La católica guerra santa

Arturo del Villar

EN estos días calificados de santos por la Iglesia catolicorromana, por oposición a los del resto del año, que para ella deben de ser paganos, ante el parón de la vida social lo mejor que puede hacerse es leer libros piadosos que nos confirmen en nuestras creencias. Es lo que he hecho hoy, releyendo un volumen ejemplar, titulado Le Christ chez Franco, en el que Raymond Alcolea recopiló importantes documentos publicado en libros y revistas, que demuestran la implicación de la Iglesia catolicorromana en la guerra española a favor de los militares monárquicos sublevados. Fueron traducidos al francés por Rolland—Simon, y el volumen se imprimió en Villiers—le Bel para la prestigiosa editorial Denoël en 1938, con 234 páginas. No he podido encontrar lectura más piadosamente edificante  para esta semana santa de confinamiento obligado, que traducir estos documentos.

Empieza relatando que el prepósito general de la Compañía de Jesús, Wlodimir Ledokowski, intervino activamente en la propaganda contra la República Española. Se dirigió a los superiores nacionales de la orden, recomendándoles poner gran celo en la difusión de noticias favorables a los rebeldes, y les remitió traducciones de la Carta colectiva del Episcopado español en sus respectivos idiomas, para que las difundieran entre sus feligreses (páginas 16 y 17).

En relación con la Carta recuerda que el cardenal Isidro Gomá, arzobispo de Toledo y primado de España, se dirigió el 15 de mayo de 1937 a todos los obispos españoles, para comunicarles que el dictadorísimo jefe de los sublevados deseaba una declaración de la Iglesia a su favor, y les pedía le hicieran llegar su opinión. El 7 de junio les anunció que toda las respuestas recibidas eran afirmativas a ese respecto, como cabía esperar de aquella tropa tan bien aleccionada, por lo que les enviaba ya las pruebas de imprenta con la Declaración colectiva redactada por él, para que la firmasen (páginas 16 a 19).

Este escrito constituye la entrada en la guerra de la Iglesia catolicorromana, a favor del bando sublevado. Es falso lo que continúan propalando sus jerifaltes, acerca de la neutralidad mantenida durante el conflicto. Además de difundir profusamente esa criminal carta en sus templos de todo el mundo, convocando a una cruzada contra la República Española para exterminar a sus partidarios, recaudaron dinero en esos mismos templos para dárselo a los fascistas, y les ayudaron en los aconteceres diarios, por ejemplo ocultando armas y municiones en las sacristías. Y la secta nunca ha pedido perdón por haber cometido esas fechorías.

Gomá acudió al Congreso Eucarístico celebrado en Budapest en 1938,  y aprovechó el viaje para mantener reuniones con otros obispos, principalmente sudamericanos, a los que aleccionó sobre el sentido de la guerra española según su criterio. También habló públicamente en defensa de los rebeldes, un tema que no parece fuese nada eucarístico (páginas 19 a 22).

MUERTOS BUENOS Y MALOS

Cuenta Alcolea que Manuel, arzobispo de Burgos, dirigió una carta pastoral a sus feligreses en la cuaresma de 1937, en la que anunció la excomunión de todos cuantos favoreciesen de alguna manera a los masones, incluidos los curas vascos, que a su parecer lo eran (páginas 23 a 25).
Reproduce las declaraciones hechas por el obispo de Canarias al diario La Libre Belgique el 8 de noviembre de 1936, en las que aseguró cristianamente: “El general Franco dirige una guerra santa, una cruzada tan digna de nuestra admiración como la de san Luis para la liberación de Jerusalén”, refiriéndose al rey Luis IX de Francia, que no liberó a Jerusalén y murió santa pero estúpidamente, por lo que no parecía un ejemplo digno de ser imitado, como no fuera por la buena intención (páginas 25 y 26).

El Boletín Oficial del Obispado de Vitoria insertó el 1 de marzo de 1938 una autorización del administrador apostólico de la diócesis, Lauzurica, aceptando que los curas predicasen en euskera en los lugares en donde la población no entendiera el castellano. El general Martínez Anido, ministro de Orden Público, redactó una nota, publicada en los medios de comunicación de los sublevados el día 7, aclarando que tal autorización contravenía su orden prohibiendo el uso del euskera, por lo que debía considerarse nula y prohibido cumplirla (páginas 40 a 42).

En enero de 1937 la prestigiosa revista francesa Esprit dio a conocer una relación de cura vascos fusilados por los rebeldes con la habitual acusación de ser independentistas. Se relacionan sus nombres y situaciones en las páginas 44 a 53 del volumen. El 6 de noviembre el dictadorísimo ordenó a los militares rebeldes que no fusilaran a más curas, porque hasta los catolicorromanos se hallaban escandalizados ante aquella depuración genocida. No obstante continuó la persecución contra los considerados independentistas. Al tomar Bilbao el 19 de junio de 1937, se ordenó al vicario general de la diócesis, Antonio María Pérez Ormazábal, partidario de la rebelión, que deportara a otras diócesis conquistadas a 1.300 curas “indeseables” por su ideología. 

MÁRTIRES Y RÉPROBOS

Resulta extraño que la Iglesia catolicorromana, que no para de declarar santos a tantos “mártires de la cruzada”, no haya tenido en cuenta a los curas vascos fusilados por los rebeldes. Para el Vaticano los únicos “mártires” fallecieron en la zona leal, mientras los fusilados en la conquistada mere-cían la muerte violenta que les proporcionaron los militares monárquicos.

A la hora de hacer santos los rebeles no aguardaron ni siquiera a que terminase la contienda, según ellos cruzada contra los infieles. El Diario de Navarra publicó el 15 de junio de 1937 una delirante crónica en la que e exaltaba la muerte en accidente de aviación del exgeneral Emilio Mola, el director de la rebelión, acaecida el día 3. El cronista aseguró que llevaba “la más sublime de las embajadas; la embajada de España ante el reino de Dios. […] Y ahora está encargado de regir España desde lo alto de los cielos. Ha formado un ministerio celeste, presidido por él, en el que figuran españoles ilustres, héroes y mártires de santidad probada: Calvo Sotelo, Goded, Sanjurjo y Fanjul” (páginas 95 y 96).

En el disparatado enardecimiento de la “cruzada” se superaron hasta las blasfemias más abracadabrantes, como el credo compuesto por el cura Isidoro Rodríguez Álvarez, ejemplo de un culto a la personalidad del dictadorísimo que iba a hacerse común a lo largo de la interminable posguerra. Sin embargo, nada podía igualar la profanación perpetrada por el cura Rodríguez: “Creo en Franco, hombre todopoderoso, creador de una España grande […] Hijo del pueblo, vivió con el pueblo […] padeció bajo el poder tiránico de Azaña; fue atormentado por los miembros de un gobierno despótico y sectario […]  creo en el perdón de los arrepentidos de corazón; en la resurrección de los antiguos oficios organizados en corporaciones y en la tranquilidad duradera. Amén” (página 97.)

Hasta aquí llegué, y en el “Amén” me detuve, porque como ejemplo de lectura piadosa adecuada para la llamada semana santa ya es suficiente. Está probado que Cristo fue sometido en la zona sublevada a las mayores avilanteces, con la aprobación de la jerarquía eclesiástica en todos sus estamentos, desde el cardenal primado de España hasta el párroco del más humilde pueblo perdido.    
ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

Comentarios
Añadir nuevo
Nombre:
Email:
 
Título:
Código UBB:
[b] [i] [u] [url] [quote] [code] [img] 
 
 
:angry::0:confused::cheer:B):evil::silly::dry::lol::kiss::D:pinch:
:(:shock::X:side::):P:unsure::woohoo::huh::whistle:;):s
:!::?::idea::arrow:
 

3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."

 

El Bueno

EL FEO

EL MALO

UNO QUE PASABA POR AQUI