AGENDA DE LA NUEVA A-NORMALIDAD: 22 DE AGOSTO 2021 (LXI)

Félix Barroso Gutiérerez

Siempre asocié las hormigas a dos estaciones concretas: el verano y el otoño.  En los meses del estío, se veían por doquier.  Le echaban jeta al asunto y se metían hasta en las mismas parvas y hacinas, con sus acostumbradas filas indias.  Recuerdo a mi abuelo materno, Quintín Gutiérrez Alonso, ciscándose en todo lo alto al verlas invadir el terreno enemigo.  Cogía la escoba que había fabricado con ramas de tamujo (nosotros les decíamos “las tamójas”) y las barría sin piedad.  Decía todo renegado: -¡Jala, pa Verón, qu,esp,anditienéisqu,estal!

Nunca supe, ni mi abuelo tampoco, por dónde caía Verón, pero él se la había oído a generaciones pasadas y nosotros repetíamos lo mismo.  Luego, más relajado, me decía: “La jormiga, polgoloseal, jadidañu, peru, al selcuciosa, moh enseña lo qu,es el trabaju”  (la hormiga, por robar el grano, hace daño, pero, al ser muy laboriosa, nos enseña lo que, en verdad, es el trabajo).  También soltaba algún otro refrán aparente: “Quien farrunga un jormigueru, es un vagu, un malanda o un tramulleru” (quien destroza un hormiguero, es un vago, una persona de mal vivir o alguien que vive de hacer trampas y vivir a costa del prójimo).  Y añadía otro más: “Méntri la chicharra canta, la jormigaarrecogi y guarda” (mientras la chicharra canta, la hormiga recoge y guarda).

Ahora, a finales del agosto, cuando las frutas ya alcanzaban su sazón en el árbol y las hortalizas estaban en su punto, parecían multiplicarse las hormigas.  Estaban por todas partes: trepando por los troncos de todo tipo de árboles y plantas, serpenteando por el suelo, hacían incursiones por las viviendas.  Para evitar que penetraran en las casas, los paisanos las rociaban con vinagre rebajado en agua, ya que las hormigas no aguantan los efluvios que emanan del vinagre y, además, elimina los rastros de olor que utilizan tales insectos para moverse.  Igualmente, se empleaban ramilletes de menta o de laurel, colocándolos por los accesos en que las hormigas invadían la vivienda.  Pero, según nos contaba la gente mayor, la planta más eficaz para que las hormigas abandonaran para siempre la vivienda era la “rúa machuna” (ruda: “ruta gravelens”).  Era preciso cocer la planta y rociar con el caldo los rastros y entradas de estos himenópteros.

La ruda era conocida como la “yerba de las brujas”.  Se pensaba que, en la antigüedad, solo conocían el poder de esta planta las brujas, pues la utilizaban para quitar el mal de ojo.  Pero una vieja espió a unas brujas y se enteró de las virtudes de la ruda.  De aquí que, por la comarca de Las Hurdes, se diga aquello de: “no supun de la vertú de la rúa jasta que nun ripió la vieja lenguaretúa” (no se conoció la virtud de la ruda hasta que no lo contó la vieja lenguaraz).  Para que las hormigas no treparan por los troncos de los árboles, se untaban los troncos con agua de cal, quedando barnizados de color blanco.

La otra estación que asociaba con las hormigas era el otoño, sobre todo a raíz de caer las primeras aguas después del tórrido verano.  Venían auténticas nubes de hormigas aladas, que nosotros les decíamos las “jormigas de la sementera”.  Decían que su aparición era señal de que ya venía la lluvia de camino.  Estas hormigas son fértiles, al contrario que las obreras.  Salen en masa del hormiguero y realizan el “vuelo nupcial”, apareándose en el aire.  Después de la cópula, los machos mueren y caen al suelo.  Las hembras fecundadas marchan a crear nuevos hormigueros.  Recuerdo que, de pequeño, las gallinas andaban sueltas por las calles del pueblo y por el ejido comunal.

Al observar la lluvia de hormigas, se alborotaban y se ponían las botas, no dando abasto con la inmensa y negra parva que cubría el suelo.  Retazos de otro tiempo, menos individualista que el de ahora.  Por ello, no vendría mal que no olvidáremos aquel otro refrán que también corre entre nuestros vecinos con muchas arrugas en la frente: “una jormiga no jadi panera, peru ayúa a la su compañera” (una hormiga por sí sola no llena el granero, pero sí lo llena con ayuda de sus compañeras).  No lo olvidemos en estos tiempos en que los nuevos bárbaros pregonan una “libertad” tendenciosamente individual, la que es la negación de la verdadera LIBERTAD, que no es otra que la capacidad de decidir por sí mismo y de forma solidaria el modo y manera de construir un mundo más LIBRE, más IGUALITARIO y más FRATERNO.
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Pasamos al segundo tramo de la crónica, resumiendo el estado de la pandemia en nuestra región extremeña.  Ayer, domingo, nos despertamos con el rifirrafe entre el consejero de Sanidad y Servicios Sociales de la Junta de Extremadura, José María Vergeles Blanca, y el alcalde de la ciudad de Plasencia, Fernando Pizarro García-Polo.  El consejero, del PSOE advirtió que estudia perimetrar las localidades extremeñas de más de 15.000 habitantes, a los que el alcalde placentino, del PP, respondió que la medida era “una prueba de la permanente improvisación de la Junta de Extremadura”, añadiendo que, hace mes y medio, el propio consejero declaraba que los cierres perimetrales en las grandes poblaciones no eran efectivos.  Tiras y aflojas entre políticos de distintos signos, al igual que entre políticos y la Judicatura.

Y entre tanto, hay que contabilizar otras dos víctimas este fin de semana: una mujer de 93 años, de la residencia de La Pesga, y otra de 74 años, sin vacunar, en el área sanitaria de Don Benito-Villanueva.  Se suman 499 contagios a la lista y la incidencia acumulada en la región se sitúa en 483,65 a los 14 días.  El área sociosanitaria de Plasencia es la más afectada en cuanto al número de casos (119 positivos en las últimas horas.  Tiene 33 pacientes hospitalizados; cinco de ellos en UCI.

Llegan a nuestros oídos innumerables quejas de muchos vecinos del norte cacereño acerca de los botellones que se celebran, tanto dentro como en las afueras de diferentes pueblos, que duran hasta la madrugada, como parece ser que sucede no solo en el resto de Extremadura, sino en todo el país.  Numerosos vecinos de estos pueblos pequeños están soliviantados, ya que refieren que las autoridades saben más que de sobra acerca de estos botellones ilegales y no existe un solo control sobre ellos, pasando olímpicamente y mirando para otro lado.  A este paso –relatan- “tendremos pandemia para rato, pues gran parte de la juventud no se conciencia y los padres se ven incapaces de sujetar a sus hijos”.  Estos jóvenes responden que ellos hacen lo mismo que en Barcelona, Madrid y otras grandes ciudades, a tenor de las imágenes que ven por los medios informativos.  El caos está servido.
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Tramo tercero: entramos en zona roja.  Los que tengan cierto perfil rojigualda, mejor es que no se metan para evitarse sofocos y gastritis, aunque las verdades históricas no tenían que provocar malestar alguno.  Pero ya se sabe, como decía el buen Antonio Machado, aquello de que “en España, de diez cabezas, nueve embisten y una piensa”.  En esta ocasión, nos paramos en la Memoria Histórica o Democrática, pues estamos en unas fechas que son el aniversario del genocidio planificado por los golpistas del 36 para acabar con lo que ellos llamaban la “AntiEspaña”.  Las declaraciones de ese estudiado genocidio se guardan en las hemerotecas.

El 14 de agosto de 1936, los franco-fascistas, apoyados por la Alemania NaZi, la Italia Fascista, la dictadura portuguesa y los 100.000 moros marroquíes que se trajeron como mercenarios, tomaron la ciudad de Badajoz a sangre y fuego.  Las crónicas independientes de aquellos días refieren la orgía de sangre en que se sumió dicha población.  Miles de ejecutados.  Se iniciaba el genocidio.  A sangre y fuego avanzarían por Extremadura.  El 18 del mismo mes fusilaban a Federico García Lorca, todo un símbolo internacional por su obra literaria.  La mayor parte de la intelectualidad española, que siempre fue progresista, tuvo que salir por sus pies hacia el exilio; de lo contrario, ya sabía  lo que le esperaba.

Siguieron tomando pueblos y exterminando todo lo que oliera a “rojo”.  Un 23 de agosto, tal como hoy, no era lunes, sino domingo en aquel año de 1936.  Aún hay gente que lo recuerda, pues eran chavalillos o zagalones.  Gente que, hoy, pasó de las 90 primaveras.  Dos camionetas aparcaron en la plaza de Santibáñez el Bajo, el pueblo donde este columnista vio las primeras luces.  En ellas venían algunos de los pistoleros fascistas que más se movieron por los septentriones extremeños.  Toda una pandilla de psicópatas, camuflados tras una camisa azul (la mayoría no era ni siquiera falangista, sino militantes de la CEDA -Confederación Española de Derechas Autónomas- o de conversos que vieron en tal prenda su tabla de salvación).

Podríamos dar varios nombres y apellidos de los verdugos, pues bien los conocían algunos de los que estaban en las listas negras para ser ejecutados.  Entre ellos, destacaban los cabecillas Julio o Julián García Albarrán, alias “Chiripa”, que había sido elegido presidente de la comisión gestora para regir los destinos del Ayuntamiento de Ahigal, y Vicente Sánchez Blanco, alias “El Meón”, de Zarza de Granadilla y jefe de una partida de milicias parafascistas.  Fueron detenidos y maniatados 22 vecinos, entre ellos, cuatro mujeres.  El alcalde, Mateo Cabezalí Calvo, primo hermano del padre de este articulista, y todos sus concejales, pertenecientes al Frente Popular; el presidente de la Casa del Pueblo y otros que eran señalados como gente de izquierdas.  Ningún mal habían hecho a nadie.  Su delito, ser rojos y republicanos.

La plaza, según los muchos testigos, entre ellos varios de los que iban a ser ejecutados, con los que hablé en su día, era todo un hervidero.  Los parientes de los fallecidos desgarraban con sus gritos la tarde del domingo.  Pero, de pronto, se presentaron allí don Fulgencio Corrales Martín, hijo del lugar y médico titular, aparte de ser el presidente provisional de la comisión gestora nombrada por los franquistas, y don Rufino García Flores, párroco del pueblo y natural de Casillas de Coria.  El médico portaba una pistola; el cura, la escopeta de caza.  Se hizo un tremendo silencio.  Don Fulgencio se adelantó y puso la pistola en la sien de Julio García Albarrán.  Don Rufino, encañonó con la escopeta a Vicente Sánchez Blanco.  El médico, que hacía las veces de alcalde, ordenó, de forma taxativa, desatar a los detenidos y marcharse por donde habían venido a los facinerosos, advirtiéndoles que no se les ocurriera volver a pisar el pueblo, por la cuenta que les tenía.  Salieron a escape, con el jopo entre las patas.

Los encausados no volvieron a ser molestados.  Don Fulgencio realizó altas gestiones y el pueblo no fue represaliado.  Solo sería ejecutado miserablemente Máximo Patrocinio Cabezalí Moreno, pero vivía en la localidad de Salorino, de cuyo Ayuntamiento era secretario.  Fue un látigo fustigador contra los terratenientes y caciques de la comarca de Alcántara y no se lo perdonaron.  “Patro”, como era conocido en Santibáñez, también era primo hermano de Mateo Cabezalí Calvo y de mi padre, Justiniano Barroso Cabezalí, que entonces solo tenía siete años.  Patro fue condenado a muerte en una farsa de juicio y fusilado en Cáceres el 7 de diciembre de 1936.  Todas las gestiones para librarlo de la última pena fueron en balde.  La totalidad de los vecinos de Santibáñez firmaron varios pliegos testificando a su favor.  Dejó viuda y tres niños de corta edad.

Sirvan las líneas que hoy hemos traído al periódico E.P. para reavivar la memoria de algunos y dejar firme testimonio de unos hechos totalmente reales y verificables.  Por desgracia, no todos los pueblos contaron con personas que arriesgaron sus vidas para evitar la terrible represión de los sublevados contra la República.  La mayoría del clero estaba del lado de los golpistas, pero no era el caso de don Rufino.  Y escasísimos fueron los presidentes de las comisiones gestoras nombradas por los fascistas que se enfrentaron a los matones de camisa azul.  Don Fulgencio sí lo hizo.  Por ello, en el año 1984, siendo alcalde el regionalista Eloy Gutiérrez Montero, se honró la memoria de estos dos héroes, en un entrañable acto que congregó a todo el pueblo.

Leandro García Rodríguez, que fue primer teniente de alcalde con aquel Ayuntamiento del Frente Popular, y Doroteo Gil Blanco, concejal del mismo consistorio, a los que conocí ya en su tercera edad de la vida, estaban orgullosos de ser republicanos y de izquierdas.  Los dos me dieron detallada información de aquellos aciagos años y me emplazaban a dar conocer tales sucesos, para que las nuevas generaciones no los olvidasen y supieran honrar la memoria de quienes lucharon por una España republicana.  Una España donde la Justicia Social fuera su seña de identidad y se terminaran las enormes desigualdades que imperaban, y siguen imperando, en ese país, al que los herederos ideológicos de la barbarie han vuelto a lomos de sus jamelgos apocalípticos.
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Después de este épico, glorioso y patriótico (no patriotero) relato, ya solo nos queda llamar a nuestros poetas, por ver con qué poemas nos regalan los oídos hoy.  Ismael Carmona García nos trae el poema “Maleta”, de su poemario “Pan i Verea”, donde, en sus solo trece versos, nos pinta un “orizonti sin luna ni tierra, sin sol ni cielu”.  Mucho penar de noche y mucho sentimiento romántico camuflado entre sus estrofas.

—MALETA—
Me queannamásena faldiquera
larga verea i orizont
i sin luna ni tierra, sin sol ni cielu.
Del mi aginaeruhagucamino
5 cuya longuramidi lo mesmu
que las cosas que no pueinmedil-si.

Me hieri la hienda i se hundi
pondi se vei i se sienti.
Rexostroneupaí el mi hondón,
10 que ora es tierra baldía.

Orihoscu, arrecuca-mi.
Desque ora ain días, espenucanochi,
quandutu.

¿Qué nos trae nuestro “Poeta de la niebla”?  Pues parece que se olió lo de las hormigas de nuestro primer tramo de esta crónica.  Abandona, por el momento, su desgarrado romanticismo, y no brinda el poema “Formicidae”, de su poemario “Mis Pinchos y Flamantes Bichos”.

FORMICIDAE

Calculan biólogos expertos en el tema
que, en el planeta Tierra, se pueden contabilizar
hasta diez mil billones de hormigas.  ¡Ya son billones!
Un millón de ejemplares por cada uno de los seres racionales
que andamos con dos pies por calle y carretera.
No irán descaminados.  Harto estoy de ver
innumerables filas indias, en verano y primavera,
de hormigas que alteran geografía abriendo serpenteante senda
entre broza y pastizal, ora verde, ora color siena.
Hormigas negras o, tal vez, negras y rojas.
Una tras otra, sin darse un respiro, trabajando de forma agotadora.
Jamás se cansan.  Laboran a pecho descubierto
y muchas caen a diario en la lucha por la vida.
Mis botas procuran sortear espesa hilera,
pero me abstraigo con mis versos, y mis suelas
se suman al conjunto de verdugos.  Imposible evitarlo.
Tampoco las pueden esquivar las vacas, los burros, las cabras, las ovejas
y los modernos motores que aturden campo y dehesa.

En internado de escolapios, nos proyectaron La Humanidad en peligro.
Su director, Gordon Douglas.  Miedo grande
ante gigantescas hormigas.  Ficción no se vuelva realidad.  No lo creo.
Son mis amigas y solo de mis casillas me sacan hormigas rojas,
irritándome la piel con sus ácidos fórmicos
si oso invadir tronco grisáceo de la higuera,
donde ella es dueña y señora y golosea del higo y de la breva.








Comentarios
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Pitusa   |2021-08-27 13:23:16
Terrible fue lo que las tropas, sobre todo legionarios y moros, y pistoleros
fascistas perpetraron por los pueblos extremeños. Si salía alguien en defensa
de los condenados sin juicio y como se describe en el artículo del pueblo de
Santibáñez el Bajo, era muy posible que se libraran de la ejecución, pero en
la mayoría de los pueblos el poder establecido por los franquistas dejó hacer
y se llevaron a cabo ejeciones sumarias que dejaron ríos de sangre por toda
Extremadura.
Argantonio   |2021-08-27 13:44:07
En mi pueblo sin ir más lejos hubo dos o tres pistoleros fascistas, conocidos
por todo el mundo; no prepararon ninguna en su propio pueblo, pero en otras
comarcas cercanas se pusieron las botas pegando tiros en la cabeza. Cuando
acabó la guerra uno de ellos llegó a ser alcalde nombrado a dedo por el
gobernador civil, como era lo suyo no había democraicia y a los alcades y
concejales los nombraban los gobernadores franquistas; otro de ellos lo hicieron
secretario de la Hermandad, son su sueldo correspondiente, y a un tercero lo
colocaron de guarda forestal. Ese fue el premio por haberse prestado a
asesinar a pobres gentes que no habían hecho mal a nadie; solo los mataban por
odio y por no pensar igual que ellos.
Batuequillo   |2021-08-27 13:50:06
De mi familia asesinaron a un tío-abuelo mío, que era un joven muy listo y se
marchó de la comarca de Las Hurdes a Plasencia, donde prosperó y llegó a ser
concejal de esa ciudad por el Frente Popular. Fueron a su casa a por él y
sabemos bien que fueron falangistas del mismo Plasencia, cuyos nombres todavía
los conocen los placentinos mayores, que saben porque lo oyeron contar muchas
veces o porque todavía quedan testigos nonagenarios, que los cargaban en la
camioneta y los iban a asesinar en la dehesa de la Berrozana o en la del
Almendral. Los guardeses contaban que, en más de una ocasión, los cerdos
sacaron brazos o piernas todavía con carne en los huesos de los que asesinaron
y enterraron malamente en los barrancos de dichas fincas. Crímenes por los
que nadie pagó y nadie fue juzgado, los verdugos se fueron muriendo en la cama
por desgracia.
Carnitoro   |2021-08-27 13:55:29
Los paisanos de izquierda de Sntibáñez el Bajo se libraron gracias a dos
personas humanitarias, que arriesgaron su vida por defender a sus vecinos.
Pocos casos como estos se vieron en los pueblos en aquellos años en que los
fascistas pretendían acabar con media España, como aún pretenden algunos
militarotes y espadones españoles, jaleados por partidos como VOX y mucha gente
del PP; todo por no haber depurado las instituciones y por eso salen espadones
echando discursos genocidas y lo peor de ello es que no se toman medida alguna
para taparles la lengua. Ya se sabe que cuando se siembran vientos solo se
recogen tempestades. Pero algunos es lo que desean, volver otra vez a las
andadas.
Nuria   |2021-08-27 14:00:19
En tiempos de la cosecha es verdad que había y hay hormigas por todas partes,
están por todos los lados, pero también es verdad que todo lo que tienen de
trabajadoras lo tienen de ladronas, porque bien recuerdo que había que estar
siempre pendientes de las parvas ya que venían por cientos a llevarse el grano
y había que barrerlas a escobazos con las escobas de púas, pero por la noche
volvían a hacer de las suyas, no paraban ni de día ni de noche. Me pregunto
si estos insectos no descansan nunca, porque algunas veces por la noche he
sacado la linterna y siendo ya noche cerrada y las he visto que siguen en fila
india acarreando trozos de hojas y de tallos y otras menudencias del campo a sus
hormigueros.
Tanasia   |2021-08-27 14:05:23
Las hormigas se parecen a los japoneses, que disfrutan trabajando y casi no
cogen vacaciones porque dicen que se aburran sin hacer nada, pero al menos los
japoneses se echan en la cama por la noche aunque la verdad no se cuántas horas
suelen dormir por término medio. Las hormigas son infatigables y se ayudan
las unas a las otras, deberíamos aprendar algo de ellas, sobre todo ahora en
esta modernidad que nos trajeron y donde cada cual va a lo suyo y les importa un
rábano lo que les pase al prójimo. Yo, como emigrante, he echado mucho de
menos la solidaridad que existía en nuestros pueblos, donde las casas siempre
estaban abiertas para todo el mundo y lo poco que teníamos se lo ofrecíamos a
quien lo necesitaba; cosa esta que no he visto en mi mundo de la emigración,
donde la gente nada más pensaba en ganar dinero y en consumir y consumir y ser
más que el vecino. Poco aprendieron de las hormigas, cuando estuviero...
Tío Celedonio   |2021-08-27 14:11:16
A culatazos sacaron de mi pueblo a gente que era de izquierdas, incluidos
menores de edad y mujeres. Fueron unas partidas de canallas donde estaba lo
"mejorcito" de esta parte de Extremadura, los más sinvergüenzas, que
incluso antes presumían de ser de izquierda y que, en cuanto les vieron las
orejas al lobo se encasquetaron la camisa azul y se cambiaron de bando; también
había guardias civiles e incluso algún cura que llevaba la pista colgada de un
cinto en la sotana. Hicieron una escabechina terrible, sin que nadie hiciera
nada por impedirlo, la gente estaba atemorizada y nadie se atrevía a levantar
la voz. Por ello, cuando leo el artículo del señor Barroso, me digo que qué
suerte tuvo su pueblo al tener dos personas, un médico y un cura, que se
enfrentaron a los asesinos y les hiceron largarse por donde habían venido, sin
que en el pueblo se represaliara a nadie.
Caballo Loco   |2021-08-27 14:17:02
Qué triste y penoso debió ser para los familiares de los asesinados el ver
día tras día en muchos casos a los asesinos de sus padres, abuelos, maridos o
hermanos, y también en otros casos de madres, hermanas y otros parientes,
porque aparte de llevar el dolor dentro, eran considerados como apestados,
porque sabemos que en muchos pueblos incluso los que habían colocado por
maestros, que en muchos casos no eran maestros de carrera sino fieles servidores
del franquismo que sabían las cuatro reglas y cuatro cosas más, trataban a
hostias a los hijos de los rojos y republicanos e instaban a los otros alumnos
incluso a que les escupieran en la cara. Debió ser muy doloroso por todo lo
que he oído contar, como para que ahora parientes de los asesinados voten o
tengan cargos en partidos que no han condenado la dictadura y que la ensalcen en
cuanto se brinda la primera ocasión.
Erriqueerri   |2021-08-27 14:22:09
Si contáramos casos de familiares que fueron sometidos a vejaciones por los
pistoleros franquistas y otros que eran como ellos, no acabaríamos. A mi
bisabuela paterna, a la que llamaban "Tía Dora la de la tahona", la
pelaron al cero, igual que a otras vecinas, haciéndole una cruz con la
maquinilla en mitad de la cabeza, luego la olbigaron a beber aceite de ricino y
tuvo que salir paseando por el pueblo con el brazo levantado, junto con otras
cuatro o cinco vecinas, Como el aceite de ricino hacía su efecto, se iban
cagando,hablando pronto y mal, por sus piernas abajos. Obligaron a los vecinos
a salir a sus puertas para verlas desfilar. Toda una ignominia y que nadie haya
pagado por ello.
Ojos Añiles   |2021-08-28 13:01:56
Cuando venían las hormigas de la sementera, que aguantaban poco tiempo volando
y enseguida caían a tierra, los muchachos del pueblo salíamos con un cubo y
las íbamos metiendo en él, las cogíamos a puñados y luego se las echábamos
de comer a las gallinas y pavos que teníamos en el corral. Las devoraban con
ansias; seguro que era su plato preferido y estaban esperando todo el año a que
llegara el otoño. Dicen que las hormigas tienen muchas proteínas y que es su
consumo también podrían llevarlo a cabo los humanos, pues no son dañinas sino
todo lo contrario, muy saludables. En algunas tribus perdidas de nuestro mundo
las han consumido desde siempre.
Garrovillano   |2021-08-28 13:05:32
Dicen que la ley prohíbe hacer botellones en nuestros pueblos. Me pregunto,
¿por qué los alcaldes de nuestros pueblos, que se entienden que son los
responsables del orden público, lo permiten a sabiendas de que se están
haciendo en los parques o cualquier otro rincón del pueblo hasta altas horas de
la madrugada? Si lo saben, porque en los pueblos pequeños se sabe todo,
entonces están prevaricando, permitiendo una ilegalidad siendo conscientes de
que no la deberían permitir. Así ahora la pandemia ha cobrado nuevos bríos,
a causa de todos esos botellones celebrados en agosto, cuando nuestros pueblos
extremeños duplican o triplican su población.
Pepe Sarmiento   |2021-08-28 13:09:58
Oí contar en mi pueblo muchas veces, cuando ya llegó la democracia, que
algunos cabreros y pescadores vieron cómo los fascistas arrojaban por los
puentes del Tajo a los pobrecillos republicanos. Se cuentan por docenas los
que serían arrastrados por las aguas y sus restos acabarían en el océano
Atlantico. La gente sabía quiénes eran los sicópatas que asesinaban por el
mero hecho de asesinar, llevados por la política del odio. La gente que los
vieron y conocieron tuvieron luego que convivir con esos asesinos que encima
gozaban de auténtica inmunidad y tenían cargos en el Ayuntamiento. Debieron
ser terribles los años 40 en este país.
Celia la Roja   |2021-08-28 13:18:59
Nunca supe en mi casa que a un tío-abuelo mío lo habían arrastrado con unas
mulas por las calles del pueblo y luego cuando estaba medio muerto lo dejaron
tirado por la noche en una plazuela, vinieron esa misma noche un par de
siniestros personajes, que no eran del pueblo, y se lo llevaron en una
camioneta. Cuentan que lo tiraron a una mina en Valverde o en Eljas. No supe
nada de ello porque el miedo que acobardaba a mis familiares les impedía abrir
la boca. Solo me enteré cuando ya era mayor de edad y porque me lo contó una
vecina. ¿Cómo es posible que durante tantos años hayan aterrorizado a
nuestros pueblos y los responsables hayan quedado impunes? ¿Por que los que
iniciaron esta falsa democracia que tenemos ahora no tomaron medidas contra esos
crímnes de lesa humanidad? Por ello, nuestra democracia será falsa mientras
no se limpien aquellos crímenes y ciertos partidos que aún no los condenaron
no se...
Carabinero   |2021-08-28 13:25:24
Soy nieta de un carabinero extremeño que sirivió fielmente a la República y
fue asesinado por los franquistas, después de hacerle mil perrerías antes de
matarlo. Sé quiénes fueron. Solo vive uno, con 101 años en la actualidad.
Mi abuela se quedó con seis hijos, el mayor de 14 años, sin ningún medio de
subsistencia, tuvieron que salir adelante como pudieron. Una hija pequeña
murió por desnutrición. ¿Quiénes nos han pagado todos esos tormentos?
Nadie, absolutamente nadie. Los verdugos vivieron como reyes. Pero nosotros,
los nietos, no olvidamos ni perdonamos y pedimos que nuestra democracia rechace
de plano a todos esos partidos que no aceptan el juego democrático porque son
unos canallas fascistas que quieran volvernos otra vez al teimpo en que
asesinaban a nuestros abuelos.
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