Francia debate la libertad de expresión

Arturo del Villar

LA República Francesa se encuentra en debate permanente, desde que el pasado día 16 de octubre de 2020 un islamista degolló en la calle, ante el colegio en que daba clases, a Samuel Paty, por haber mostrado durante unas explicaciones sobre la libertad caricaturas del profeta Mahoma. Es una secuela del atentado sufrido por la revista parisiense Charlie Hebdo el 7 de enero de 2015, en el que murieron doce personas y fueron heridas once más, por haber publicado las caricaturas consideradas ofensivas para su religión por los islamistas.

Este 16 de noviembre se han dado a conocer dos opiniones valiosas a este respecto. La primera por Emmanuel Macron, presidente de la República Francesa, en la revista Le Grand Continent, editada por el Grupo de Estudios Geopolíticos. Quiere dejar claro que no iguala a todos los seguidores de Mahoma, según esta traducción: “Se ha visto a una parte del mundo musulmán, que ha intimidado a la otra, tengo la obligación de reconocerlo, diciendo: ‘Lo único que tienen que hacer es cambiar su derecho.’ Esto me ofende. Francia no va a cambiar su derecho porque ofenda a algunos.”

La ofensa ha ido más lejos, puesto que en varios países de  religión musulmana se han continuado las manifestaciones contra la República Francesa y contra Macron, acusándoles de ser racistas y supremacistas, que odian al Islam. En hogueras callejeras se quemaron juntas banderas francesas y fotografías del presidente. Estos acontecimientos han hecho meditar así a Macron: “No nos dejemos encerrar en el campo de quienes no respetan los derechos y diferencias. Es un falso proceso y una manipulación de la historia. Por eso el combate de nuestras generaciones en Europa será un combate por nuestras libertades. Porque están a punto de ceder.”

Esta última afirmación, dicha por uno de los principales dirigentes de la política europea, debe inquietarnos, ya que alerta sobre el fin, o al menos la transformación, de los valores considerados hasta ahora inmutables en la civilización occidental, amenazados de aniquilación. Quizá nos encontremos ante un nuevo rapto de Europa, esta vez sin mitologías, sino con intereses mucho más poderosos.

El mismo día fue entrevistada la exministra socialista Ségolène Royale, en la cadena televisiva CNews. Sus declaraciones han provocado una gran polémica, iniciada inmediatamente, por referirse a los medios de comunicación, implicados directamente en el tema. Han indignado a parte de la opinión pública francesa, en estos últimos días muy sensibilizada por los luctuosos acontecimientos sucedidos, que desea evitar puedan repetirse, y ciertas opiniones pueden inducir a imitarlos.

Se mostró partidaria de la libertad de expresión con matices. Cuando alguien dice “Creo en, pero” es que no lo cree verdaderamente, porque una creencia firme no tolera cortapisas. Y es lo que le sucede a la exministra socialista: “Libertad sí, pero la libertad no es el derecho de hacer cualquier cosa. Hay derechos y deberes, entre ellos la fraternidad. ¿Qué es esta fraternidad? Es la prohibición de ofender, de humillar, es la toma en consideración del sufrimiento ajeno.” Esas palabras han sido censuradas por algunos comentaristas, alegando que en ninguna legislación francesa existe la prohibición de ofender, un concepto nuevo que ella pretender incorporar.

Respecto al tema objeto de todos los debates, el de la publicación de caricaturas de tipo religioso expuso su opinión personal: “Algunas caricaturas de Mahoma publicadas en Charlie Hebdo, en particular las pornográficas, son insultantes. No soy partidaria de prohibir las caricaturas, pero comprendo que algunos se sientan insultados, incluidos los musulmanes que no son totalmente integristas ni radicales. Tienen de su parte el derecho, es su libertad.” De modo que “No quiere prohibir, pero”, luego está claro que sí tiene intención de recomendar la prohibición.

Ella no es partidaria de prohibir nada a nadie, pero comprende la ira de los creyentes islamistas integristas a consecuencia de la publicación, por considerarse insultados en su fe. Algunos oyentes de la entrevista han deducido que la exministra defiende el derecho de los creyentes a utilizar la violencia contra quienes ofenden sus sentimientos. Para ella es una manifestación de su libertad. Lo que sucede es que esa libertad de la conciencia particular de cada persona anula la libertad de expresión colectiva garantizada en todos los países democráticos, y esa colisión de intereses parece, desde el respeto a la democracia precisamente, que no debe resolverse mediante el asesinato del acusado de blasfemia contra las creencias ajenas. La libertad comunal tiene que prevalecer sobre las libertades particulares.

Las declaraciones de Royale dan la razón a Macron. Las libertades se hallan en conflicto en Europa, y están causando muertes. Parece que se han reproducido las guerras de religión que creíamos superadas hace siglos.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

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