Felipe VI, el último rey Borbón del mundo

Arturo del Villar

LA familia Bourbon cuenta con una historia muy variada, que ha seguido una imparable decadencia. En los anales franceses se halla documentada como ducado desde el siglo XIV, y como casa real desde el XVI. En los momentos de su máximo esplendor reinaba sobre Francia, España, toda Hispanoamérica, Nápoles, Sicilia, parte del actual Marruecos, la llamada Guinea Española, y las Filipinas y otras islas de Oceanía.

 

 

Por diversos movimientos históricos todo ese poderío se fue esfumando, hasta el punto de que en la actualidad solamente conserva el dominio del reino de España, en donde su majestad católica Felipe VI brilla como último Borbón reinante en el mundo, residuo decadente de una institución tolerada por muchos de sus vasallos, aunque otros muchos no aceptamos que ocupe el trono como sucesor espermatozoico del sucesor a título de rey designado por el dictadorísimo fascista, vencedor de una guerra criminal contra el pueblo español que él mismo organizó con otros militares rebeldes.      

Vamos a repasar la historia de la ahora muy menguada dinastía de Borbón, para entender por qué nos ha tocado a nosotros mantener todavía a su último representante, cuando se la fue expulsando de todos los demás países en los que alguna vez detentó el poder.

FRANCIA, ENTRE LA RELIGIÓN Y EL CRIMEN

Para ello hemos de trasladarnos a la Francia medieval, ya que allí reinaba la casa de Valois desde 1328, y siguió haciéndolo en razón de la herencia familiar hasta Carlos IX, que no tuvo hijos, de modo que le sucedió su hermano Enrique III, asesinado el 2 de agosto de 1589, sin dejar  tampoco descendientes. Durante siglos los europeos creyeron que un país era propiedad indiscutible de una familia, se decía que por derecho divino, lo que daba lugar a una dinastía que transmitía la posesión por herencia. En este siglo XXI existen algunas naciones que siguen aceptando todavía ese convencimiento fanático, entre ellas España.

El heredero del trono francés, según las normas establecidas, debía ser el rey de Navarra desde 1572, casualmente llamado también Enrique III, de la casa de Borbón, aunque presentaba la dificultad de ser hugonote para una nación de mayoría catolicorromana. Fue educado por su madre, Juana de Albret, en el reformismo cristiano calvinista, y en la cruenta guerra de religión que asoló a Francia combatió junto a los hugonotes contra los catolicorromanos. Para procurar la paz se concertó su matrimonio con Margarita de Valois, hermana del rey Carlos IX de Francia, celebrada el 18 de agosto de 1572, pero una semana después, el día 24, los catolicorromanos provocaron una matanza de hugonotes en París, la llamada noche de san Bartolomé, por instigación de la reina consorte, Catalina de Médicis, prolongada otros días y a otros lugares.

Con estos precedentes, la designación de Enrique III de Navarra como rey de Francia fue rechazada por la Liga Católica, el papa Sixto V de Roma y el ultracatólico rey Felipe II de España, el gran perseguidor de cristianos reformados en su país. El resultado fue una nueva guerra de religión, que auguraba un baño de sangre en Francia. Para resolver el conflicto Enrique III de Navarra abjuró del calvinismo y adoptó públicamente la confesión catolicorromana el 25 de julio de 1593, con lo que pasó a ser Enrique IV de Francia, e inaugurar allí la dinastía de Borbón, que tantas desgracias iba a traer al país.

Según cuentan algunos historiadores justificó el cambio de creencias mediante una frase que se ha hecho proverbial: “París bien vale una misa.” Demostraba así la falta de firmeza de su fe acomodaticia a las circunstancias. Es lo mismo que hacían hasta el siglo pasado las mujeres seguidoras de una confesión, para ser aceptadas como reinas consortes de un país en donde era mayoritaria otra. Los monarcas no poseen creencias porque carecen de ideología y de escrúpulos; a ellos lo único que les importa es disfrutar del poder. Por eso juran y perjuran a su conveniencia, sin que se pueda confiar en su palabra.

La dinastía borbónica se sucedió en Francia hasta el 21 de setiembre de 1792, cuando fue abolida por los revolucionarios, que además guillotinaron al rey Luis XVI de Francia y V de Navarra, apodado por ellos Luis Capeto. Se le ejecutó el 21 de enero de 1793, en la Plaza de la Revolución de París, mientras una multitud enfervorizada cantaba La marsellesa.
Al período revolucionario siguió el imperial de Napoleón I, hasta su derrota y la restauración borbónica con Luis XVIII en 1815. Tras varias alternancias, incluido el segundo imperio de Napoleón III, la monarquía quedó abolida definitivamente el 4 de setiembre de 1870, con la proclamación de la República Francesa. Sigue existiendo un residuo monárquico todavía, e incluso hay dos ilusos aspirantes a recuperar el trono.

LOS BORBÓN—DOS SICILIAS

Los tronos de Sicilia y de Nápoles estuvieron sometidos a la Corona de España desde 1594 por separado. Entre 1734 y 1759 ocupó los dos tronos Carlos de Borbón, titulado VII de Nápoles y V de Sicilia. Era hijo del primer Borbón españolizado, Felipe V, y de su segunda mujer, Isabel de Farnesio. Muertos sin descendencia sus dos medio hermanos Luis I y Fernando VI, reyes de España, fue llamado a ocupar el trono español como Carlos III, desde su entrada en Madrid el 13 de julio de 1760. Debido a tan relevante motivo para él, aunque no para el pueblo español, cedió Nápoles y Sicilia a su hijo Fernando.

Este Fernando IV de Nápoles y III de Sicilia sufrió la invasión napoleónica, por lo que perdió ambos tronos, pero se convirtió en Fernando I de las Dos Sicilias en 1816, en el tratado de Viena, que al unificar los dos antiguos reinos dio lugar a la casa de Borbón—Dos Sicilias. Le sucedió su hijo Francisco I, casado con María Isabel de Borbón, infanta de España, quienes  fueron padres de María Cristina de Borbón—Dos Sicilias, cuarta esposa del criminal rey de España Fernando VII, alias Narizotas. La costumbre borbónica de celebrar matrimonios consanguíneos dentro de la familia, ha ido incrementando las taras congénitas de la dinastía.

El reino fue ocupado en 1860 por Garibaldi, lo que obligó al rey Francisco II de Borbón—Dos Sicilias a huir. El 17 de marzo de 1861 el rey Víctor Manuel II de Piamonte fue coronado como rey de la Italia unificada, aunque se prolongó la guerra civil. El reino de las Dos Sicilias desapareció así, pero continúa teniendo pretendientes contra toda evidencia. Los borbones habitan en la irrealidad siempre, y se niegan a aceptar que su tiempo ha caducado, excepto en España, que es diferente al resto de las naciones, como aduce su eslogan publicitario.

LOS BORBÓN—PARMA

A la muerte de Antonio Farnesio, duque de Parma, en 1731 sin descendencia masculina, le sucedió su lejano pariente Carlos de Borbón, hijo del rey de  España Felipe V y de su segunda mujer Isabel de Farnesio. En 1737 cambió este ducado por el reino de Nápoles, pero en 1748 el tratado de Aquisgrán lo devolvió a la casa de Borbón, en la persona de Felipe, también hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio, lo que dio lugar a la casa de Borbón—Parma.

En 1802 fue ocupado por las tropas de Napoleón. Tras su derrota, el Congreso de Viena concedió en 1814 el ducado de Parma con carácter vitalicio a la exemperatriz de Francia, María Luisa de Habsburgo—Lorena, así como los de Piacenza y Guastalla. A su muerte en 1847 el ducado revirtió en la casa de Borbón--Parma, en la persona de Carlos Luis.
Anexionado al reino de Italia en 1860, desapareció de hecho y de derecho. Con la proclamación de la República italiana en 1947, quedaron abolidos los títulos nobiliarios, y sin embargo, a pesar de todo continúa habiendo pretendientes al hipotético ducado en personas apellidadas Borbón—Parma.

EN LUXEMBURGO ESTÁN PERO NO SON

Un Félix de Borbón—Parma casó en 1919 con Carlota de Nassau, gran duquesa de Luxemburgo entre 1919 y 1964, año en que abdicó en su hijo Juan. Este gran duque colocó el apellido Nassau de la dinastía por delante del que le dio su padre. Lo mismo ha hecho su hijo y sucesor Enrique. La casa de Nassau desciende del famoso Adolfo (1250—1298), que fue rey de Romanos.
El Gran Ducado de Luxemburgo, que de grande no tiene más que el nombre, presume de sus ancestros Nassau, y no tiene en cuenta al advenedizo Borbón—Parma, un apellido carente de realismo, y con unas connotaciones históricas desagradables de recordar.

EN ESPAÑA TODAVÍA

La última reserva borbónica está constituida por el reino de España. Cuando el pueblo se harta de tolerar la corrupción congénita de la dinastía, como sucedió en 1868 con la Gloriosa Revolución y en 1931 mediante unas votaciones municipales, se expulsa a los borbones, pero disponen de militares traidores que les facilitan el retorno al trono, y siguen, y se mofan del pueblo, mientras multiplican su fortuna personal.

A Carlos II de Austria le apodan los historiadores El Hechizado, porque no hizo nada bien durante su triste vida, manejado por curas y frailes. Tardó muchos años en morirse, el 1 de noviembre de 1700, después de haber arruinado a España. Lo peor de todo fue que en su testamento designara sucesor a Felipe de Bourbon, duque de Anjou, nieto de su hermana María Teresa y de Luis XIV de Francia. Por supuesto, el pueblo español quedó al margen de la decisión: los monarcas por la gracia de su dios se consideran dueños absolutos de vidas y haciendas de sus vasallos.

El designado ignoraba totalmente la historia y las costumbres españolas, y no sabía ni una palabra de castellano, ni se molestó en estudiarla. Por ese motivo sus vasallos debieron aprender el francés, y el siglo XVIII se hizo afrancesado. Preciso es consignar en su descargo que estaba rematadamente loco, por lo que no se le debe culpar de las fechorías cometidas durante su reinado, ni de haber transmitido la demencia a sus sucesores. La culpa recae exclusivamente en el pueblo que lo tolera.


Algunas potencias europeas no estuvieron conformes con esa designación testamentaria, debido a que incrementaba el poder político de Francia, ya muy grande durante el reinado de su abuelo, el llamado Rey Sol, un tirano que derrochó los impuestos pagados por el pueblo para favorecer su afición al lujo. Como consecuencia de esa disensión padeció la triste España                                                                                                                                                               doce años de guerra, que aniquilaron la ya maltrecha economía nacional. Es costumbre muy arraigada entre los borbones enzarzarse en guerras para defender sus privilegios. Al ser reconocido finalmente como rey Felipe V, castellanizó su apellido por Borbón, aunque mantuvo las costumbres francesas en la Corte, de donde derivaron al pueblo. Sus sucesores mostraron las lacras inherentes a la dinastía.

EL VAIVÉN DINÁSTICO ESPAÑOL

Se mantuvieron en el trono hasta 1808, cuando Carlos IV (el 3 de mayo) y Fernando VII (el 6) abdicaron a favor de Napoleón, quien pasó el reino a su hermano José, en una sucesión absolutamente legal. No obstante, se originó otra guerra a causa de los borbones, ya que el populacho no aceptó a José por ser francés. Una explicación absurda, puesto que también lo eran los borbones, con el beneficio a su favor de tener un sano juicio normal.

Restaurada la dinastía en abril de 1814 en la persona del indeseable tirano Fernando VII, a su muerte en 1833 los borbones provocaron la primera de las tres guerras llamadas carlistas, en las que se enfrentaron dos ramas dinásticas: la partidaria de Carlos, hermano del difunto, y la seguidora de su hija Isabel. Los dos ejércitos se combatieron furiosamente, con escenas de crueldad increíbles en el bando carlista, donde se enrolaron los curas y los frailes partidarios del absolutismo real, apodados trabucaires. La agricultura y la escasa industria quedaron sin mano de obra, en detrimento de la economía española, para no hablar de los muertos causados por la disputa entre las dos ramas borbónicas.

Un acontecimiento memorable fue la Gloriosa Revolución de setiembre de 1868, que expulsó de España a Isabel II y su familia, para impedirles continuar cometiendo sus fechorías habituales. El trono pasó brevemente a la casa italiana de Saboya, y después quedó proclamada la República, hasta que la traición de un militar monárquico restauró a los borbones, el 29 de diciembre de 1874, en la persona de Alfonso XII, hijo adulterino de la apodada Isabelona, y por ello incapacitado legítimamente para sucederla, pero en el caso de los borbones resulta absurdo pensar en legitimidad o legalidad, porque todo cuanto se refiere a ellos es falso.

A lo largo del siglo XIX las colonias americanas y oceánicas fueron independizándose de la tutela borbónica, hasta culminar en 1898 con la pérdida de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y otras islas ultramarinas, lo que algunos historiadores denominan el desastre del 98. Personalmente discrepo de calificar como un desastre conceder la independencia a las colonias. También la guerra contra los independentistas marroquíes fue muy costosa en muertos, hasta el punto de calificar igualmente como desastre la batalla de Annual librada en 1921, con victoria de los rifeños.

BORBONES DE IDA Y VUELTA

La monarquía restaurada sobrevivió hasta el 14 de abril de 1931, cuando el chulo Alfonso XIII huyó a Francia, ante el resultado contrario a la monarquía de unas elecciones municipales: por segunda vez el país se libró de sus tiranos y se proclamó la República legítima y pacíficamente.
Y otra vez la República quedó cercenada en 1936 por una rebelión de los militares monárquicos, causa de otra guerra más por motivos borbónicos, seguida por una larga y sanguinaria dictadura militar. El dictadorísimo vencedor decidió instaurar una monarquía para perpetuar su régimen, que llamó del 18 de julio por el día de su rebelión. En consecuencia, designó sucesor a título de rey a Juan Carlos de Borbón y de Borbón, nieto de Alfonso XIII, proclamado rey el 22 de noviembre de 1975, sin que los vasallos pudiéramos exponer nuestra opinión al respecto.

A consecuencia de una larga serie de escándalos financieros y sexuales, el rey abdicó el 18 de junio de 2014 en su hijo, proclamado rey Felipe VI al día siguiente, sin ninguna participación del pueblo. De este modo Felipe VI es el único Borbón que ocupa un trono en la actualidad, en la nación que más duramente ha sufrido las inconsecuencias de esta dinastía causante de tantas desgracias en la historia europea, y sobre todo en la española, motivadora de su actual extenuación política, social, económica y cultural.

Solamente queda un Borbón en el mundo sentado en su trono, después de haber ido perdiendo su antiguo poderío. Es una especie en peligro inminente de extinción total, pero protegida por militares, guardias civiles, policías, jueces, carceleros, obispos, banqueros y grandes empresarios. ¿Por qué ha de mantener su reserva en España precisamente?  ¿Y hasta cuándo?

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

Comentarios
Añadir nuevo
cuore   |2020-10-06 13:24:06
extraordinaria lección de historia
Nombre:
Email:
 
Título:
Código UBB:
[b] [i] [u] [url] [quote] [code] [img] 
 
 
:angry::0:confused::cheer:B):evil::silly::dry::lol::kiss::D:pinch:
:(:shock::X:side::):P:unsure::woohoo::huh::whistle:;):s
:!::?::idea::arrow:
 

3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."

 

El Bueno

EL FEO

EL MALO

UNO QUE PASABA POR AQUI