LA PINGOLLA: COLORES

Félix Barroso Gutiérrez

Parece ser que, cuando alguien replica a una “Carta al Director” en muchos periódicos en papel, solo admitan ya, en el debate, la contrarréplica del autor de la carta original.  Así no es extraño que el debate quede viciado y puede que el replicante quede por ser una persona que falta a la verdad.  No tiene otra opción para defenderse.  A un servidor le acaba de suceder este desaguisado recientemente.

He aquí que una persona, que firma como José Fuentes Miranda, muy asidua a escribir “Cartas al director” en la prensa regional sin que nadie ose ponerle las pilas en sus virtuales audífonos, publicó, no hace mucho, la carta titulada “La bandera española”.  Le repliqué porque vi ciertas inexactitudes y porque el texto me parecía sesgado.  El mentado escribidor me contrarréplica y me deja con las posaderas al aire.

Tan solo sé el nombre y apellidos de tal señor; al parecer, nacido en Azuaga y residente en Badajoz.  Desconozco otros detalles de su vida.  Pero lo que está muy claro es que dicho señor es de los de “¡Vista a la derecha, ar!” y de los que hablan en nombre de todos.  Como ejemplo, este pequeño texto sacado de una de sus cartas: “SOMOS MUCHOS (pluraliza) los que creemos que las urnas no pueden sacralizarlo todo y hacer normal la anormalidad; tampoco podemos contemplar, sin inmutarnos, el suicidio o disolución de una nación con más de cinco siglos de existencia, que está siendo liderada por la ambición y la soberbia de un iluminado, sustentado por un sectarismo comunista, decimonónico y bolivariano”.

Ciertamente, no sé si este ciudadano pertenece a la formación ultraderechista VOX, pero su discurso sectario, alarmista, homófobo, antidemocrático y guerracivilista es completamente calcado de la demagogia, con iris coloreados de resabios y de inquinas, de la extrema derecha de este país.  Además, desconfía de las urnas, significando que éstas no pueden “sacralizarlo todo”.  Suena esto a algo así como a rancio fascismo o golpismo.

Y que conste que no contemporizamos ni le hacemos la ola al actual Gobierno de coalición, máxime ahora, cuando el sector más a la derecha y monárquico del PSOE anda compadreando con Ciudadanos de cara a los presupuestos y cuando pensamos que está metido hasta el cuello en los indignos y bananeros enjuagues y componendas para que el ciudadano Juan Carlos de Borbón haya puesto pies en polvorosa.

Increíble que jerifaltes del propio Gobierno, a tenor de lo que se ha publicado, empiecen a heder y no haya jabón para eliminar el desafuero escapista.  Y hasta las narices estamos ya de que se criminalice de todos los males del mundo a gente que, con todos sus fallos y tropezones (algunos de órdago), lo único que vienen haciendo es partirse el pecho, las cejas, las pestañas y hasta sus partes pudendas por la defensa de las clases trabajadoras (antiguo proletariado).  El señor Fuentes es uno de lo que empuña la espada flamígera y, al igual que hacía el tirano Francisco Franco, ve comunistas hasta en el entomatado plato de macarrones que tiene delante de sus napias.

Pero a lo que íbamos: don José Fuentes Miranda me contrarreplica a cuento de que un servidor, en su réplica, desmitificaba los colores de la bandera monárquica y les negaba legitimidad de origen y de ejercicio.  Sabido es todo aquello de la insignia roja y amarilla en los barcos mercantes españoles y cómo la reina Isabel II, llamada con toda la razón del mundo la “reina ninfómana” (se metía en la cama con cualquiera que le petase, algo muy propio de la dinastía borbónica), instauró, por sus calenturientos ovarios, de forma unilateral, sin consenso de tipo alguno, esa insignia mercantil como bandera nacional.  Bajo tales colores, miles de soldaditos españoles de familias pobres (los hijos de los ricos eran librados por sus padres, al pagar un puñado de duros, del servicio militar y de las trincheras) caían como moscas en las guerras coloniales.  Guerras que solo servían para defender los intereses de los grandes hacendados de Cuba, Filipinas o Puerto Rico.

O para salvaguardar los ricos complejos mineros de la región marroquí del Rif, cuyos mayores accionistas eran el propio rey Alfonso XIII, bisabuelo del ciudadano Felipe VI, algunos ministros conservadores o liberales y otros aristócratas. Guerras donde se masacraban a los infelices soldados a millares.  Por ello, cantaban aquello de: “Melilla ya no es Melilla; // Melilla es un matadero, // donde van los españoles // a morir como corderos”.  Las sarracinas del Barranco del Lobo, de Zeluán, de Igueriben, de Annual… son fiel testimonio de ello.  Bajo aquellos colores rojigualdas morían por “su patria” los jefes y oficiales del ejército español, que, generalmente, pertenecían a las clases altas.  Pero a los pobres reclutas o veteranos de a pie, hijos, en su mayoría, de jornaleros, yunteros, pequeños campesinos y obreros de la urbe, esa “patria” no era la suya, ya que solo satisfacía los intereses y las barrigas de los gordos y poderosos.

Tres pitos les importaban ellos al rey Alfonso XIII, el cual, cuando hubo que pagar 8 millones de las antiguas pesetas a Abd el Krim, jefe de los moros rifeños, por los soldados españoles apresados en el “Desastre de Annual”, comentó sarcásticamente: “¡Mira que está cara la carne de gallina!”.  Alfonso XIII, el Borbón que dio órdenes a la aviación española para bombardear, por vez primera en el mundo, con armas de destrucción masiva, a los aduares y kabilas de los rifeños, gaseando sin piedad a cientos de mujeres, ancianos y niños.  Alfonso XIII, el Borbón que escapó de España en 1931, llevándose 130 millones de pesetas de las arcas públicas.  ¿Os suena esto último a algún acontecimiento reciente?

También, bajo los colores de esta bandera se incendió España en una brutal guerra de sedición, pues sediciosos fueron los que se alzaron en armas contra el legítimo, democrático y constitucional Gobierno de la II República Española.  Guerra de sedición y no civil, iniciada por unos decimonónicos, ultraconservadores y totalitarios generales (la mayor parte del generalato permaneció fiel a su juramento a la República), apoyados  por las milicias parafascistas y ultraderechistas, la derecha política y económica, la práctica totalidad de la Iglesia Católica, la oligarquía financiera y empresarial, los terratenientes y sus caciques en los pueblos, los 100.000 moros mercenarios de Marruecos (¡y los obispos llamaban a tal guerra con el nombre de “Cruzada”!), la dictadura portuguesa de Antonio de Oliveira Salazar y, fundamentalmente, por el poderío bélico de dos potencias del momento: la Alemania naZi de Hitler y la Italia fascista de Mussolini, que fueron las que hicieron bascular la suerte del conflicto en favor de los rebeldes amotinados, aunque éstos llamasen “rebeldes”, los muy canallas, a quienes permanecieron leales a la República.

En la contrarréplica de la carta, el escribidor me dice, con sorna, que “parece que me gusta la Historia”.  Pues no solo no es que me guste, sino que las muchas aulas, entre cuyos pupitres me he movido, me han venido sirviendo de caja de resonancia.  Siempre con la rigurosidad, objetividad y fidelidad a las verdades históricas, que nos negó en las escuelas de nuestros pueblos un régimen al que condenó la ONU (9 de febrero de 1946) por sus crímenes de guerra.  Aún quedan los restos de más de 100.000 cadáveres de españoles en minas abandonadas, cunetas y barrancos, donde fueron arrojados por los pistoleros franco-fascistas, que, desgraciadamente, nunca fueron juzgados, pese a que sus asesinatos son crímenes de lesa humanidad y no hay amnistía que pueda borrarlos.  A la vez que el remitente de la contrarréplica me hiere el oído con sus “historias”, que no con la Historia limpia de granzas y de basura, me aconseja que sea “más objetivo”: todo por decir, en mi réplica, que “los sediciosos, que ganaron la guerra, impusieron, luego, tales colores (rojo y amarillo) en los 40 largos años de la sanguinaria dictadura en la que ostentaron el poder”.

Cierra el azagüeño su contrarréplica con estas palabras: “Me acabo de enterar que la II República fue un régimen político paradisíaco e idílico”.  Mi persona jamás expresó semejante cosa, pero él, sectaria y torticeramente, lo da por hecho, con el fin de pegarle un papirotazo al gorro frigio de Marianne, personificación de la República, pues, tal vez, sea más de su agrado la boina colorada de los requetés que formaron parte de las milicias parafascistas.  Y que sepa el amigo del tiempo de los higos que la única bandera que una mayoritaria parte del pueblo español aceptó como suya y por aclamación fue la tricolor o republicana.  Los colores de esta bandera fueron izados en miles y miles de balcones el 14 de abril de 1931, pese a que, ahora, abunden, en ciertas filas políticas, conversos que, años atrás, flameaban este estandarte en todo tipo de actos y, actualmente, se envuelvan, hasta en las calorinas de este presente mes de agosto, en los colores de una bandera borbónica, de tortuosa y genocida historia.

Comentarios
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Sisebuta   |2020-08-07 11:01:29
El blanqueo que se está haciendo de los colores monárquicos y de ese
impresentable indiviuod Juan Carlos de Borbón y por extensión de toda esta
dinastía es vomitivo. El 90% de los medios periodísticos se ha lanzado a
toda una campaña de cantar y contar las bondadadas de estos aristócratas, con
un baboseo que espanta. Ayer, TVE-1, la pública, la que pagamos con nuestros
dineros nos abochornó con largos documentales sobre "El Campechano", el
huido del país con la complicidad de gente del Gobierno de la nación. Parece
que estuviéramos en un país mafioso.
Juana del Marco   |2020-08-07 11:09:20
Claro que los verdaderos REBELDES contra la República eran tan rastreros y
manipuladores que, siendo ellos los rebeldes, en la mayor parte de la
sentencias contra los republicanos leales aparece que se le condena "por
adhesión a la Rebelión". Tengo dos copias de sentencia de dos
tíos-abuelos míos, cuyo única razón de ir a parar a los calabozos de
Salamanca durante año y medio fue esa: "adhesión a la rebelión",
cuando su único delito era el haber sido concejales por la candidatura del
Frente Popular, sin que estuvieran implicados en ninguna otra cosa. En la
cárcel los molieron a palos; uno de ellos quedó con un brazo inutilizado,
pero como era rojo no le dieron ni una pensión de invalidez y tuvo que
apañárselas para malvivir, cruzándose todos los días con los fascistas que
lo denunciaron falsamente, que eran de la directiva del Partido Agrario y de la
Ceda, o sea, para entendernos, d...
Cotorino   |2020-08-07 11:13:15
Entre esa cuadrilla de conversos está elpropio presidente del Gobierno, Pedro
Sánchez, que sin vergüenza alguna, luce una mascarilla con la bandera
borbónica. Me pregunto, ¿no tendrá un poco de recato y de pudor ante los
militantes de base del PSOE, que son los ondean las banderas republicanas, como
corresponde a un partido de clara raíz republicana, al pasearse tan flamenco
con esa mascarilla de la pegatina borbónica?, y me pregunto también,
¿hasta cuándo vais a aguantar, amigos militantes de base del PSOE con este
ninguneo que os hacen y con el pisoteo de la identidad de vuestro partido?
Viva Zapata   |2020-08-07 17:09:06
Ese individuo llamado José Miranda tiene un plumero que se le ve a tres leguas;
es más de derechas que el marqués de Villaverde. Hay muchos periódicos que
tenían un pelín de progresistas años atrás, aunque fuera desde una óptica
cristiana y humanista, pero la mayoría han caído en las garras del Opus dei,
de los nostálgicos del franquismo, de los ultraconservadores o de otros
oligarquías periodísticas de derechas, solo hay que fijarse en la mayoría de
sus columnistas, de los temas que más se publican en cartas al director y en
las propias editoriales, por ello no nos extraña que les den cancha a
individuos como a José Fuentes Miranda.
Gato Pardo   |2020-08-07 17:12:17
Aquí en esta nación española ni se juzgaron ni juzgarán los crímenes del
franquismo, los políticos que han tenido las riendas en sus manos durante la
Transición y después, o sea la UCD, el PSOE y el PP siempre se han opuesto a
que fueran juzgados, incluso solo han puesto zancadillas y obstaculizado el que
tal o cual asesino acudiera a Argentina a declarar cuando han sido llamados por
los jueces que admitieron las querellas y denuncias de familiares de los
asesinados, y luego dirán que esto es una democracia.
Aurora Roja   |2020-08-07 18:29:48
Vaya con el bisabuelo del Felipe Vi,el Alfonso XIII de las narices, encima que
los soldados de las familias pobres españoles les iban a defender y entregar
su sangre por sus cochinos intereses mineros, resulta que cuando tiene que pagar
el rescate de los soldados presos, se lamenta diciendo que ¡vaya con la cara
que está la carne de gallina! Hay que ser despiadado para decir esto. Él, el
criminal que asesinó a los rifeños con gases asfixiantes, es el que tenía que
haber estado en la primera línea de combate, porque és el culpable en grado
sumo de la carnicería de Marruecos.
Jurdana   |2020-08-07 18:32:57
Hoy, ti Feli, no mos ha traíu ninguna poesía, pos le dicís al vuestru amigu
don Ismael que vos deji otru puñau de versus, a ver si asina, leyendu y
requeteleyendu en estremeñu se mos meti bien en la mollera y le vamus tomando
querencia a la poesía en estremeñu, que a vel pa cuándu ponin ya la sinatura
de Coltura Estremeña en los colegios, en los estetutus y en la universiá.
A la izquierda   |2020-08-08 14:58:19
Honorio Sánchez era un vecino de mi pueblo que era bastante rojo y se la
tenían jurada, pero tuvo la suerte de encontrarse, al estallar la guerra,
haciendo la mili en Barcelona, y, por ello, combatió a favor de la República.
Escapó a Francia y no pudo regresar al pueblo hasta los años 70. Me gustaba
hablar con él y me contó que, en la batalla de Teruel, en pleno invierno y a
un montón de grados bajo cero, asaltaron una trinchera de los fascista y él
les arrebató una bandera grande, roja y amarilla. Me decía que lo único que
tenía que agradecer a esa bandera es que le sirvió para arroparse con dos
vueltas el cuerpo en aquellas noches en que algunos murieron congelados o le
tuvieron que amputar algún miembro por congelación. La bandera la conservó
y me la enseñó un día, toda manchada de sangre seca de la refriega. Solo la
tenía como recuerdo, pues él siempre llevaba una banderita republicana, un
Calamoco   |2020-08-08 15:03:25
Dicen que los conversos son los peores, los más viles y descastados. Nunca
entenderé que el PSOE, el que por cierto tuvo poca presencia en la guerrilla
antifranquista, donde solo había anarquistas y comunistas, o al menos muchos
de sus dirigentes y de los que cobran buenas nóminas a costa de la política
renieguen del sustrato republicano de su partido; me parece indignante e
insultante que Sánchez llame a las Juventudes socialistas a admitir la
monarquía, a apoyarla y defenderla. Si tuvieran esas juventudes lo que tenían
que tener ya le habrían cantado las cuarenta y le habrían dicho que verdes
las han segao.
La Cigarrera   |2020-08-08 15:15:38
El rey Felipe tiene que comparecer en el Congreso y dar cuenta de la fuga de su
padre y lo mismo la Carmen Calvo, vicepresidenta del PSOE, que según todas las
informaciones, ha sido la cabeza visible que ha planeado esta fuga. Juan Carlos
debe regresar de inmediato a España y dar la cara ante los muchos casos que
tiene que apechar por su conducta delictiva y depravada.
Aniceto Panceto   |2020-08-09 13:12:08
Me importan tres pepinos las banderas, que no son más trapos que por
defendeerlos ha muerto mucha gente, no obstante le tengo gran respeto a los
símbolos históricos, como parte de nuestras emotividades y sobre todo los
relacionados con nuestras patrias infantiles. Reconozco que los colores amarillo
y rojo de la insignia borbónica están lastrados por las muchas injusticias y
crímenes que envuelven tales colores y reconozco también que la bandera
republicana, la tricolor, es muy cierto que fue abrazada por una mayoritaria
parte del pueblo español por aclamación y decisión propia. Creo por ello que
hay una diferencia abismal entre una bandera impuesta por una reina crapulosa y
otra bandera que fue adoptada unánimemente por todos los republicanos
españoles. Por ello, el papel patético de Sánchez llamando a los militantes
del PSOE a defender la monarquía. Da asco escucharle.
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