¡PAPÁ, UNA FUNDACIÓN! (PARTE SEGUNDA: “LAS TRAMPAS”)

Ángel Morillo Triviño

Soy de los que está totalmente convencido de que las Fundaciones no sólo sirven para prestar servicios y ayudas a la ciudadanía y las personas de cualquier parte del mundo, sino, preferentemente, para la elusión y la evasión de capitales. No hay otra manera de entenderlo cuando los Bancos -sin excepción- tienen todos alguna. Y el lavado de dinero del narcotráfico, la venta de armas, y demás “prostituciones sociales”, corre a cargo de los servicios bancarios, que cobran por ello, como no podía ser de otra forma, suculentas comisiones. ¿Utilizando Fundaciones que “llegan” sin problema a los múltiples paraísos fiscales?

¿Vds. que creen? Servidor no alberga ninguna duda de que uno de los medios empleados para evadir dinero, y para la elusión que el capitalismo contempla en sus miseras aportaciones de las grandes empresas y el establishment financiero a los Estados para su funcionamiento, son las Fundaciones. De modo que, todos los ricos (que lo son por cualquier sistema, incluso no empresarial o financiero, caso de las élites del deporte, la música, la farándula, etc.) tienen una Fundación. Es, sinceramente, ¡increíble! tanto altruismo (algo muy de gente pobre) y tanta filantropía y “caballerosidad”.

El mundo, por desgracia para miles de millones de sus habitantes, no tiene esas condiciones humanas en su ADN nada más que en una muy reducida clase de los privilegiados que usan su Fundación para paliar las calamidades de los más necesitados. El resto de estos filántropos demenciales, tiene, más bien, las del bandolerismo, el expolio (sobre todo institucional), la estafa a la escala que sea posible, la pura y muy cuidada maldad en todos sus aspectos y las felonías, ingratitudes, infidelidades, perversidades, mezquindades, iniquidades, injusticias, defecciones, perfidias, perjurios, indignidades, vilezas, perradas, falsedades, engaños, traiciones, alevosías, corrupciones, vicios, salvajadas, odio, mala voluntad y todos los adjetivos que al respecto le quieran añadir. Las personas de buena fe, es axiomático, moran la mayoría entre las clases más desfavorecidas, pocos Sres. merecen el honor de Caballero; y, evidentemente, las clases menos pudientes no se pueden permitir el lujo de tener una Fundación porque antes hay que procurarse el sustento, que en millones es algo muy, pero que muy, difícil de lograr.

Una gran parte del mundo -atropellado, expoliado y prácticamente esclavizado- muestra una gran resiliencia, pues de lo contrario ya se habría revelado contra tanta inquisición de sólo una minoría. España, está a la cabeza de los países más resilientes políticamente hablando. Aquí lo aguantamos casi todo, en la mayoría de los casos (lo de la Justicia y la Banca es para tirarse a la calle con todas las consecuencias) sin darnos por aludidos. Y así nos va. Nuestra excepcional resiliencia la aprovechan al máximo los políticos en connivencia con la Justicia, la Banca y la Gran Empresa y las Élites de todo tipo.
Así pues, ¡vengan Fundaciones a tutiplén!, que aquí se aguanta todo estoicamente. Y bien, para no hacer de este escrito un mamotreto, voy a tratar de resumir las “trampas” de las Fundaciones lo más posible y que la información sea lo más veraz que mi capacidad puede desarrollar. Puntos y aparte y luego Vds. los pueden ampliar en Internet, ahí está todo explicado con gran amplitud. Yo sólo persigo la denuncia de algo ignominioso (una sospecha más) que está pasando totalmente desapercibido debido a la amplia resiliencia que muestra nuestra ciudadanía.

Hecha la ley, hecha la trampa. Una ‘trampa’ en la ley sobre financiación de partidos políticos hace que ésta no sirva para nada. Las leyes sobre financiación de partidos existen para controlar a estos y para, entre otros motivos, evitar los tratos de favor de las administraciones donde gobiernen a las empresas que les hagan “donaciones”. Pues bien, en España nuestra vigente ley sobre financiación de partidos políticos no está cumpliendo con su función, gracias a un punto de la misma (el punto 4 de la disposición adicional séptima), una ‘trampa’, que permite a los partidos financiarse a través de sus Fundaciones sin que nadie controle quién les dona dinero, ni porqué. Es decir, si alegas que la donación es para un proyecto concreto de interés para el donante y la Fundación, entonces NO se considera donación y por tanto no se somete a la ley. Dejas, de esta manera, de estar obligado a informar al Ministerio de Hacienda y al Tribunal de Cuentas. Conclusión: en la práctica, las Fundaciones de los partidos políticos NO tienen que declarar sus donaciones.

El hecho de que las Fundaciones sí puedan recibir donaciones de empresas concesionarias de contratos públicos (mientras los partidos no, como si las Fundaciones y los partidos no fueran lo mismo y los mismos), fue denunciado en el debate parlamentario por UPyD, ERC y Amaiur; y el hecho de que la nueva ley aprobada en octubre de 2012 elimine el límite de la cuantía de las donaciones a las Fundaciones (los partidos, al parecer, sí tienen un límite de 100.000 euros de donación por persona o empresa) fue denunciado en el debate por IU y por el Tribunal de Cuentas.

Fundaciones, fuente de opacidad: Francisco de la Torre, secretario general de la Organización de los Inspectores de Hacienda, explica que las Fundaciones tenían más interés cuando se aplicaba el Impuesto Sobre Sucesiones, que ahora está bonificado entre el 96% y el 99% en la mayoría de autonomías. Las Fundaciones son un recurso muy útil para evitar que se conozca quién está detrás del dinero que se ha depositado a nombre de dicha personalidad jurídica. Además, se pueden constituir en paraísos fiscales, donde no es necesario declarar la actividad de la Fundación, además de evitar pagar impuestos.

Fundaciones evasoras: La empresa M le gira dinero a una fundación, como una donación. La fundación, sujeta al régimen de entidades sin ánimo de lucro, exenta de impuestos, en realidad es un bolsillo oculto de la compañía. La evasión es por partida doble, porque la empresa se baja impuestos por donación y la que recibe el dinero no paga tributos.

La cara y el reverso de la filantropía: Muchos ricos españoles prefieren no dar explicaciones de sus acciones filantrópicas. El temor a la crítica por los beneficios fiscales que acarrean es uno de los motivos. En marzo de 2017, la Fundación Amancio Ortega anunció que había donado 320 millones para que hospitales públicos de todo el país pudieran renovar sus equipos médicos. No era la primera vez. Previamente había donado 18,2 millones a hospitales, y en 2016 un convenio firmado con el Servicio Andaluz de Salud proveía de otros 40 millones que por ejemplo permitió al Complejo Hospitalario Torrecárdenas (Almería) disponer de un acelerador lineal y de nuevos mamógrafos. Más recientemente, en octubre del año pasado, la Generalitat Valenciana anunció que el prohombre gallego había donado otros 30 millones para la compra de equipos oncológicos.


Las noticias de las donaciones millonarias de Ortega no fueron recibidas por todos por igual. Mientras que instituciones y gobiernos se felicitaban por la generosidad del dueño de Zara, muchos usuarios de las redes sociales se desquitaban con comentarios poco halagüeños para lo que debía ser entendido como una obra de caridad difícilmente discutible. Solo algunos ejemplos: «¿Es donación o limosna?» «Gracias Amancio por explotar a niños de 10 años en China o a mujeres en Bangladesh, de verdad, gracias de corazón por fomentar el capitalismo asesino». O los aparentemente más avezados: «Si ha donado, es para desgravar». Pues claro. Inditex tiene 74 sociedades domiciliadas en países y territorios considerados paraísos fiscales o nichos fiscales. Además, está presente en dos paraísos fiscales según la OCDE, Macao y Mónaco. Y tiene filiales en Delaware (EEUU), Irlanda, Suiza, Holanda, Hong Kong (China), Luxemburgo, Montenegro, Uruguay, Puerto Rico, Macedonia, Sudáfrica y Taiwan. 

Quizás ese vapuleo sea el motivo por el que gran parte de las acciones caritativas de las grandes fortunas no salgan a la luz pública. Según el último estudio de UBS a propósito de la actividad filantrópica de particulares y empresas en diferentes países, la dotación de Fundaciones y organizaciones sin ánimo de lucro asciende a 29.000 millones de euros en España, una cifra similar por cierto a la de Francia, pero muy por debajo de los 890.000 millones que las grandes fortunas e instituciones privadas estadounidenses destinan a filantropía. En 2008, los 50 mayores filántropos empresariales entregaron 14.700 millones de dólares (12.270 millones de euros) de sus fortunas personales. Billy Melinda Gates (Microsoft), Mark Zuckerberg y Priscilla Chan (Facebook) y Michael y Susan Dell (Dell) son algunos de los nombres más habituales. La justificación, si es que hay que darla, es siempre la misma: devolver lo recibido a la sociedad. ¿A la sociedad antes explotada y en parte esclavizada? ¡Vaya, que no cuela!

Como hemos visto en las donaciones de Ortega, muchas grandes fortunas destinan una parte considerable a la filantropía, si bien otros empresarios cuentan con Fundaciones que no solo les ayudan a canalizar sus actividades caritativas, de mecenazgo... sino que también les ayudan a elevar su prestigio de cara a la sociedad. Aunque, en efecto, hay que reconocerlo, las donaciones a organizaciones sin ánimo reciben un tratamiento fiscal ventajoso. Es decir: a Amancio Ortega la aportación de 320 millones le ha costado 240 millones, ya que solo puede deducirse un 25% de lo aportado con el límite máximo del 10% de la base liquidable. O sea: 80 millones en la liquidación de la renta.

Evidentemente, las Fundaciones Botín y Amancio Ortega son las que tienen mayor dotación. Con dotación se entiende al patrimonio (por llamarlo de alguna manera) de dicha Fundación. Como en el resto de países, las dotaciones de las Fundaciones reciben un trato fiscal privilegiado, si bien son intocables. Es decir: no se pueden vender los activos de las dotaciones sin permiso del Gobierno y para poder beneficiarse del régimen fiscal, la Fundación deberá cumplir la disposición imperativa contenida en su art. 27 de la Ley 50/2002, de 26 de diciembre, que obliga a destinar al menos el 70% de los ingresos netos obtenidos por la Fundación a la «realización de los fines fundacionales, debiendo afectar el resto, deducido los gastos de administración, a la dotación fundacional o a las reservas, según acuerdo del Patronato de la Fundación. Otra cosa es el control que algunas Fundaciones ejercen sobre los accionariados de ciertas empresas y el uso que se haga del mismo.

En 2017, la Fundación Botín, presidida por Javier Botín, destinó 19 millones de euros en fines sociales. Hace dos años inauguró el Centro Botín en Santander en el que se han invertido 80 millones.

En 1986 Rosalía Mera, primera mujer de Ortega, creó la Fundación Paideia Galiza. A su muerte, su hija Sandra la sucedió en la presidencia. Su presupuesto de actividad para 2017 ascendía a 2,06 millones.

Alicia Koplowitz también tiene su Fundación dedicada a la actividad médico-científica y la acción social, con un presupuesto que supera los 2 millones de euros. La de su hermana Esther Koplowitz está centrada a la «investigación biomédica, la sanidad (asistencia psicosanitaria a menores, enfermos y discapacitados), la creación y mantenimiento de residencias para personas de la tercera edad (¿sin médico y con el mínimo personal sanitario como las de Madrid y toda España?) y el fomento de la educación, la cultura, las artes y las ciencias». En 2010 inauguró el Centro de Investigación Biomédica Esther Koplowitz.

La Fundación de Juan Roig tomó el nombre de su madre, Trinidad Alonso. Se dedica a la promoción de eventos e infraestructuras deportivas. El año pasado invirtió 9,5 millones.

En noviembre de 1955, Juan March creaba la Fundación que lleva su nombre como «entidad cultural y benéfica de carácter privado y naturaleza permanente». En su sede se celebran exposiciones de arte, conciertos de música y ciclos de conferencias... En 2016, destinó 11,58 millones.

Según publicó la periodista Ana Medina en Expansión, en 2016, la institución que preside María del Pino y Calvo-Sotelo, tenía un patrimonio neto de 133,3 millones de euros y sus ingresos totales alcanzaron los 15,3 millones. El 94,2% de los ingresos procede de sus inversiones financieras y otro 4% de actividades en el mercado inmobiliario. Los gastos en proyectos fueron de 2,97 millones en 2016.

En este sentido resulta curiosa la historia de Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno que, hasta su muerte en 2013, solía ocupar un puesto destacado en esta lista. Legó toda su fortuna (unos 500 millones) a la Fundación que lleva su nombre. Con los rendimientos de su patrimonio, destina cada año unos cuatro millones a proyectos de investigación en Medicina, becas y contratos predoctorales para 64 investigadores en Neurociencia y Medio Ambiente de universidades de toda España.

La última donación (que sepamos) de Amancio Ortega han sido 80.000 euros. Fue para que Villamanín, el pueblo leonés en el que nació, pudiera tener una máquina quitanieves. Sólo la indiscreción del alcalde hizo posible que se supiera. Ya pueden imaginar por qué.

De los millones de euros que el Estado y las CCAA aportan cada año a las Fundaciones, mejor no hablar. Las organizaciones que se han visto más beneficiadas son la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), vinculada al PP hasta 2016, con 966.000 euros (32% del total); la Fundación Pablo Iglesias del PSOE con 623.000 euros (21%) y la Fundación Sabina Arana del PNV, con 393.000 euros (13%). De los partidos con mayor magnitud a nivel nacional, Ciudadanos cuenta con tres fundaciones, el PSOE con 12, Podemos y ERC cada uno con una, y el Partido Popular y el Partido Nacionalista Vasco, con tres. De las 52 fundaciones que el TC ha fiscalizado, 23 corresponden a estos partidos políticos.

Y para finalizar: El año pasado, según Diario-16, la Fundación Telefónica aportó a la Fundación de Felipe González más de 180.000 euros.  Tanto Telefónica como la Fundación de Felipe González hicieron pública la fotonoticia en la que la empresa del Ibex se comprometía a apoyar el proyecto de digitalización y catalogación de los fondos documentales de Felipe González, poniendo en valor que fuera el primer expresidente de España en poner a disposición de la ciudadanía sus archivos políticos y personales. Sin embargo, desde que se presentara la iniciativa en 2018 son muchas las críticas a este modelo de supuesta transparencia en base a que se desconoce título legal que justifique que la Fundación dispone de unos documentos que pertenecen al Patrimonio Documental Español. Por supuesto, ninguno de estos documentos hace referencia a implicación alguna de Felipe González en los GAL y el terrorismo de Estado. Además, el modelo de las bibliotecas presidenciales norteamericanas, que la Fundación Felipe González afirma haber importado, no responde a la estructura y el funcionamiento de la Fundación. Las cuentas de la fundación recogen la propiedad industrial de los derechos de autor percibidos por Felipe González por iniciativas como “En busca de respuestas, el liderazgo del Siglo XXI”, que ascienden a 150.000 euros y que fueron cedidos a la Fundación, explica Diario-16. Por tanto: Fundaciones sí…, pero, “fundaciones” no.

Fdo.: Ángel Morillo Triviño
En Castuera, a 08 de octubre de 2020





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