Los gringos son así

Arturo del Villar

PARECE haber escandalizado a los medios de comunicación de masas el asalto al Capitolio en los Estados Unidos de América, en la tarde del 6 de enero de 2021, por unos vociferantes deseosos de impedir el relevo en la presidencia de la nación. Han roto puertas y ventanas para entrar, y una vez dentro han allanado los despachos, destruido archivos y robado cuanto quisieron. No se comprende la sorpresa de los informadores, porque los gringos se han comportado siempre así, bárbaramente, dentro y fuera del país, porque para eso son la potencia más poderosa en armamento del mundo.La multitud asaltante obedecía las consignas del todavía presidente Donald Trump, que no acepta el resultado negativo para él en las elecciones del 3 de noviembre, y asegura sin pruebas contra toda evidencia que ha habido fraude en el recuento de los votos.

Con sus gritos animó a sus partidarios a impedir el relevo en la presidencia, y ellos obedecieron la consigna a su manera, a lo bestia, que es la manera habitual de tomar las decisiones los estadounidenses. Muy complacido con las escenas retransmitidas por los medios de comunicación, Trump dijo a sus partidarios que los amaba.

Una congresista asustada aseguró ante el micrófono de un periodista: “¡Esto no es Estados Unidos!” Claro que lo es. En Estados Unidos se resuelven las disputas por la fuerza bruta. Continuamente recibimos noticias de hombres desarmados, preferentemente negros, muertos por los policías ante una sospecha de atentado imposible. A consecuencia de ello se organizan altercados callejeros, en los que unos incontrolados destrozan comercios, queman automóviles y agreden a viandantes, y así se entretienen varias noches hasta que se cansan y abandonan el juego y la juerga.

La denigrante palabra linchamiento deriva del apellido del coronel Charles Lynch, por una decisión arbitraria que tomó en Virginia en 1780, durante la guerra de la independencia de los Estados Unidos. Unos acusados de ser partidarios del colonialismo británico fueron absueltos por el jurado, lo que contrarió a Lynch, quien animó a los espectadores a ahorcarlos. Es la conocida como ley de Lynch, modelo de arbitrariedad antilegal practicada especialmente durante la colonización del llamado Salvaje Oeste, un episodio brutal en la historia de los Estados Unidos de América, aunque es preciso reconocer que nos ha proporcionado grandes novelas y películas. Entre Lynch y Trump no hay más diferencia que el peinado.

Los gringos imponen su ley según les place. Así lo han hecho siempre y quieren continuar haciéndolo, y lo harán porque nadie se atreve a llevarlos ante los amaestrados tribunales internacionales de Justicia. Cuando les parece conveniente invadir un país extranjero lo hacen, aplicando la doctrina del big stick, en castellano garrotazo, enunciada por el presidente Theodore Roosevelt el 2 de setiembre de 1901, sin que nadie le contradijese.

El día en que a los Estados Unidos les peta invadir una nación soberana para imponer su ley, es decir, colonizarla y apoderarse de sus materias primas, lo llevan a cabo impunemente, porque poseen más garrotes y armas nucleares y marines bien entrenados para matar. Antes inventaban una disculpa, como sucedió en Cuba en 1898, para sustituir el desde luego denigrante colonialismo español por el suyo, mucho más violento y permanente, pero ya no se molestan en exponer un motivo, sino que invaden porque lo quieren así, como hicieron en Vietnam o más recientemente en Irak. Entre Roosevelt y Trump no hay más diferencia que las gafas.

Los estadounidenses afirman ser la democracia más completa de la historia, superior a la ateniense, aunque lo cierto es que sus actividades represivas dentro y fuera de sus fronteras confirman que ignoran el sentido de la palabra democracia. Uno de sus dos grandes partidos políticos se llama Demócrata, pero es tan belicista cono el Republicano. La sociedad estadounidense es anómala, incomparable con cualquiera otra existente. Es el actual Imperio, el más agresivo de cuantos se han sucedido en la historia, y el más terrorífico, ya que posee la capacidad de destruir el planeta.

Esa agresividad se demuestra en cualquiera de sus actos cotidianos. El asalto al Capitolio por una turba arengada por el presidente de la nación es uno de tantos capítulos violentos de su historia. Esa turba está avalada por los 74.223.744 votos obtenidos por Trump en las elecciones celebradas el 3 de noviembre. Si propone a sus partidarios asaltar un país lo harán también, y lincharán a quienes pretendan impedirlo. Es que los gringos son así, y los demás contemplamos cómo imponen su voluntad.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

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