Meloni y la normalización del fascismo

Alba Sidera.Después del blanqueamiento que le ha permitido ganar, asistiremos al blanqueamiento que le permitirá gobernar.“Estoy haciendo un gran esfuerzo para parecer moderada, pero a veces me enciendo”, se le escapó un día a Giorgia Meloni durante la campaña. Lo dijo sonriendo y se refería al éxito que tuvo un vídeo de un mitin electoral en el que se la ve gritando con mucha pasión.

Delante de un público entregado y lleno de militantes fascistas –algunos con camisetas de la SS nazis–, e incluso personajes vinculados al terrorismo negro de los años de plomo.

 

Meloni dijo que quería ganar porque su sueño es este: “Que podáis dejar de disimular, de ir con la cabeza agachada como habéis tenido que ir durante tanto tiempo, fingiendo que no pensáis lo que pensáis o os expulsarían del trabajo!”. Meloni sintetizó, así, uno de los objetivos que ha perseguido toda la vida: normalizar el fascismo, que no diese miedo, que fuese socialmente aceptado. Y le ha salido de maravilla. Tanto, que se está poniendo de moda, entre los que pretenden explicar un triunfo que no vieron venir, asegurar que la cuestión no va de fascismo.

Solo desde una posición de privilegio se puede quitar importancia al fascismo que envuelve a Meloni y a su partido, minimizarlo, considerarlo no relevante. Solo quien no ha percibido nunca de cerca el peligro que supone, en la práctica, la normalización de esta ideología criminal, puede subestimarla.

Que la cosa va de fascismo es la propia Meloni quien se encarga –y se encargará– de recordárnoslo.
Su primera aparición delante los medios la noche que ganó las elecciones fue hacia las dos y media de la madrugada. Con esa mezcla de euforia y contención de quien por dentro grita pero tiene que aparentar estar lista para presidir un país, Meloni dedicó la victoria a los que la habían precedido, abierto el camino, los que ya no están y habrían merecido vivir este momento en el que se les hace justicia, se les restablece el honor. Se refería a los camerati fascistas. Meloni viene de la militancia fascista castiza, muy marcada por códigos de honor, protocolos y jerarquías. No le importó que todos los focos estuvieran fijándose en ella; era una cuestión de honor –fascista–. Ese momento fue la culminación del proceso de normalización del fascismo que se inició ya hace unos años.

Meloni habla claro para quien quiera escuchar algo más que los vídeos electorales dirigidos a la prensa extranjera en los que contaba que era moderada. En todos los mítines de campaña repitió que su objetivo era acabar con “la hegemonía cultural y social de la izquierda”. Es decir, mover el sentido común siempre más hacia la derecha, que ser fascista no penalice, que sea una ideología socialmente aceptada. Considerarla solo folklore de cuatro chalados es el primer paso.

Todo lo que Meloni no es

Meloni y su partido no son una cara nueva que aporte aire fresco al panorama italiano, como han dicho algunos medios. ¿Cómo va a ser Meloni una novedad, si es una exministra de Berlusconi que está en política desde los 16 años? Los posfascistas han estado en todos los gobiernos de Berlusconi, gobiernan, desde hace décadas, en muchas regiones del norte e, incluso, gobernaron la capital de Italia no hace mucho. Y por supuesto, Fratelli d’Italia no es ningún partido antiestablishment. Es antisocial, antiderechos fundamentales. Sus políticas económicas no van contra el establishment, sino que lo favorecen, van contra las clases populares, van a empeorar sus condiciones materiales y sus derechos civiles y sociales. Porque, como buenos reaccionarios, no defienden la libertad, sino que quieren coartarla.

Fratelli d’Italia no es solo un partido con un pasado fascista, sino con un presente fascista. Está manifiestamente lleno de fascistas, y de los que nunca han tenido que disimular.
En Italia, gracias al proceso de blanqueo que inició Berlusconi y que ha tenido por cómplices a los medios de comunicación, no escandaliza demasiado mostrar abiertamente que uno es fascista. No es inusual que dirigentes y militantes de Fratelli d’Italia hagan el saludo nazi-fascista en público o que alaben a Mussolini. También de la Liga de Salvini, claro, e incluso del partido de Berlusconi. El magnate ha llegado a decir en un acto de homenaje a supervivientes del Holocausto, que fueron deportados a campos de exterminio nazis por el regimen fascista, que Mussolini hizo muchas cosas buenas.

Un partido lleno de fascistas

Francesco Acquaroli es el presidente de la región de Las Marcas desde septiembre de 2020. Pocos meses antes, había participado con todos los dirigentes regionales en una cena que el partido organizó para conmemorar los 100 años de la Marcha sobre Roma, el inicio del fascismo. La escenografía del acto incluía fasci littori [símbolos fascistas] y la silueta del Duce, se vieron brazos alzados y se corearon lemas mussolinianos. La noticia, que publicó el periodista Paolo Berizzi en La Repubblica, se hizo viral. Todos los votantes de Acquaroli sabían que acababa de homenajear a Mussolini, y, aun así, lo eligieron presidente.

El fascismo no es una realidad abstracta, una coreografía de “nostálgicos”, sino que tiene efectos en la vida cotidiana de la gente. En la región de Las Marcas, gobernada por Fd’I, es prácticamente imposible abortar y han aumentado de forma alarmante las agresiones a migrantes y a personas del colectivo LGTBI.

Toda Italia ha visto las fotos de Gianni Alemanno haciendo el saludo nazi y posando delante de una enorme bandera con la cruz celta. No solo fue ministro de Berlusconi, sino alcalde de Roma, desde 2008 hasta 2013. Recuerdo el día que ganó las elecciones: la ciudad se llenó de escuadrones de jóvenes fascistas patrullando en formación paramilitar y gritando vivas al Duce y a Alemanno. Llenó el Ayuntamiento de cargos a dedo de fascistas, incluso con pasado violento y vínculos con la mafia y la criminalidad. Es un hombre que nunca se quita del cuello una cadena con una cruz celta, que llegó a mostrar en televisión.

Uno de los aserores más influyentes de Meloni es Galeazzo Bignami, un boloñés de su quinta al que le gusta vestirse de nazi y que, al igual que ella, entró a militar en el fascismo cuando era muy joven. A los 14 años, debutó en el Fronte della Gioventù, los cachorros del Movimento Sociale Italiano (MSI), el partido del cual su padre era un cuadro dirigente. Meloni llama a esas juventudes su “comunidad”. Bignami siguió los pasos políticos del padre. Fue regidor en Bolonia por el partido de Berlusconi, y obtuvo muy buenos resultados en los barrios más rojos de la ciudad, como La Bolognina, donde superó a los candidatos de la izquierda. De allí, saltó a la región.

En 2016, cuando era jefe del grupo parlamentario de Forza Italia de la región de la Emilia-Romaña, salieron a la luz unas fotos en las que posaba sonriente entre dos banderas: una era una esvástica gigante, la otra era la bandera de la República de Saló, el régimen colaboracionista con la Alemania nazi. En otra, posaba con cara de orgullo vestido con una camisa negra, corbata negra, diversos gadgets fascistas y una cinta con la esvástica en el brazo. “Lo hacíamos para divertirnos”, dijo. Y no pasó nada. Ha sido elegido de nuevo en el parlamento italiano. Y lo ha celebrado recordando la dedicatoria que hizo Meloni de la victoria a los camerati que ya no están, hablando de la “llama del amor patrio”, refiriéndose al símbolo del fascismo que Fd’I tiene como logo. Hay infinidad de ejemplos de políticos claramente fascistas en Fd’I. Uno es Caio Giulio Cesare Mussolini, bisnieto del Duce. Su campaña electoral consistió en carteles y camisetas de color negro con el lema escrito “Mussolini is back” y el logo de Fd’I. ¿Cómo no va a ser una cuestión de fascismo?

Última pantalla: la normalización institucional

Tengo la impresión de que Meloni no ha despertado miedo entre las élites políticas y económicas durante la campaña. Incluso antes de empezar, ya repetía lo mucho que le gustaban la OTAN y Estados Unidos –la patrocina el ala más radical del Partido Republicano–, lo mucho que apoyaría a Ucrania y que no tenía intención de variar la línea económica del gobierno Draghi. Con quien Meloni sí tuvo problemas fue con las facciones más extremas del partido, que la calificaron de “vendida” porque los primeros días de campaña se filtró que metería a tecnócratas en su gobierno.

En realidad se daba por descontado, ya que Fd’I es un partido sin cuadros dirigentes suficientemente formados para ocupar cargos de tanta responsabilidad. Aparte de una decena, que son los mismos desde hace décadas, y que ya fueron ministros de Berlusconi, la formación está llena de personajes con poco autocontrol, muchos con pasado ligado a los años de plomo. Como ha hecho desde sus inicios, se espera que Fd’I pacte con la élite económica puestos de poder en el ejecutivo. No es casual que el presidente de Confindustria, la patronal de grandes industriales, asistiera como invitado a la última fiesta del partido.

Después del primer blanqueamiento de Meloni que le ha permitido ganar, ahora asistiremos al segundo blanqueamiento, el que le permitirá gobernar.
Steve Bannon ya dijo en 2018, en la fiesta de Fd’I, cuánto le gustaba Meloni por su capacidad de parecer menos peligrosa de lo que es, y mostró su convencimiento de que sería “elegida porque aporta una cara racional” a la internacional reaccionaria. Y así, poco a poco, blanqueando a sus herederos, las sociedades occidentales van perdiendo el miedo a la ideología que, en el siglo pasado, por consenso social, se definió como el mal absoluto. El fascismo está siempre al lado del poder. Por esto habrá que combatirlo desde abajo que es hacia donde, como siempre, va a disparar.

 

Comentarios
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Alf   |2022-09-30 13:45:22
solo una mezla de degeneración mental e ignoracia por un a parte, y la
manipulación informativa, puede haber provocado la victoria del fascismo en
Italia
Raúl   |2022-09-30 13:46:33
El fascismo está siempre al lado del poder. Por esto habrá que combatirlo
desde abajo que es hacia donde, como siempre, va a disparar.
ciertamente, y es tremendop que clase mediay trabajadores le voten
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