Los valores de este inframundo

Arturo del Villar

AUNQUE se había promocionado el discurso televisivo de la reina Isabel II de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte como un acontecimiento histórico, este domingo 5 de abril de 2020, quedó eclipsado por la información facili-tada por el diario The Sun, el de mayor tirada en lengua inglesa, con 3.300.000 ejemplares. Inserta las declaraciones en exclusiva de una prosti-tuta de lujo, Louise Mcnamara, sobre la orgía en la que participó con una colega en el apartamento ocupado por Kyle Walker, lateral derecho del Manchester City.

 

 

Según su versión, el futbolista telefoneó a la “agencia” (sic) en la que tra-baja, para solicitar que le enviaran dos “azafatas” para celebrar una fiesta íntima el martes de la semana anterior, cuando estaba en vigor la cuarente-na impuesta con el fin de impedir la difusión del coronavirus mortal. Acu-dieron en un taxi, sin reparar en la cuarentena, y ganaron 2.200 libras por un trabajo de tres horas, libres de impuestos. 

Sea porque le pareció mezquino el pago, o porque no le satisfizo la actua-ción del futbolista, la infrascrita vendió a The Sun no solamente una des-cripción de la orgía, sino también dos fotografías del protagonista desnudo y supertatuado como un indio en el sendero de la guerra: en una de ellas aparece sacando unas botellas del frigorífico, y en la otra contado las libras que entregó a la “azafata” infiel.

¿A quién le puede importar que un sujeto alquile los servicios de una pro-fesional del sexo para pasar un rato amable en una habitación privada? Pues si el sujeto es un futbolista a toda la nación, y no sé si hasta a las anti-guas colonias del Imperio Británico, tanto como para convertirse en la noti-cia del día y superar la atención por el discurso de la soberana. Y eso que los británicos son muy partidarios de la monarquía, pese a que la actual di-nastía es casi tan corrupta como la española.

A mí, que ni soy británico ni me interesa absolutamente nada el fútbol, e incluso estoy en contra de que se paguen fortunas a esos analfabetos que tienen la inteligencia en los pies, la mayoría de las veces patas, me tiene sin cuidado lo que sucediera en aquella habitación entre dos parejas mayores de edad, libremente reunidas por su gusto.

Lo que me escandaliza es, en primer lugar, la difusión mediática del su-ceso privado, y después leer la petición de disculpas presentada por el inter-fecto, que siguiendo una real costumbre ha confesado que lo siente mucho, se ha equivocado y no volverá a ocurrir, como prometió el rey de España Juan Carlos I después de escoñarse al caer una noche de negrura africana por una escalera en Botsuana, adonde fue con una amiga entrañable para cazar elefantes y otras cosas: claro que no podía volver a ocurrir, como que quedó decrépito para el resto de su vida. Así dice, traducida al román pala-dino, la disculpa del lateral derecho tal como la publica The Sun:

Quiero aprovechar esta oportunidad para presentar excusas públicamente por la acción que he cometido. Comprendo que mi posición de futbolista profesio-nal me confiere la responsabilidad de ser un modelo para la sociedad. Por eso quiero excusarme ante mi familia, mis amigos, mi club, los aficionados y la gente en general por haberlos decepcionado.

El engreimiento del fatuo y putañero personaje es asombroso: afirma que por el mero hecho de pegar coces a un balón se ha convertido en un modelo a imitar por la sociedad. Lo malo es que probablemente será cierto, habida cuenta de la difusión mediática lograda con su hazaña. De modo que la so-ciedad supuestamente civilizada del siglo XXI no tiene como modelos de conducta a los científicos, los filósofos, los investigadores, los artistas, los astrónomos, los políticos, los escritores, los exploradores espaciales, sino a los futbolistas, los únicos héroes importantes de la historia humana. Si no se trata de una presunción de este golfo, es para lamentar tener que vivir en un mundo que ha olvidado el significado de los valores humanos.

imprenta, la penicilina, los rayos X, la insulina, las naves espaciales, las vacunas, los submarinos, los telescopios, ¿qué valor poseen si se los compara con una buena jugada futbolera concluida en un gol? Según  Kyle Walker, el héroe de nuestro tiempo es el futbolista, del que están pendien-tes las miradas de toda la sociedad civilizada. Así va el mundo. Mejor di-cho, no va. 

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO   




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