AGENDA DE UN CONFINAMIENTO: 5 DE ABRIL (IV)

Félix Barroso Gutiérrez

Ayer, sábado, día 4 de abril, efemérides de San Teódulo y San Agatópolo, zumbando un aire marceño que zarandeaba los toldos de nuestras troneras, el Gobierno de España prorrogó el estado de Alarma otro par de semanas.  Hay que atar los machos bien atados.  Curiosamente, el PP ofrece su apoyo a tal medida, pero, al poco, la derecha saca a la palestra al abogado y filólogo Alfonso Alonso Aranegui, exalcalde de Vitoria, y éste, rompiendo su mudez y la serenidad que le caracterizaba, se pone hecho un basilisco y despotrica a sus anchas contra la decisión gubernamental.

 

 

¿Pero dónde estaba escondido don Alfonso?  No habíamos quedado que había dimitido del Partido Popular del País Vasco el pasado 24 de febrero porque Pablo Casado Blanco, el de los másteres falsificados, le había defenestrado, fulminado y sentenciado.  Ya no iría como candidato a lehendakari en las próximas elecciones vascas, ahora aplazadas.  Le había pisado el callo el acordeonista Carlos José Iturgáiz Angulo, del sector duro y radicalmente antinacionalista del PP.

El dedo antidemocrático del presidente de la derecha pepeísta se las amaña muy bien para hacer y deshacer a su antojo.  Ahora, sacan a Alonso del baúl de los recuerdos y lo lanzan como ariete contra el Gobierno de coalición, a quien la triada derechoide califica de “socialcomunista” (como en los mejores tiempos del franquismo, cuando todo lo que se movía en aquel régimen denominado “El Movimientu” -no se movió nunca de sus tiranicidas esencias- era tachado de comunista).  Por lo menos, Casado sí ha atendido a la llamada del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez Pérez-Castejón.  Sin embargo, la gente de VOX, la ultraderecha, ni se ha molestado en coger el aparato.  Estas huestes reaccionarias y carcundas con llamar al Ejército para que se haga cargo de la nación, les basta y le sobra.

El cielo amenaza agua, pero continúa el aire y no nos llora ni una gota, al menos en esta mañana dominical, grisácea y sin un solo vehículo dirigiéndose al mercado de Ahigal, clausurado, como tantas otras cosas, hasta nueva orden.  Esperemos que a la tarde llueva.  Los “tíuh del tiempu”, como llama la gente a los meteorólogos de los telediarios por estos septentriones cacereños, anunciaban mucha agua para hoy por estas latitudes.  ¡Pero han fallado tantas veces…! Los paisanos comentan que “abril lloveeru, enllena el graneru” y que “máhvalinlaháguahd,abril que lohgüéh y la carrocita del rey Daví”.  Pero, ¡ojo!, que también cuentan aquello de “abril, abrileru, de siempre traicioneru” y “abril, abrileru, de ciento, unugüenu, y la vieja que lo dicía tenía ciento unu y no conoció nengunu”.

Escuchamos que se aplana, poco a poco, la curva de la pandemia y que el Número Reproductivo (R) inicia cierta remisión.  Pero hay que estar alerta, que la mosca sigue detrás de la oreja.  Algunos hay, por lo que nos cuentan en el boca a boca de terraza en terraza o de balcón en balcón, o por las redes sociales, que no sienten moscardoneo alguno en torno a su pabellón auricular y se permiten ciertas licencias totalmente prohibidas por los decretos publicados.  A lo mejor, cuando quieran percatarse de que la mosca se ha convertido en moscardón y ya moscardonea a la puerta del conducto auditivo, intentan espantarla de un guantazo y les cae encima un mamporro que los queda anonadados.  Eso para que vayan aprendido a ser solidarios con los que llevamos vida de cartujos (la ascética y la mística, acompañadas del recogimiento y desprendidas de ciertas teologías, también tienen su encanto y su mérito).  Y de modo especial para no alarmar más a todos esos ancianos que temen que traigan el virus los que llegan a la villa, al lugar o a la aldea por oscuros y retorcidos caminos.  Bastante tienen con el bombardeo televisivo que reciben desde “Maitines” a “Completas”, incluyendo otras horas fuera de las canónicas.

Andando ayer a la escucha de dos piezas de gran valor etnomusicológico enviadas por el buen amigo Emiliano Jiménez Domínguez, “Nanu de LahJúrdih”, ilustre tamborilero que enseña a los alumnos de la Escuela de El Mesegal a mover el “paloti”, “porra” o “cachiporra” y a tañer la gaita/flauta/”frauta”, me dieron la noticia del primer hijo del pueblo fallecido por la infección del coronavirus.  Me deleitaba oyendo las antiquísimas melodías de “LohPahtorih”, toda una pastorada o corderada lanzada por las voces de vecinos de la villa jurdana de El Casar de Palomero (audio de los años 70 del siglo XX) y la preciosa tonada de “El agua serena del río”, entonada magistralmente, con ese deje antiguo que le imprimen quienes formaron parte de un mundo folklórico que perdió ya parte de su magia, por María de la Cruz Hernández Talaván, hermana de dos tamborileros (“TíuJesú” y “TíuZiquié”) y abuela paterna de Emiliano.  Y Nano, que heredó la gracia tamborilera de sus antepasados, ya fallecidos, nos ofrece tales reliquias, con sus fotos en blanco y negro, para que nosotros también podamos disfrutar de ellas.

En ello andaba, cuando supe que Fidel Calvo Barroso, que cumpliría 93 primaveras el próximo 24 de abril y que se hallaba en una residencia de ancianos en Colmenar Viejo (Madrid), había caído en la lucha contra el mil veces maldito coronavirus.  De Fidel tengo recuerdos muy nebulosos.  Yo era pequeño y le veía como un hombre grande, muy moreno, unas enormes manazas de campesino y una espesa mata de pelo negro en la cabeza.  Emigró para Madrid y nunca se casó.  Y no sería por no faltarle oportunidades, pues, por oídas sé de su buena percha y del parecido que le sacaban con el actor Arturo Fernández.  Su resobrina Cintia Hidalgo Cabezalí me ha contado algunos particulares por vía telemática.

Nos siguen diluviando con oscuros y tenebrosos carteles en nuestros “feíhbuh” y “guasáh”, donde lo mismo se ve a Jesucristo arrojando a latigazos del templo al Papa Francisco que a dirigentes de la izquierda en actitudes pornográficas y tal y como los echó su madre al mundo; a sujetos envueltos en la bandera borbónica y soltando por sus bocas (no se lavan los dientes ni después de comer) toda una sarta de maldiciones, groserías, injurias, denuestos y dicterios que indican la talla moral que ellos mismos se ponen o a elementos con tatuajes nazis y brazo en alto que llaman al caballo bermejo, el de la guerra, del Apocalipsis y hacen votos por no dejar a un solo “rojo” en pie.  No sabemos de dónde habrán sacado nuestros teléfonos y otras filiaciones.  El mundo de las redes y otras aplicaciones telemáticas se ha vuelto, con la pandemia, uno de esos cuadros del célebre pintor holandés Pieter Brueghel el Viejo, en los que La Muerte baila su medieval danza, dando la impresión que, en la trastienda, la jalean un coro de muertos vivientes, vitoreando a la parca y ciscándose en la Ciencia.

Este domingo no hemos ido a arrancar “vardáhcah” de los olivos cercanos a la iglesia, como nos obligaban cuando éramos niños.  Eran tiempos de miedos, sombras, dogmas, ruedas de molino sobre las lenguas y manchas resecas y sanguinolentas sobre los muros y que aún no había borrado el tiempo.  Nosotros no fuimos muy conscientes hasta años después y aquellos tallos que arrancábamos casi era pura diversión.  En la tribuna de la iglesia, apelotonados los muchachos, nos entreteníamos en darnos algunos leves “vardahcázuh” en las corvas (años de calzonas y no pantalones largos) y a arrojar las pequeñas hojas de olivo por los intersticios del piso de madera, para que cayeran sobre las cocorotas de los vecinos que estaban abajo, en la nave.  No ha habido procesión del Domingo de Ramos y, teologías aparte, el pueblo ha estado más sonámbulo y más descolorido.

Es de esperar que la semana entrante se vayan despejando telarañas; que la ultraderecha (VOX) deje de relacionar a los partidos de la coalición gubernamental con el Covid-19 de manera sesgada y crapulenta; que José Antonio Monago, el que se fue, con nuestros dineros públicos, en avión a ver a su querida a las Islas Afortunadas (debería haber quedado descalificado para ejercer cargos públicos), deje de participar en anuncios pagados en Facebook para desacreditar al Gobierno y a la Junta de Extremadura, y que la musa que siempre fue más que musa vuelva hacia nosotros aquellos lindos ojos de nenúfares azules y se serenen las aguas revueltas.

Comentarios
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Segundo   |2020-04-07 12:27:46
Qué vergüenza que el Monago se preste como un mercenario a participar en ese
sainete ridículo y difamatorio de anuncios pagados en Facebook, con tal de
rosionar al Gobierno de coalición y sus esfuerzos en la crisis pandémica; no
tiene el mínimo pudor este individuo, que si en Extremadura hubiera lo que
tenía que haber este señor estaría invalidado de por vida para ostentar
cargos públicos.
Repuntando   |2020-04-07 12:30:53
Eso está claro, si el Monago se fue a ver a su querida con los dineros
públicos que son de todos y no ha devuelto ni un céntimo y se lo hemos
consentido la culpa tanto es de él que no tiene vergüenza, de su partido el
PP, que como decían los jueces, era una asociación para delinguir, que tiene
menos vergüenza aun y también de todos los extremeños que lo han votado para
senador.
Los Muchachos   |2020-04-07 12:32:55
Los que han votado a Monago para senador demuestran que no son simpatizantes o
militantes del PP, sino que son hinchas, adoctrinados y fanáticos, pues votar a
un tío que ha robado dinero de las arcas públicas convierte a éste en ladrón
pero los que le votan son cómplices igualmente.
Buen Rollo   |2020-04-07 22:22:19
La ultraderecha, esa gente (por decir algo) de VOX (la mayoría son unos pobres
infelices que no tienen donde caerse muertos, pues siempre los más
desinformados fueron presa más fácil para los ultranacionalistas hispánicos
en nuestro caso), se atreven con esos carteles infamantes, donde Jesucristo
flagela al Papa Francisco y lo echa del templo. Seguro que si ellos llegaran al
poder, romperían con este Papa,que con sus defectos es un aliado o más que los
que han estado antes de los pobres, incluso pedirían que fuera quemado en una
hoguera.
Aurora Roja   |2020-04-07 22:26:14
Cierto que hay mucho elemento suelto que no cumple con los decretos de la
pandemia, sobre todo en los pueblos pequeños, como estoy comprobando día a
día, se aprovechan de que la guardia civil no puede cubrir como es debido la
zona porque no cuenta con suficientes efectivos y salen por las afueras del
pueblo y llevan a niños pequeños, y se ven abuelos con nietos y a otra gente,
como si la cuarentena fuese una romería. A este paso estamos encerrados hasta
el verano.
Jurdana   |2020-04-07 22:31:27
Ya vemus Ti Feli que estáis mu bien entreteníuh con el confinamientu y lo
aprovecháis mu bien pa esparigilvuh la cabeza contandu mu bien contau lo que
ocurri alreol de la su casa y ya de pasu pos le jarrea unus güenus papotis a
tos esus farfoleas que andan sueltus y entoavía no les han puestu las
mojaíllas en el cabezón, pa frenal-lis las sus ultraderechistas correrías y
toa la fanfarronería que llevan encima. Pos a dal-li leña y que el mes de
abril mos siga dandu güen temperu, que güena falta jadi pa tó, pal campu y pa
las presonas.
Rosalía   |2020-04-08 17:10:03
Yo también estoy hasta el mismísimo gorro del atosigamiento que me tienen en
las redes sociales e incluso en mi correo electrónico, cuando no sabemos como
esos elementos se han podido hacer con nuestras filiaciones; no nos podemos fiar
hoy ni de nuestras sombras, esto tiene que cambiar, pues no pueden robarnos
nuestras intimidades impúnemente. Estoy de la ultraderecha hasta arriba y
nadie le pone freno a sus desmanes, y, claro, si llega a pasar lo que pasó en
los años 30, que no digan después que no lo sabían.
Viento cierzo   |2020-04-08 17:57:33
Con esto del virus pensamos que en la información de Extremadur no se citan
algunos casos, porque sabemos de una residencia de ancianos cercanas al pueblo
donde vivimos en que se han dado varios casos y hay ingresos en el hospital
cercano y otros en aislamiento en la misma residencia y ni siquiera hemos oído
que se haya hablado de esta residencia en ninguna parte de los medios de radio,
televisión o la prensa de Extre,madura.
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