Nuestro señor el rey es valiosísimo

Arturo del Villar

CON la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2021 hemos podido confirmar que los españoles disfrutamos de un rey valiosísimo, tanto como para tener un salario de 248.562,36 euros anuales. Si lo comparamos con el salario mínimo interprofesional, consistente en 13.300 euros anuales, comprobamos que nuestro señor el rey católico Felipe VI de Borbón cobra tanto como 18,75 vasallos, por el ímprobo trabajo de recibir las cartas credenciales de los embajadores, de presidir desfiles y otros acontecimientos militares, y de leer en las inauguraciones de congresos y cualquier otro tipo de eventos los discursos que le preparan los escribas oficiales, sin necesidad de encaramarse en un andamio ni de manejar maquinaria peligrosa.

Ante este dato oficial replican los monárquicos que también los presidentes de las repúblicas tienen asignado un sueldo. Es cierto, pero solamente los presidentes, no sus familiares. Por el contrario, en los Presupuestos de la Casa Irreal para 2021 figuran una asignación de 136.701,36 euros también anuales para la reina consorte nuestra señora a la que afectuosamente llamamos la Leti, y otra asignación para la reina decrépita Sofía de 111.854,88 euros igualmente anuales.

Y todavía nos salen baratos este año, debido a que nuestro señor el rey católico privó el 15 de marzo de 2020 a su bimillonario padre el rey decrépito Juan Carlos I de Borbón de la asignación que hasta entonces tenía fijada en los citados Presupuestos. Tomó la decisión al hacerse públicas las cuentas de que disfruta en varios paraísos fiscales, nunca declaradas a la Hacienda Pública de su reino, porque él afirmaba ser el primer español, pero el dinero se lo confiaba a los bancos extranjeros. En los anteriores Presupuestos ascendía a 198.845,10 euros, una miseria en comparación con lo que obtenía por cualquiera de las comisiones en las que intervino de una borbónica manera decisiva, persuasiva, incisiva y lucrativa. Se ha quedado sin asignación, pero sigue siendo el rey nuestro señor, para general escándalo de los vasallos sumisos.

Las cifras consignadas se les ofrecen de manera directa a los receptores. A ellas hay que sumar lo que se destina en el Ministerio de Defensa para el sostenimiento de la Guardia Real, tan vistosa y bien entrenada. Los gastos en seguridad presupuestados con cargo al Ministerio del Interior, esos seres parecidos a armarios roperos que nos apalean en las manifestaciones, incluidos también los escoltas desplazados a Abu Dabi para guardar las espaldas del rey decrépito. El Ministerio de Asuntos Exteriores se encarga de cubrir los gastos derivados de los viajes oficiales de la familia irreal. El amplio Ministerio de Hacienda, que según el eslogan aceptado somos todos, tiene a su cargo el Parque Móvil del Estado al servicio de la familia. El Ministerio de la Presidencia atiende las pagas de los funcionarios ocupados en facilitar las comodidades inherentes a tan altos cargos para el desempeño de su tranquila vidorra borbónica. Y a Patrimonio Nacional le toca cuidar todos los bienes oficiales del Estado puestos a disposición de la familia para su uso y disfrute.

Es la única familia del reino a la que no inquieta el encarecimiento de la vida, puesto que la tiene resuelta, e incluso la tumba en el panteón del monasterio de El Escorial. No le afectan los incrementos en los precios de los alquileres de las viviendas, ni los gastos inherentes a su utilización, como la luz o el agua; tampoco los altibajos en el coste de los seguros o de los carburantes, o en los diversos medios de transporte colectivo, ni el de los alimentos incluidos los vinos de marca, ni los salarios de los empleados a su cargo, nada, en fin, relacionado con el dinero, máxima inquietud de los vasallos que nos preguntamos cómo llegar a fin de mes con cierta esperanza, porque para su majestad católica no existen los fines de mes, sino únicamente el de año porque debe hacer el esfuerzo de leer un mensaje ante los medios de comunicación de masas, para explicar que todo marcha prudentemente bien en su reino y todavía irá mejor, porque el pueblo español se crece en las dificultades, etcétera.   
De modo que sí, Hacienda somos todos, unos para pagar impuestos y otros para cobrarlos, dos maneras diferentes de encarar el mismo caso, según unos luzcan el exclusivo apellido Borbón y otros todos los demás vulgares habidos en este reino. A eso se le llama democracia.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

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