AGENDA DE LA NUEVA A-NORMALIDAD: 15 DE AGOSTO DE 2021 (LX)

Félix Barroso Gutiérrez

Los días del estío, como estos del mes de agosto que estamos atravesando, con una infernal ola de calor que ha llegado con retraso, pero no por ello nos ha dejado de azotar con su jopo rojísimo y ardiente.  Dándonos con un canto en los dientes por encontrarnos en los septentriones cacereños, donde la calorina, al menos, se suaviza por las noches y podemos dormir a pierna suelta.  Más abajo, geográficamente hablando, en la penillana Extremadura y las tierras andaluzas, el mercurio se dispara tanto que el agobio sudoroso abate a los paisanos.

En las primeras horas de la tarde de estos días agosteños y de prácticamente todo el verano, el pueblo se sumía en un profundo silencio. Hablamos de tiempos que se fueron para no volver.  Era la hora de la siesta.  Nos obligaban, siendo muchachos, a quedarnos en casa, para evitar que fuéramos a dar la lata a los vecinos, madrugadores como ellos solos y que tenían todo el derecho a recuperar sueño perdido.  Pero mi rebelde persona, contando ya con doce o trece años, se escapaba por la puerta de atrás y, calándome el “chaperu” (sombrero), me salía por esos trigos de dios y del diablo.  Caminaba por sendas polvorientas, sorteando jaras y pisoteando crujientes pastizales, lívidos por la mordida del sol.

Atrás quedaba la terrosa aldea, sepultada en la hoyanca de la siesta.  Solía sentarme bajo copuda y recia encina y, desde tan rústico trono, divisaba el enrarecimiento lechoso del entorno, debido a la neblina producida por la reverberación del sol.  Pero pese a las plúmbeas calmas de tales horas, la vida seguía a mi alrededor:hormigas yendo y viniendo;mariposas revoloteando en el zarzal; atezados coleópteros, cual carros blindados en miniatura, trepando y bajando por enanas lomas; milanos planeando en lo alto; pajarillos multicolores desgranando pentagramas en ramas de quercíneas y moscas, muchas moscas y moscones zumbando, pegajosos, en inasible vacío, con sus pelúcidos élitros.

Otras veces, junto con otros cuatro zangones, buscábamos, con morbo, la compañía de un vecino, solterón, al que llamaban Jacinto, aunque su verdadero nombre, era Enrique.  Cerrada barba entrecana, abiertos y escocidos ojos, boina apolillada y panas con olores a monte.  Nos juntábamos, huyendo de la solanera, bajo una higuera centenaria, en un huerto situado en la margen izquierda del arroyo de “La Juenti” o de “Las Clavellínas”.  De Jacinto se decía en el lugar que le cogió “un mal airi” y no “andaba mu entonau”.  Pero era buen amigo mío y me contaba muchas cosas de otros tiempos y ciertos secretos escondidos en los rincones más recónditos de aquel pueblo de moleñas y pizarras.  Me daba mucha pena cuando venían, desde Plasencia, señores de bata blanca, en su búsqueda.  El cielo se abría en enorme zigzag de tajadura al oír romperse, en angustioso grito, tenso delirio de cuerdas vocales.  ¡Y cómo retumbaban los desgarros en la muda modorra de la siesta!

Pasaron aquellos tiempos y dieron en endurecerse nuestros esqueletos.  Bien creo que a alguno de mis hemisferios cerebrales lo fue amansando el propio peso de los años, aunque mi rebeldía innata todavía se resiste al sopor de las siestas agosteñas.  Si acaso, solo un planchado de oreja sobre canapé, mientras televisión, sin voz, continúa emitiendo documentales de la selva.  ¿Acaso traspasé ya ciertos límites y me agarra, con sus garras, la arpía que, sádica, picotea en epidermis y ahonda y agranda arruga y cacarañas?  De angustia me aspa la paz de la siesta, preludio, tal vez, de herrumbrosas paces que, a la fuerza, nos van careando hacia el prado abismal de la nada.
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Como cosa acostumbrada en esta columna, damos un galopante repaso a la situación pandémica en nuestra comunidad autónoma.  Desgraciadamente, hoy, 15 de agosto de 2021, se ha registrado el fallecimiento de cinco mujeres, un dato escalofriante, pues desde el 22 del pasado febrero no había ocurrido una cosa igual.  Todo un retroceso en el control de la pandemia.  Tres de ellas han fallecido en residencias: Azuaga, Madroñera y Pescueza, con 98, 86 y 90 años, respectivamente.  Las otras dos no estaban vacunadas; una en Don Benito, de 82 años, y otra, de 55 años, del área sanitaria de Plasencia.  Se contabilizan 18 fallecimientos en lo que va de agosto y 1800 desde que se inició la pandemia.  Hay 107 pacientes hospitalizados y 18 se encuentran en UCI.  Dos nuevos brotes: uno en Siruela y otro en Badajoz.
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Emprendemos, ahora, las retuertas sendas, enfangadas y pedregosas, de la sociopolítica.  En esta ocasión, vamos a hablar de nuestros periódicos, tanto digitales como en papel, bien fuere regionales o, tan solo lejanamente nacionales y a meterle democráticamente el dedo en el ojo a algún que otro paisano o a alguien que pasaba coyunturalmente por aquí.  Esperemos que no se le ponga conjuntivítico.  Sabido es que cierta prensa, siguiendo, con toda seguridad, el perfil que les marca la línea editorial que les llega de las altas esferas, se ha ido derechizando después de cierto aperturismo que conllevó los años de bonanza.  Manda quien manda y ocurre no solo aquí, sino en Tegucigalpa y en Pekín.

Esa derechización no quiere decir que los periodistas de las diferentes plantillas de los periódicos que, claramente, se han escorado hacia la diestra, sean todos de derechas.  Ni mucho menos. Ellos tienen que defender el pan de sus hijos y aguantar carros y carretas.  Pero de lo alto de la pirámide llegan órdenes de colocar en puestos claves a quienes son “más adictos al Régimen” (conste en acta que no me refiero a ningún régimen en particular).

Todo ello lleva a que siempre tengan más cancha los columnistas y opinadores que empatizan con los elevados designios de los “lobbys” periodísticos que mueven los hilos tras bastidores.  De esto sé algo, pues he sido columnista, articulista y opinador (cartas al director) en diferentes medios.  Mi rebeldía, el no tener pelos en la lengua y el no callarme ante nada ni ante nadie, fue razón más que suficiente para que ciertos censores sacaran su espada flamígera y me arrojaran a la puñetera calle.

Gracias a que nunca he vivido del sueldo de escritor, sino de mi nómina pedagógica.  Dicho lo cual, me da un poco por donde la espalda pierde su honesto nombre que ciertos individuos, que incluso pueden ser abogados y cualificados técnicos de la Administración, nacidos en esta tierra bellotera, puedan airear en cierta prensa el orgullo familiar de su ascendencia franco-fascista.  Lo de “franco” por ser sumisos lacayos del franquismo y voceros convencidos de la necesidad de un golpe de Estado el 18 de julio de 1936 y de una guerra civil y una represión genocida que todavía tiene bajo la tierra, fuera de los camposantos, a más de 120.000 españoles, asesinados por pensar de forma diferente.  Lo de “fascista” porque fueron leales, a conciencia, con un régimen totalitario, donde las libertades brillaban por su ausencia y se asesinó impunemente hasta que el sátrapa Francisco Franco tuvo la suerte de morir en la cama, cosa que no sucedió con todos aquellos a los que su mano encallecida vilmente por la pluma condenó a ser ejecutados.

Las cartas u otros tipos de escritos que envían estos señores jactanciosos de su saga familiar son publicadas en lugares destacados de estos periódicos que un día sí fueron adalides de la libertad de expresión y tuvieron directores que, en plena etapa democrática, estuvieron a la altura de las circunstancias.  Firmas de diferentes manos publicamos en ellos.  No se nos quitó un punto ni una coma.  Hasta que llegó el “Tío Paco” con la rebaja.  Ancha es Castilla para dar cabida a las cartas que reescriben la Historia y lavan la cara de los colaboradores, por acción u omisión, de la dictadura canallesca.  Pero no se te ocurra acogerte al derecho de réplica si osas contestar a alguna de esas cartas que ensalzan la tiranía, porque tus prosas van a parar al cesto de los papeles.

Blanquear el rostro de los que, conscientemente, con vanagloria, presumen de haber sumado sus fuerzas y sus mentes para que triunfara un golpe de Estado y se implantara una dictadura en nuestro país, es horadar los cimientos de nuestra democracia.  Sépanlo bien quienes les dan campo libre en las páginas de los medios que dirigen y que, encima, se enorgullecen de no ser prensa amarillista y panfletaria.  Acatar órdenes emanadas de dioses de carne y hueso que se encuentran en el firmamento y que buscan socavar nuestros valores democráticos, suponen, por activa por pasiva, devolvernos a los tiempos del oscurantismo y de caras al sol, más implacables aun que los rayos abrasantes de los soles que nos flagelan en estas fechas agosteñas,
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Sin tiempo que perder, llamamos a gritos a nuestros poetas.  Ya acuden a sacarnos de los caminos encenagados.  Ismael Carmona García nos regala un precioso poema en LENGUA ESTREMEÑA (con S aspirada).   Aires sentimentales embargan sus versos, con el poso y el trasfondo de guerras tebanas, que son todo un guiño a la Antigüedad Clásica, como no podía ser por menos en un profesor de Latín y Griego.

—ENTERRÍA TEBANA—
Ananpola mi sangri
sangrijuelas que son
los recuerdus de ti
que contri más en ellusparu,
5 más el cuerpu se concaleci.

La sangri, que nelpuertu
del coraçóns’estrumpi
contra los rompiolas,
calefateanavisd’esperança,
10 que no son botás por nengúnarriscauAquileu
Corri parsimoniosa
por venas renegrías
de tantu que t’odiavan,
cola solenidá el sol que amaneci
15 el día en que s’espera
vitoria en una guerra.

Sangría, sangría, sangría!
Que caiga sangri en açafatiprata;
regai con ella la senara
20 de quien provocó tantu mal,
á si assinaveiabarbal dela tierra
el frutubotu que azei las entrañas
que antañu las creíva puras.

[82] Te veuel’alma aburría
25 comutristi higuera
que no da ducifrutu
en el calorosuveranu.

Sienta-ti a velcrecelbaxu las nuvis
escuras de Teba maldita
30 al iju dela mi entisnásangri
i dela tu empercuíaessistencia.
(Del poemario: “Pan i Verea”)
El “Poeta de la Niebla” cambia de poemario, pero siguen desfilando los versos amorosos.  Un encuentro en Marrakech, donde la obsesión por el azul continúa pesando sobre los versos.  Seguramente, los ojos añiles de la amada convierten en azul todo lo que tocan.

AZUL INTENSO

En esta muerte que se me encaramó
sobre hombros de mi muerte,
también me asalta el fuerte
bastión donde mi memoria quedó
a salvo (nunca inerte)
romántico recuerdo que me hirió
por dentro y aún sangre vierte.

Me llegó sin saber de qué ribera:
si de mar o de río.
Mi loco desvarío
se prendó de tatuaje en tobillera
y de aquel que, sombrío,
buscó la oreja y se orilló a su vera.
Maestría en trono y en tronío.

Todo el intenso azul del universo
Confluía en su pupila,
que a veces era lila
si a derechas no construía bien el verso.
Angelical esquila
creí oír de lejos.  Mas fui Sansón converso
y fue ella mi Dalila.

Recuerdo aquel té con hierbabuena.
Marrakech era zoco
multicolor y loco.
Y yo, aún más loco, me bebí en la cena
a sorbos, poco a poco,
todo el té de sus labios.  ¡Ay condena
amarga!  ¡Ay añil foco

de sus ojos, terribles ojos!  Manos
suyas…  ¡Ay de sus dedos!:
siempre buscando enredos
con los míos.  Dedos para teclear pianos.
Capeando por los ruedos,
mordiendo prohibida fruta de manzanos.
Jamás tabúes y miedos.
(Poemario: Desde la nada)



Comentarios
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Aniette   |2021-08-16 14:45:41
¿Quién tiene el dinero que mueve los periódicos? Pues las grandes fortunas
que son dueñas de los lobbys periodísticos. O sea, gente rica. ¿A quién
vota la gente rica y qué ideales defiende? Pues a la derecha, que es la que
arropa al libre mercado capitalista, importándole un pimientos las personas,
sino tan solo las ganancias. Hay excepciones honestas, pero hay una gran
mayoría de panfletos amarillistas que envenenan nuestra democracia.
Riquitio   |2021-08-16 14:49:57
Los que hablan de forma repugnante sobre las personas que hemos comido lagartos,
que eran toda una fuente de proteínas para la clase jornalera y el pequeño
campesinado, no saben respetar las culturas culinarias de los diferentes
pueblos. Seguro que son gente que nunca les ha faltado de nada y siempre han
tenido el estómago lleno. Pero bien que se relamían los ricos, como dice el
articulistas, con el lagarto en salsa verde en el restaurante del hotel Alfonso
VIII de Plasencia, que es un sitio lujoso, donde no iban ni van las clases bajas
porque no tienen poder adquisitivo para ello.
La Atalaya   |2021-08-16 14:54:46
Personalmente, yo he vivido en mis carnes el ser expulsado de un medio
periodístico porque el director me llamó a capítulo y me dijo que si quería
seguir de columnista, tenía que suprimir TRES ERRES: la R del rey, la R de
república y la R de rojo. O sea, que no podía atacar la figura del Rey
Fugado, ni podía lanzar vivas a la República ni me podía mostrar como Rojo en
mis artículos. Le dije que se metiera esas TRES ERRES por donde pudiera y me
largué. No le llamé fascista porque me daba pena de caer tan bajo. Era un
miserable.
Aurora Roja   |2021-08-16 14:58:24
A raíz de morirse el dictador Franco, muchos periódicos quisieron
congratularse con el pueblo y se pusieron de la noche a la mañana el sayal de
izquierdas, como para que les perdonáramos culpas pasadas, pero en cuanto se
vieron que las derechas también llegaban al Gobierno volvieron a sus orígenes
y hoy son periódicos ultraconservadores, con continuos guiños a la derecha y a
la ultraderecha, sin cortarse ni un pelo. Son los periódicos, que como las
zorras, cambian de pelo pero no de mañas.
JURDANA   |2021-08-16 15:04:07
Pues don Ismael he leíu la su poesía y no sé entavía a qué vieni esa
palabra del títulu, la de 'enterría' y sigu sin saberlu si usté no me la
esprica, Ya entiendu que anda usté dolíu pol algunus amoris que se le
torcierun y que más o menus andan a la greña, cumu cuandu aquellas guerras de
los espartanus y los griegus, que d,esu sabi pol lo que vengu viendu, bastanti y
quieru que le jaga güen provechu y siga jateándunus con muchas más puesías.
En lo que al Pueta de la niebla se refiere, a cambiau de cantal; c,agora ya no
son sonetus, que es otra composición con otra cara, peru me gusta pol juera y
pol drentu.
Mazaroco   |2021-08-16 15:09:11
Cinco muertos más por la pandemia el pasado domingo en Extremadura. La cosa no
tiene bromas. Esta mañana hablaba con un paisano mío, que es médico y ha
venido a pasar al pueblo la segunda quincena de agosto. Me ha dicho claramente
que la falta de concienciación de la gente, que en cuanto bajan las cifras de
contagios se cree que todo el monte es orégano, las actuación de los
políticos y de los jueces, que no se aclaran entre ellos, dará lugar a que
haya varias olas más a este paso y lo peor, según me ha dicho, es que salga
cepa contra la que no puedan nada las vacunas y entonces será el apocalipsis
por no haber tomado medidas contundentes. Al tiempo.
Lucas   |2021-08-16 16:47:58
La siesta nos tacaba pasarla a muchos en el verano, siendo mozos, a la sombra
de las hacinas. Como teníamos el cuerpo machacado de tanto trabajar, caíamos
redondo sobre el duro suelo, por lo menos recuperamos el sueño perdido por los
madrugones que te pegas en los veranos, trabajando de jornaleros para los amos,
que te hacían levantar casi de noche para ir a regar la huerta y luego, en
cuando despuntaba el sol a la trilla. Ahora ya los cuerpos están más
descansados y muchos se pasan la siesta en las terrazas de los bares, jugando la
partida, aunque ahora con la pandemia menos.
Caballo Loco   |2021-08-16 16:52:07
Cuando éramos ya unos mozalbetes, aunque teníamos el cuerpo machacado de las
trallas que nos metían en el campo, no queríamos siesta y como ya en el mes de
agosto iban los sandiales bien maduros, nos juntábamos tres o cuatro y bajo
todo el calor de la siesta, que calentaba de lo lindo, nos íbamos adonde había
plantadas sandías y melones, que los conocíamos bien las tierras y los sitios,
y hacíamos la carga, pero procurando no hacer daño, por lo que recorríamos
varias huertas, luego, con el saco a cuestas, turnándonos,escondíamos la carga
en el pajal de algunos de nuestros padre, así teníamos fruta para gosolear
algunas noches, después de la cena, cuando nos juntábamos en corroblas.
La Palmira   |2021-08-16 16:58:34
Buena descripción de la siesta, sí señor, pero del que no se la echaba en
la cama sino que se iba a recostar en el troncón de una encina, viendo cómo
el mundo seguía moviéndose a través de los insectos o yendo bajo una higuera
en compañía de un vecino de los que no faltaban en los pueblos, como en todas
partes, y que se les tenía por tontos o por locos, cuando a lo mejor los
tontos y los locos éramos nosotros. Tiempos que ya los enterraron los días
que vinieron después, pero que tenían cierto encanto rústico, cosa que por
desgracia ya han perdido nuestros pueblos y todo es más artificial, menos
auténtico.
Nuria   |2021-08-16 17:06:06
Mis hermanas y yo, cuando éramos niñas, tampoco queríamos siesta y la
pasábamos en el corral que estaba detrás de la casa, donde estaban los burros,
el cochino de la matanza y los conejos; las cabras regresaban al anochecer,
cuando venía el cabrial del común de la dehesa. Nos entreteníamos en coger
algún conejo y acariciarlo. Intentábamos jugar con él, pero enseguida se nos
escapaba y se escondía entre los montones de pasto del corral o entre los
muchos aperos que había allí. También estaban las gallinas, a las que a
veces les arrancábamos entre siesta alguna pluma y nos las poníamos en el
pelo, como las indias que veíamos en las películas de la tele en blanco y
negro.
Paleto   |2021-08-17 00:56:11
Más claro, agua, porque es manifiesto que los periódicos que permiten cartas,
artículos y columnas que son todo un blanqueo del golpe de Estado del 36, de la
guerra civil y de sus criminales autores, están subvirtiendo los cimientos
democráticos y son responsables de ello. Ahora bien, si todo ese blanqueo
entra dentro de esa "libertad" que pregonan las derechas y que muchos
jueces así lo consideran porque son de sus mismas ideas, que nadie diga que
estamos en una democracia plena, pues es un cínico.
Paleto   |2021-08-17 00:56:15
Más claro, agua, porque es manifiesto que los periódicos que permiten cartas,
artículos y columnas que son todo un blanqueo del golpe de Estado del 36, de la
guerra civil y de sus criminales autores, están subvirtiendo los cimientos
democráticos y son responsables de ello. Ahora bien, si todo ese blanqueo
entra dentro de esa "libertad" que pregonan las derechas y que muchos
jueces así lo consideran porque son de sus mismas ideas, que nadie diga que
estamos en una democracia plena, pues es un cínico.
Paleto   |2021-08-17 00:56:18
Más claro, agua, porque es manifiesto que los periódicos que permiten cartas,
artículos y columnas que son todo un blanqueo del golpe de Estado del 36, de la
guerra civil y de sus criminales autores, están subvirtiendo los cimientos
democráticos y son responsables de ello. Ahora bien, si todo ese blanqueo
entra dentro de esa "libertad" que pregonan las derechas y que muchos
jueces así lo consideran porque son de sus mismas ideas, que nadie diga que
estamos en una democracia plena, pues es un cínico.
Paleto   |2021-08-17 00:56:25
Más claro, agua, porque es manifiesto que los periódicos que permiten cartas,
artículos y columnas que son todo un blanqueo del golpe de Estado del 36, de la
guerra civil y de sus criminales autores, están subvirtiendo los cimientos
democráticos y son responsables de ello. Ahora bien, si todo ese blanqueo
entra dentro de esa "libertad" que pregonan las derechas y que muchos
jueces así lo consideran porque son de sus mismas ideas, que nadie diga que
estamos en una democracia plena, pues es un cínico.
Solano   |2021-08-20 13:27:39
Efectivamente, que mi bien me sé el nombre y apellidos de un abogado cacereño,
alto cargo de la Administración extremeña, que cada dos por tres está
inundando un diario regional en papel, de derechas y de la antigua Editoriial
Católical, con cartas que son todo un ensalzamiento del antiguo régimen
dictatorial, justificando el apoyo al golpe de Estado del 18 de julio de 1936
por parte de sus ascendientes biológicos o políticos, apoyo que se exteiende
igualmente a los 40 años de dictadura y de su inquina contra el Gobierno de la
nación y la izquierda en general, le dan cancha en ese periódico pero no así,
como estoy bien enterado, a los que le replican, cuyas cartas son tiradas a las
cloacas.
Argañero   |2021-08-20 13:33:03
Una vez en mi vida se me ocurrió enviar una carta al periódico que creo que es
el mismo que se cita en el comentario anterior a juzgar por las señas. Era
sobre la apropiación indebida de un huerto que pegaba en las traseras de la
casa del cura de mi pueblo; la apropiación indebida la realizó la propia
Iglesia, con el consentimiento del último Ayuntamiento franquista. Entonces yo
era estudiante de Químicas. Jamás me la publicaron. Solo publican los
periódicos de derechas, por regla general, aquellas cartas que defienden sus
intereses editoriales.
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