¡Cuánta borbonidad!

Arturo del Villar

EL enemigo público número 1 del pueblo español, Juan Carlos de Borbón y Borbón, ha decidido poner fin temporalmente a su dorado exilio en Abu Dabi, y regresar a la patria con sus escoltas oficiales pagados por nosotros, para asistir a una regata en su yate acertadamente bautizado como Bribón. Los medios de comunicación especulan con qué día será el del regreso, y si pasará antes o después por Madrid para entrevistarse con su hijo y heredero actualmente reinante sin la participación del pueblo. Este pueblo que no se ha echado a la calle para exigir que en cuanto pise otra vez suelo español sea detenido, encarcelado y juzgado. Y previsiblemente condenado por todas las tropelías cometidas en su corrupto y atroz reinado. Así está el reino. Como lo merecemos. No fuimos capaces de oponernos en 1975 a que se cumplieran las previsiones sucesorias dispuestas por el dictadorísimo que nos tuvo presos durante 36 años, y consentimos que se proclamase rey al designando por él para sucederle al frente del Estado. Entonces fue cuando debíamos haber recurrido a los tribunales internacionales de Justicia, para denunciar que carecía de legitimidad la decisión de un militar golpista genocida, y exigir la convocatoria de un referéndum, como se había hecho en las otras dos penínsulas mediterráneas, en Italia y en Grecia al terminar sus dictaduras. Pero callamos, nos sometimos, aceptamos ser vasallos sumisos, y ahora no tenemos derecho a lamentarnos a estas alturas de la historia.

Nuestro silencio durante los 36 años de criminal dictadura se explica por las represalias atroces llevadas a cabo después de la guerra, y por la continuación del régimen de terror mantenido hasta la muerte por ancianidad del dictadorísimo: murió ordenando asesinar, como lo había hecho en toda su biografía sanguinaria. Se comprende que no quisiéramos ser condenados por los servilones fascistas al fusilamiento o el garrote vil, o a ser tirados por una ventana para fingir un intento de fuga. No se ha juzgado a ninguno de los ejecutores de los crímenes fascistas cometidos por los que juraron lealtad al dictadorísimo y fidelidad a sus leyes ilegales.

LA MONARQUÍA DEL 18 DE JULIO

Eso fue lo que hizo Juan Carlos de Borbón y Borbón para ser designado su sucesor a título de rey. Por ello le sustituyó en dos ocasiones durante sus enfermedades, convirtiéndose así en cómplice de sus actuaciones genocidas contra el esclavizado pueblo español, en su enemigo público. Tuvimos miedo a la Brigada Político Social y al Tribunal de Orden Público, y nadie puede criticarnos por ello, puesto que sabíamos que no serviría de nada un comportamiento heroico, esto es, suicida en esas circunstancias sociales. Durante la dictadura todo fue ilegal, y la Justicia injusta.

Pero van a cumplirse 47 años de la que el dictadorísimo denominó instauración de la monarquía del 18 de julio, por el día de su traición consumada,  para perpetuar su régimen. En este tiempo hemos contemplado en silencio cómo el designado sucesor a título de rey se enriquecía fraudulentamente, hasta reunir unos dos mil millones de euros, según cálculos de la revista especializada Forbes, mediante comisiones impropias.

A pesar de ello hemos tenido que pagar el silencio de algunas de las barraganas más espabiladas de nuestro señor el rey católico, pagándoles los documentos comprometedores que poseían: diez millones de pesetas a Olghina di Robilant, y un sueldo mensual de un millón de pesetas desde 1994 a la conocida por Bárbara Rey, hasta que entregó el material a cambio de 600 millones de pesetas, todo pagado por los fondos reservados de los Presupuestos Generales del Estado. Todavía se mantiene un pleito pendiente en el Reino Unido con Corinna Larsen, a la que regaló muchos millones de euros en dinero y en objetos de adorno. Nos ha costado muy cara la lujuria desenfrenada de nuestro señor el rey católico.

Para más información léanse: Ladies of Spain, de Andrew Morton, Madrid, La Esfera de los Libros, 2013. Reina de corazones. Vida y amores de una aristócrata, de Olghina di Robilant, Barcelona, Grijalbo, 1993. El negocio de la libertad, de Jesús Cacho, Madrid, Foca, 1999. Sobre la relación con la Larsen existen innumerables artículos periodísticos, porque su majestad el rey católico perdió totalmente la escasa racionalidad demostrada hasta conocerla, y ya no se molestó en disimular, hasta el punto de que se ha publicado que estuvo dispuesto a divorciarse de su legítima esposa para casarse con ella, que ya está divorciada de otro.

Hay una muchacha, Ingrid Sartiau, y un muchacho, Albert Solà, que afirman ser hijos adulterinos suyos. Le reclaman se someta a una prueba de paternidad mediante el ADN, a lo que se niega, sin que los jueces osen ordenarla para no molestar su sensibilidad. La Robilant tuvo una hija que se dice es de él, y el hijo parido por la Larsen le llama papá. Con tantas mujeres como ha estuprado, mil quinientas según las estimaciones ponderadas de Morton, es lógico que haya preñado a algunas.

POR UN PARTIDO REPUBLICANO

Este ser vergonzoso es todavía rey de España, aunque decrépito, y cuenta con numerosos seguidores. Las únicas habilidades demostradas hasta ahora en toda su vida de crápula se refieren a su capacidad como regatista, aunque está auxiliado por la marinería en el gobierno del yate, que probablemente él solo hubiera hundido.
Y los medios de comunicación del reino están pendientes de su regreso temporal a la España que ha desprestigiado con sus actuaciones censurables. La verdad es que no podía esperarse otra cosa de un Borbón, en su caso por partida doble, conocida la trayectoria de la dinastía, desde su implantación con el demente furioso Felipe V en 1701. A su locura congénita se unieron después los matrimonios consanguíneos, que convirtieron a los monarcas borbones en piltrafas degeneradas.

Sin embargo, esta circunstancia no exonera a Juan Carlos de su responsabilidad por la decadencia intolerable de su reinado. Han sido 36 años de escándalos, robos y deterioro social en todos los órdenes. Al haberse asentado la principal corrupción en el trono, fue consecuente que los sucesivos gobiernos imitaran las costumbres reales, y se entregaran al robo con delectación. No hubiera podido Juan Carlos I censurar a un jefe de sus gobiernos por aprovechar su cargo para enriquecerse fraudulentamente, porque él era el primer delincuente del reino.

Su propia familia imitó sus costumbres para enriquecerse fácilmente, y así  acabó en la cárcel su yerno Iñaki Urdangarin, que no cometió otro delito que el de continuar la estela marcada por su suegro como comisionista. Y su mujer y cómplice, la infausta Cristina de Borbón, presentada como jefa de la banda para inspirar confianza a sus víctimas, tuvo que sentarse también en el banquillo de la Audiencia, aunque debido a su categoría borbónica quedó absuelta de responsabilidad, una muestra más de la complacencia de los magistrados con la monarquía, en especial con el jefe de la familia irreal, que está considerado constitucionalmente irresponsable. Afirma la Constitución que la Justicia se administra en nombre del rey, pero la verdad es que se corrompe.

Ahora regresa a España para participar en una regata. Probablemente aprovechará el viaje para ultimar algún negocio de los que tan pingües beneficios le reportan. Hará muy bien, porque se lo consentimos. Los más de doscientos grupos republicanos inscritos en el Ministerio del Interior no somos capaces de unirnos para crear un Partido Republicano fuerte, por el momento sin más añadiduras. En su momento se decidirá el modelo de República que parece más conveniente para España en las actuales circunstancias, en marcha hacia la constitucion de la Republica Federal Ibérica, con las nacionalidades españolas y la portuguesa.

De momento lo urgente es asentar la base de ese único y gran Partido Republicano. Mientras sigamos desunidos nadie escuchará nuestras propuestas. En estos mismos días hacemos chistes sobre la vuelta del rey decrépito, pero carecemos de fuerza para organizar una demostración de repulsa, que lo ponga ante los tribunales de Justicia y recuperemos los dos mil millones de euros que ha reunido con sus actuaciones delictivas. Los republicanos debemos unirnos para gritar con una sola voz, como los civiles y militares durante la Gloriosa Revolución de 1868: ¡Viva España con honra! ¡Abajo los borbones!  

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

Comentarios
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leviatán   |2022-05-19 15:02:38
es indecente la propaganda de falsimedia a favor del borbón, como si fuera un
ser inmaculado cuando está completamente podrido
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