El Osario, de Picasso, cumple 75 años

Arturo del Villar

LA guerra movió a Pablo Picasso para denunciar su horror, en dos cuadros excepcionales semejantes en la ejecución, como lo eran en la inspiración: Guernica, pintado en 1937 para denunciar la destrucción de la villa foral por la aviación nazi, colaboradora de los militares monárquicos sublevados contra el pueblo español, y Osario, realizado en 1945 para expresar la muerte de una familia en su hogar, a consecuencia de un bombardeo durante la segunda guerra mundial.

Ya que está de aniversario, al cumplir 75 años de su creación, es una buena oportunidad para recordar este cuadro, hermano menor del Guernica, y menos conocido que él, pero de una intensa emotividad y de una belleza trágica, a tono con el tema retratado. Está pintado al óleo y carboncillo sobre lienzo, mide 190,8 por 250,1 centímetros, y se expone en The Museum of Modern Art de Nueva York, conocido abreviadamente como el MOMA. Es monocromático, de enorme economía colorista, ya que basa todo su efecto sobre el espectador en el espanto de la destrucción representada.

UN PINTOR FEROZMENTE REALISTA
Siempre estuvo Picasso atento a reproducir en sus obras asuntos relacionados con la miseria humana en sus múltiples facetas, desde sus inicios como pintor en 1897: enfermos, pobres, locos, bebedores en tabernas de mala muerte, prostitutas, tristes artistas circenses, y otros semejantes, demostrativos de su interés por una realidad que no había atraído a los artistas, debido a que disgustaba a sus clientes, reyes, nobles y altos eclesiásticos hasta el siglo XIX, y después burgueses adinerados despreciativos de los parias sociales a los que preferían ignorar.

En cambio, Picasso deseaba reproducir ese aspecto de la sociedad precisamente para mostrarlo a esos burgueses displicentes, y hacerles ver con todo realismo una faceta del mundo incómoda para su tranquilidad. Sus etapas calificadas de azul y rosa, por los colores predominantes en los cuadros pintados a comienzos del siglo XX, elevan la miseria al nivel del arte.

Esa ideología fue la que le animó a ofrecerse a la República Española desde su proclamación, para la que realizó el Guernica, y a ingresar en el Partido Comunista Francés en octubre de 1944, a los pocos días de la liberación de París. Conocedor de la ayuda que la Unión Soviética había dado a la República Española, y del papel protagonista que sostuvo en la lucha contra las potencias nazifascistas desencadenantes de la guerra mundial, así como del valor demostrado por los militantes comunistas, lo mismo en la España en armas que en la Francia resistente, creyó su obligación ingresar en el partido que mejor representaba sus ideales sociopolíticos.

Y desde esa circunstancia personal pintó el Osario entre febrero y mayo de 1945, para denunciar él también los que Goya en su tiempo llamó los Desastres de la guerra, ya que la historia de la humanidad se compone de una sucesión de conflictos bélicos destructores de vidas y civilizaciones.    

UN ESCENARIO DESOLADO

Desde luego, no es una pintura amable, que pudiera adquirir un burgués para adornar una sala de su casa. La parte central se halla ocupada por un montón de cadáveres mezclados, una amalgama de cuerpos destrozados, caras, brazos y pies en una confusión de pesadilla. Hay una mesa al fondo, cubierta con un mantel y sobre la que se encuentran objetos que por sí solos podrían constituir una naturaleza muerta, trazada mediante un dibujo lineal, un esbozo esquemático para no distraer la atención de los espectadores al dejar todo el valor de la pintura en los cadáveres.

La escena ofrece una interpretación literaria. Reproduce la cocina de un hogar en la que se encontraba una familia, cuando cayó una bomba que destruyó aquel momento apacible. Es una alegoría de lo sucedido en Europa, cuando la locura imperialista nazifascista invadió ciudades y naciones pacíficas, no preparadas para resistir un ataque con armas de destrucción masiva. Podemos suponer que ahí yace una familia sorprendida durante una comida, sin armas ni interés bélico. La desolación es total, no queda ningún vestigio de vida. Todo por el afán de dominio de unos dictadores animados del deseo de engrandecer los territorios bajo su mando, con la incorporación de otros a los que someter a esclavitud, siguiendo una costumbre ancestral por lo menos desde los tiempos faraónicos en Egipto.

Entre los cuerpos se alza un brazo que tiene la mano con un resto de atadura. Parece estar pidiendo un socorro que no llegó, porque la pre-sentada fue la muerte. Sin embargo, trasciende el momento de la pintura, y nos obliga a pensar a nosotros, espectadores de cualquier otro tiempo, en el horror de la barbarie bélica instigada por el imperialismo colonialista. Es así porque en nuestros días se suceden guerras locales, motivadas por las mismas pretensiones de los nazifascistas en el segundo tercio del siglo XX. Es que la naturaleza humana muy a menudo es inhumana.

EL REALISMO IDEALISTA

Este cuadro se mostró al público por primera vez en febrero y marzo de 1946, formando parte de la exposición titulada “Arte y resistencia”. Se celebró en el Museo de Arte Moderno de París, organizada por el Partido Comunista Francés, como un homenaje a los resistentes que tuvieron una heroica actuación durante el período de ocupación nazi.

Algunos críticos de arte han comentado, seguramente con mala intención, que Picasso no siguió los moldes del arte socialista recomendados por la Unión Soviética para los artistas. Es cierto. La aportación principal de Picasso a la historia del arte universal se encuadra en sus variaciones dentro de la vanguardia, a partir del cubismo que él inició en 1907 con un óleo convertido en icónico, Les Demoiselles d’Avignon. Hasta entonces cultivó el realismo más exigente, pero desde ese año se entregó a una pasión revolucionaria capaz de incidir sobre el devenir de la historia del arte universal, cosa que solamente estaba al alcance de su genialidad.

Del realismo socialista dedicado a copiar con exactitud escenas cotidianas, pasó a inventariar lo que podemos calificar como realismo idealista, consistente en reproducir una idea mediante un método real. En tal sentido comprobamos que Osario es un cuadro realista, en el que aparecen descoyuntadas las figuras humanas para explicar los efectos de un bombardeo causado por una guerra. El resultado es más efectista de lo que pueden ser las espantosas fotografías de los campos de exterminio nazi. La cámara fotográfica capta una realidad tal como es en su exactitud, mientras que el artista la interpreta al reproducirla idealmente concebida por su sensibilidad acuciada por lo que contempla.

Ese realismo idealista fue perfectamente comprendido por los espectadores, lo mismo en las escenas de barbarie inhumana, como el Guernica o el Osario, que en los retratos: el artista no copiaba en ellos las facciones físicas, sino los impulsos espirituales característicos de una personalidad. Precisamente porque era un gran artista creador.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

Comentarios
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Raúl  - MIGUEL BOLZ FDEZ DE VELASCO   |2020-10-25 14:20:31
BOLZ CABRÓN-COME MIERDA-FASCISTA-MUERTO HAMBRE, LA TRAGEDIA DE GUERNICA
SUCEDIÓ PORQUE HIJOS PUTA CRIMINALES NAZIS, COMO TU PADRE HELMUT
BOLZ, BOMBARDEARON COBARDE Y CANALLESCAMENTE LA CIUDAD VASCA, PARA
HACER PRÁCTICAS DE BOMBARDEO
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