Los muertos comparecen en el Congreso

Asociado a un partido que ha practicado el terrorismo

de Estado, financiando escuadrones de la muerte

LA moción de censura contra el Gobierno de Perico Sánchez, secretario general del falso Partido Socialista Obrero, ha sido más bien una emoción pasajera. El censor Santiago Abascal quería lograr su promoción como líder de la derecha desde su grupo Vox, y para ello intentó crear una conmoción entre los escasos diputados presentes en el hemiciclo, leyendo 857 nombres de personas que, según dijo, murieron a manos de ETA, mientras sus mínimas huestes escuchaban respetuosamente en pie.

En pie de guerra, por supuesto. Para él los únicos fallecidos durante esos años que algunos llaman de la transición son los que murieron por la mano de ETA.

Sin embargo, allí estaba sentado y atento el vicepresidente segundo del Gobierno de coalición, Pablo Iglesias Turrión, líder del grupo Podemos, el mismo que el 2 de marzo de 2016 acusó públicamente a Felipe González, secretario general del falso Partido Socialista Obrero, de tener el pasado manchado de cal viva. Aludía así al secuestro, tortura, asesinato y entierro en cal viva de los jóvenes nacionalistas vascos José Antonio Lasa Aróstegui y José Ignacio Zabala Artano, a manos de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL).

Esta organización terrorista fue creada el 29 de abril de 1983 por orden de José Barrionuevo, ministro del Interior en el Gobierno presidido por el citado Felipe González. Por ello Iglesias declaró solemnemente que su grupo nunca podría pactar nada con el falsamente llamado socialista. Una declaración con fecha de caducidad a los cuatro años, porque en este 2020 ambos grupos políticos se hallan totalmente compenetrados en la tarea de destruir la economía, la sanidad, la educación y, en una palabra, la sociedad española.

El 28 de octubre de 1982 el falso Partido Socialista Obrero, en el que no militaba ningún socialista y mucho menos un obrero, obtuvo la mayoría absoluta en las elecciones generales. Su padrino Felipe González afirmó después que no sabía nada de lo que hacían los componentes de esa honorable compañía para financiarse, con una frase que dio lugar a muchos chascarrillos: “No he recibido ni un duro ni una peseta, ni de Flick ni de Flock.” Por una vez dijo la verdad, ya que recibió un millón de marcos del consorcio alemán Flick, antiguo colaborador del nazismo, condenado en Nuremberg.

Tampoco se enteró de las órdenes dadas por su ministro del Interior para crear los GAL, una sociedad secreta destinada a combatir en Francia, mediante la puesta en práctica de la conocida como guerra sucia, a los nacionalitas vascos exiliados. Su primera actuación criminal tuvo lugar el 16 de octubre de 1983, consistente en el secuestro de Lasa y Zabala en Bayona, en donde se hallaban tramitando la petición de asilo político, al estar perseguidos por las fuerzas gubernamentales españolas a causa de su ideología nacionalista. Después continuaron cometiendo otros delitos, sin que el padrino de la mafia sociata se enterase de lo que sucedía en el país que gobernaba, según su confesión increíble.

Los secuestradores trasladaron a Lasa y Zabala al cuartel de la Guardia Civil en Intxaurrondo, en donde los sometieron a tortura para que dieran nombres y direcciones de otros exiliados. Alcanzaron tanta crueldad los “interrogatorios” que quedaron sus cuerpos impresentables. Con la intención de hacerlos desaparecer los llevaron a un paraje solitario de Busot (Alacant) y los enterraron en cal viva, que destruye la carne, pero no los huesos.

Debido a ello sus restos fueron hallados en enero de 1985, lo que permitió una investigación que dio lugar a una sentencia de la Audiencia Nazional, dictada el 27 de abril de 2000, por la cual fueron condenados el general de la Guardia Civil Enrique Domínguez Galindo, el teniente coronel Ángel Vaquero, los guardias civiles Enrique Dorado y Felipe Bayo, y el gobernador civil de Gipuzkoa Julen Elgorriaga. Recurrida la sentencia ante el Tribunal Supremo, incrementó las penas a 71 y 75 años de cárcel. Fueron confirmadas por el Tribunal Constitucional en 2002, y también por el Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo en 2010. Nadie puede poner en duda la culpabilidad de los condenados, pero sí es deducible que no han sido juzgados sus superiores, con el padrino González al frente.

Su señoría Abascal, conocido criador de caballos, solamente sabe la existencia de unos muertos que lo son, porque para él otros están presentes. Es lo mismo que le sucede a Felipe González, aunque para él los muertos que no le interesan no lo están, y lo mismo a Iglesias Turrión, que tiene en la memoria a unos muertos de quita y pon según la conveniencia del momento. Así se demuestra que los tres son iguales en su falsedad, y merecen el mismo desprecio del pueblo español que los padece.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO


Comentarios
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repugnante   |2020-10-23 13:44:47
esta gente para cualquier progresista solo debe producir un sentimiento, el de
asco
kiko   |2020-10-23 15:49:27
con el diablo se habría aliado este tipejo para tocaer pelo
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