido los mamporreros del
capital.
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