Referéndum callejero

Arturo del Villar

LOS medios de comunicación de masas impresos, digitales, hablados y ladrados han puesto el grito en el cielo de la galaxia para clamar contra la quema de fotografías y de muñecones con la figura de su majestad el rey católico nuestro forzoso señor Felipe VI, así como de la instalación de guillotinas, unos instrumentos relacionados con la monarquía borbónica en Francia. Estos actos políticos son habituales en las calles de diversas poblaciones desde hace tiempo, desde que inició su reinado, aunque se han intensificado en los últimos días, con motivo de la indeseable visita del monarca a Barcelona el día 9, y de la fiesta nazional el 12 de octubre.

Protestan los medios de comunicación derechísimos contra estas protestas callejeras antimonárquicas, aduciendo que la persona del jefe del Estado ha de ser respetada. Así debe ser indiscutiblemente en los estados en los que el jefe es elegido por los ciudadanos en unos comicios libres celebrados periódicamente, pero no en los estados totalitarios en los que el jefe es hereditario en una familia, y más cuando la exaltación de esa familia ha sido decidida por la única voluntad de un militar rebelde y genocida vencedor de una guerra organizada por él y otros sublevados de su misma condición: tal es el caso del reino de España, continuación de la dictadura fascista derivada de la guerra promovida por los militares monárquicos en 1936.

Los españoles actuales constituimos la basura de Europa, carentes de los elementales derechos reconocidos a los pueblos libres. En Italia, un país semejante a España por historia y carácter de sus gentes, hubo una dictadura fascista mantenida por el rey, hasta que el 2 de junio de 1946 se celebró un referéndum para permitir a los ciudadanos decidir qué forma de Estado preferían: votó el 89 por ciento del censo, y el 54,3 por ciento eligió a la República. De esa manera democrática terminó la dinastía de Saboya, con absoluta normalidad, y desde entonces el jefe del Estado es designado por la mayoría de los ciudadanos dentro del mayor orden cívico.

Otro país equiparable por historia y carácter con el nuestro es Grecia. Allí reinaba la dinastía de Schleswig—Holstein—Sonderburg—Glücksburg. Con el deseo de facilitar a los vasallos la pronunciación de esos apellidos que parecen trabalenguas, los cambiaron por el muy sencillo de Grecia, apropiándose del país. Para mantenerse en el trono se apoyaron en unos coroneles fascistas, lo que disgustaba al pueblo.

Por eso el 8 de diciembre de 1974 tuvo lugar un referéndum para que los griegos decidieran si querían mantenerla o preferían ensayar otra fórmula estatal. El 69,2 por ciento de los votantes se decidió por la Re-pública, que en consecuencia fue proclamada con total naturalidad. La familia irreal helénica fue invitada a exiliarse, con la prohibición de usar el nombre de la nación como apellido. Dado que todavía se creen los dueños del país, han ignorado esa prohibición, y de esa manera la reina decrépita de España firma como Sofía de Grecia, y su hijo dice apellidarse Borbón y Grecia, una de sus reales mentiras.

A la mayoría de sus vasallos nos da lo mismo cómo diga que se apellida, porque no lo queremos por Borbón. Esta dinastía ha resultado fatídica para España, desde su llegada en 1700 amparada en una guerra que arruinó a la nación, que después promovió guerras dinásticas para terminar de hundirla, y que se ha valido de militares traidores para recuperar el trono, en las dos ocasiones en las que la voluntad popular inequívocamente manifestada gritó “¡Viva España con honra! ¡Abajo los borbones!”, y los exilió

A nosotros no se nos permite celebrar un referéndum para elegir la forma de Estado preferida. El exgeneral sublevado vencedor de la guerra decidió instaurar, según declaró, la monarquía del 18 de julio, por el día de su rebelión, para perpetuar su régimen genocida, y designó a un Borbón su sucesor    a título de rey, después de haberle jurado lealtad a su persona y fidelidad a sus leyes criminales. El pueblo no fue consultado.

El deseo del dictadorísimo se cumplió: la dinastía borbónica reina, y los españoles no podemos elegir la forma del Estado preferida, porque no se nos permite organizar un referéndum consultivo, y porque cuando nos manifestamos en las calles para exigirlo somos apaleados por las fuerzas brutas policiales borbónicas.

Debido a esta triste circunstancia, hemos de montar simulacros de referendos callejeros, mediante la quema de fotografías y muñecones reales, y la instalación de guillotinas aleccionadoras. Cuando se nos permita elegir libremente al jefe del Estado lo respetaremos. Al impuesto, no.  
ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

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borbón   |2020-10-15 17:05:50
referendum y a la calle
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