Otro timo internacional a España

Arturo del Villar

EN 1817 Rusia timó al reino de España con la venta de unos buques in-servibles que debieron ser desguazados, y en 2020 una compañía china sin licencia de actividad ha timado al reino de España, vendiéndole unos apara-tos defectuosos destinados a detectar de forma rápida en teoría la infección por coronavirus. En el caso de los negociadores de 1817, reinando Fernan-do VII, está demostrado que se produjeron sobornos, y que hasta se benefi-ció de ellos Pepa la Malagueña, la amiga entrañable y favorita del monarca más corrupto de la historia de España antes de 1975.

En el caso de los ne-gociadores actuales, reinando Felipe VI, será preciso investigar si se han dejado sobornar o son simplemente unos estúpidos ineptos.

Lo cierto por ahora es que el in competentísimo ministro de Sanidad, Sal-vador Illa, licenciado en Filosofía y anteriormente alcalde de pueblo, no sólo es incapaz de salvar a nadie del contagio con el virus, sino que el 26 de marzo ha reconocido que 9.000 test rápidos para la detección del virus comprados a la empresa china Bioeasy Biotechnology no sirven para ese fin al que iba destinados.

Según ha comunicado la Embajada de la República Popular China esta empresa no tiene licencia para fabricar esos aparatos, de modo que ha en-gañado a los compradores españoles como a chinos, según suele decirse en lenguaje popular. Sin embargo, el filósofo Illa sostiene que había sido in-vestigada profundamente, para llegar a la conclusión de que era muy fiable. Como a chinos.

Menos mal que la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Isa-bel Díaz—Ayuso, descubría al mismo tiempo el plan que ha maquinado para terminar con la pandemia: levantar un monumento en la zona de Ma-drid Nuevo Norte al personal que interviene en el cuidado a los contagiados por el virus. Somos madrileños, pero nos trata como a chinos. La culpa es de quienes votan a esta tropa. 

ESPAÑA EN RUINAS

Este timo internacional actualiza otro sucedido a poco de empezar el rei-nado de Fernando VII, apodado El Rey Felón muy justamente, además de Narizotas y otros calificativos relacionados con su costumbre de mandar matar a sus vasallos. Al recuperar el trono en 1814 se encontró con un país destrozado a consecuencia de la guerra librada contra los invasores france-ses, a los que él sirvió cuando le convino
. En concreto la Armada era una ruina, se componía de una ridícula flota de 16 buques, de los que solamente cuatro se hallaban en condiciones de navegar. La marinería no cobraba sus salarios, debido a que la Hacienda estaba quebrada, y a los trabajadores de los astilleros les sucedía lo mismo, y además carecían de material para in-tentar hacer algo. Entre tantas otras pérdidas, España había dejado de ser una potencia marítima.

Fernando VII se rodeó de una camarilla compuesta por curas y gentes del pueblo incultas y avariciosas. Ya que el monarca era aficionado a jugar al billar, le facilitaban siempre las mejores jugadas, de donde viene el refrán “así se las ponían a Fernando VII”, y además le procuraban prostitutas para tenerlo contento, como es una costumbre habitual entre los borbones, inclu-so después de 1975.

Fernando VII y Felipe VI, ambos borbones.

Alertados por el desbarajuste dinástico ocasionado en España con la dis-puta entre Carlos IV y Fernando VII por la posesión del trono, los habitan-tes de las colonias americanas pensaron que les convenía independizarse de esa gente. Después la invasión francesa organizó tal desbarajuste que los independentistas dedujeron que había llegado su hora. El ejército colonial no era suficiente para acabar con la insurrección, de manera que se pidieron refuerzos a la metrópoli, y para llevar las tropas al territorio americano se precisaban barcos, algo de lo que aquella España carecía.

La gran potencia naval era entonces Inglaterra, que no deseaba tener competencia en el dominio de los mares, por lo que sería inútil proponerle la compra de unos barcos. En cuanto a Francia, se hallaba peor que España tras la fallida aventura napoleónica, de modo que la camarilla acordó ad-quirir unos buques al Imperio ruso, dominado entonces por el zar Alejandro I, otro autócrata que podía parangonarse con Fernando VII.     

LOS BARCOS RUSOS

El embajador ruso en Madrid, Dimitri Tatischchev, comunicó a su zar en marzo de 1816 que el rey de España quería comprarle toda una flota. El Imperio ruso no podía desprenderse de tantos buques, por lo que el acuerdo final se redujo a cinco navíos de línea y tres fragatas, por un importe de 13.600.000 rublos.

Se firmó el acuerdo en el Palacio Real de Madrid el 11 de agosto de 1817, por el embajador ruso y el secretario de Estado de la Guerra, un pa-niaguado del monarca, Francisco de Eguía, alias El Coletilla, sin comuni-cárselo a los responsables de la Armada en la camarilla real. Entonces no existían los ministros, sino los secretarios de Estado, que se reunían bajo la presidencia del rey cuando él lo ordenaba. Conocido su carácter despótico, no parece probable que los secretarios le discutieran ningún proyecto si de-seaban conservar el cargo.

La camarilla con su señor a la cabeza no tuvo en cuenta a los dirigentes de la Armada, con el fin de repartirse equitativamente los sobornos, según costumbre borbónica mantenida a lo largo de la dinastía. Se incluyó en el reparto a la amiga entrañable del rey, porque también es costumbre borbó-nica que participe en los negocios sucios del monarca incluso después de 1975. Esta dinastía está muy unida en lo malo.

Según el acuerdo los barcos serían entregados en Cádiz, y el reino de España los pagaría a plazos, habida cuenta de su exhausta Hacienda. Ade-más también se haría cargo de los gastos ocasionados por el regreso de los marinos a Rusia después de cumplir su misión. Se construyeron en Krons-tadt, en donde fueron botados el 27 de setiembre de 1817, se detuvieron en puertos británicos para someterse a unas reparaciones, hasta que los vientos fueran favorables, y al fin, después de 146 días de navegación arribaron a Cádiz el 21 de febrero de 1818. Una singladura incomprensible en la época: por algún motivo oscuro se detendrían en la Gran Bretaña.

AL DESGUACE

Como era preceptivo los buques fueron examinados por ingenieros nava-les para elaborar un informe sobre su estado, y resultó demoledor: estaban construidos con maderas de pino que se habían podrido, por lo que sola-mente uno podía ser aceptado, considerando a los demás inútiles para na-vegar. Cuando lo conoció Fernando VII se encolerizó, en este caso justifi-cadamente, y tomó una decisión muy propia de él: destituyó al secretario de Estado y Despacho de Marina e Indias, José Vázquez de Figueroa, ajeno por completo a esa operación que se le ocultó para impedirle participar en el soborno, y no contento con ello lo desterró a Galicia. También fueron destituidos los más altos cargos de la Armada.

Ninguno de ellos era responsable del desastroso acuerdo, pero el rey no podía quedar involucrado en aquel timo ruso, toda la culpa les pertenecía a los vasallos. Los reyes no son responsables nunca de sus actos, sino las per-sonas que los refrenden, tal como lo asegura el artículo 64:2 de la vigente Constitución borbónica de 1978. A Fernando VII no le gustaba la Constitu-ción de 1812, de manera que la juró y la perjuró según le convino. A los borbones no les cuesta nada jurar, sabiendo que harán lo que les dé la real gana, antes y después de 1975. Para eso son reyes.

Los astilleros gaditanos de La Carraca intentaron reparar los buques, un trabajo inútil, por lo que acabaron siendo desguazados en 1823. Sin embar-go, el reino de España continuó pagándoselos al zar. Ante la protesta por el timo llevado a cabo con premeditación, quizá por suponer que aquellos es-pañoles eran estúpidos y no se darían cuenta de los desechos que les ven-dieron, el zar se comprometió a regalar gratis total tres fragatas más. Efec-tivamente, arribaron a Cádiz el 12 de octubre de 1818, y los ingenieros navales que los  examinaron comprobaron que estaban tan decrépitos como los barcos anteriores. Una tomadura de pelo para añadir a la estafa.

La diferencia entre estos dos timos internacionales al reino de España ra-dica en que el perpetrado en 1818 lo cometió el zar de todas las Rusias con sus ministros, en tanto el de 2020 lo ha llevado a cabo una empresa particu-lar china sin permiso oficial para fabricar, en una operación realizada entre sus responsables y los irresponsables negociadores españoles, sin interven-ción del Gobierno de la República Popular China. Los negociadores espa-ñoles de 1817 fueron engañados por el zar ruso y sus ministros, en tanto los de 2020 se han equivocados ellos por ignorancia, y por haber pospuesto la compra de materiales para detener una pandemia mortal hasta que otros países los habían adquirido antes. Así ahora tienen que contentarse con las sobras inservibles. Lo malo es que por su ineptitud están muriendo los es-pañoles.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO         

Comentarios
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solo es bueno   |2020-03-28 23:09:07
el borbón derrocado
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