El problema se llama Chaves

José Tomás Cruz Varela
Acudiendo a la reciente historia, todos los adultos con cierta edad, recordamos que en 1984, Rafael Escuredo, cesó como primer presidente de la Junta de Andalucía por acoso y derribo de su propio partido. A continuación, su sucesor, Rodríguez de la Borbolla, perdió la confianza de sus superiores y no fué nominado para un segundo mandato. A cambio, se envió a Manuel Chaves como candidato para las elecciones de 1990 con la mayoria absoluta garantizada de antemano.
Transcurridos casi 20 años de nefasta gestión y arrastrando un millon de parados como primer mandatario de la Comunidad Andaluza, el presidente Zapatero, en uno de esos días en que se siente especialmente iluminado, decide, equivocadamente, ascenderlo a vicepresidente tercero por el nada ortodoxo método de "la patada hacia arriba", inventándose un cargo lo suficientemente pomposo, con contenido de secretario de Estado y retribuido con sueldo de ministro. Con tal decisión, Zapatero, obliga a Chaves a abandonar la política andaluza, si bien, el remedio es peor que la enfermedad al incorporarlo al Gobierno. Tras descubrirse la concesión millonaria a la empresa donde trabaja su hija, Paula Chaves, como apoderada en la asesoria jurídica, su presencia en Madrid es como un grano infectado, supurante y de difícil tratamiento y curación.
 
Por el momento y sin que se note demasiado, al vicepresidente Chaves, se le están recortando sus escasas competencias y marginando de la financiación autonómica de la que se encarga Elena Salgado. Dimitirlo, aunque se lo merezca, sería altamente criticado por la "Oposición" que lo viene solicitando reiteradamente. Prescindir de un personaje recien nombrado, dañaría la imagen del partido y eso Zapatero lo sabe.
 
En plan jocoso y tratando de disfrazar el muñeco, a alguien se le ocurrió que cabría que el propio Chaves solicitase la dimisión por motivos de enfermedad: depresión aguda por nostalgia familiar unido a una manifiesta falta de aclimatación a la capital de España. Esta opción que en principio puede parecer descabellada, no lo es tanto, dado el vertiginoso ritmo de acontecimientos que vivimos actualmente. Transcurrida una semana, el ex-presidente de la Junta de Andalucía, pasaría totalmente al olvido con la lógica excepción de familiares, ciertos amigos y todos aquellos a los cuales favoreció (por algún motivo) con dádivas de todo tipo o un puesto de trabajo, que lógicamente verían peligrar con el repentino abandono de la política por parte de su mentor.
 
Manuel Chaves se equivocó al no inhibirse el día en que el Consejo de Gobierno Andaluz ratificó la citada concesión económica a la empresa MATSA. Vulnerar la Ley de Incompatibilidades Andaluza, favoreciendo a la empresa donde presta servicios su hija, constituye un descarado tráfico de influencias, que por mucho que se empeñe en rebatir con absurdos argumentos, descalificaciones e insultos a la Oposición, supondrá negativas consecuencias para el PSOE.
 
El actual vicepresidente tercero, tal como en su momento le aconsejó su familia, nunca debió aceptar el abandonar su reino de Taifas. Madrid le viene demasiado grande y se encuentra incómodo. Da pena verlo en el Congreso. A medida que el caso "Matsa" se enfangue y complique, serán sus propios colegas de cuerda política los que comiencen a tratarle con cierto desdén (como le ocurre a Luis Bárcenas en el PP) e indicándole con su actitud que debe "abandonar el barco". Prueba evidente de ello es que el propio ministro de Industria, Miguel Sebastián, conocedor de la metedura de pata, no le dedicó ni una sola palabra de apoyo cuando tuvo que responder a un pregunta en el Congreso sobre el "desafortunado" asunto.
 
Por su forma de actuar, expresarse, acento, talante, etc, Chaves, terminará siendo mofa y befa y no sólo por los miembros de la Oposición. Debería sopesar eso de que "una retirada a tiempo siempre es una victoria". Consideranto que su partido se niega a empreder cualquier tipo de reforma laboral (tremendo error) que suponga el abaratamiento del despido, dada su antiguedad enla política, a rázón de 45 días por año, su indemnización le supondría una cantidad nada despreciable. En fin don Manuel, pienselo pero no tarde demasiado; es un consejo.
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