El padre, el hijo y el espíritu borbónico

Mª Luisa Borbón de Parma

SIGUIENDO la costumbre borbónica, el rey Felipe VI emitió un comu-nicado oficial el 15 de marzo de 2020, desentendiéndose de su padre, el rey decrépito Juan Carlos I, por la comisión de irregularidades financieras de las que él alega no saber nada, y privándole de la asignación anual de 194.232 euros que le facilitaban los Presupuestos de la Casa del Rey, equi-valentes a los impuestos pagados por los vasallos.

Padre e hijo borbónico no se entienden. La familia irreal es muy irreal, y además no es una familia, como no lo es ninguna de esta dinastía. Será el motivo de la afición de sus titulares a coleccionar amantes, lo mismo los reyes que las reinas. Recordemos la historia más repulsiva en esta dinastía, aunque facilita numerosas historias repelentes para elegir: la de Carlos IV y su hijo putativo Fernando VII, dos pésimos reyes que nos avergüenzan. 

Carlos IV casó en 1765 con su prima hermana María Luisa de Borbón Parma, conforme a la costumbre endogámica causante de la degeneración de esta dinastía. Era una mujer feísima y padecía, como buena borbona, in-continencia sexual. Su aspecto era muy desagradable, parecía una bruja de cuento. Había perdido toda la dentadura, lo que le obligaba a utilizar una postiza de marfil, que debía quitarse para comer, de modo que lo hacía sola en una habitación sin testigos. También se la quitaba en la cama, así que la utilizó poco tiempo. Tuvo 24 embarazos, cada uno de un padre, con predi-lección por los soldados de la Guardia Real, de los que se lograron catorce, pero solamente siete llegaron a la edad adulta.

TODOS LOS HIJOS ADULTERINOS

Su confesor, fray Juan de Almaraz, contó que María Luisa le había auto-rizado a revelar que ella juraba que ninguno de sus hijos fue engendrado por su legítimo marido. Tal atrevimiento le costó ser secuestrado por orden de Fernando VII, y encerrado en el castillo de Peñíscola, sometido a tales torturas que enloqueció.

Al infante Francisco de Paula se le apodaba en pa-lacio “El del abominable parecido”, por ser el vivo retrato a escala reducida de Manuel Godoy. Este infante fue el padre de Francisco de Asís, el esposo putativo de la reina Isabel II, nieta de María Luisa, y tan golfa como ella, no en balde las dos eran borbonas.

Sus veleidades con todos los guardias terminaron al enamorarse de uno de ellos, Manuel Godoy y Álvarez, de 17 años, y 16 más joven que ella. Según relató el citado Francisco de Asís, para gozar libremente del mozo le contagió la afición por él a su marido, y lo cierto es que aquel guardia sin cultura ni educación sustituyó a sus 25 años, el 15 de noviembre de 1792, al conde de Aranda en el cargo de primer secretario de Estado, equivalente a primer ministro.

Sucesivamente fue ennoblecido con los títulos de marqués de Álvarez, duque de Alcudia y de Sueca con grandeza de España, príncipe de la Paz y de Basano, alteza serenísima, junto con los cargos de capitán general de los Ejércitos y gran almirante de España e Indias. Para justificar su familiari-dad con los reyes, lo casaron con la condesa de Chinchón, prima de Carlos, hija del infante Luis. Pese a todos los títulos, para el pueblo español Godoy fue siempre El Choricero. En las cortes europeas servía de cotilleo escanda-loso la española. Es que el carácter español está aborregado.

LOS CUERNOS REALES

Carlos no estaba llamado a ser rey, puesto que era el segundo hijo de Car-los III, pero el primogénito, de nombre Felipe, era subnormal profundo, y en cambio él disimulaba la estupidez borbónica congénita. Comenzó a re-inar el 14 de diciembre de 1788, dejando el Gobierno en manos de sus con-sejeros hasta entregarlo en las de Godoy. En este punto continuaba la tradi-ción borbónica, dada su incapacidad para entender nada sobre la política. También seguía la costumbre de lucir una cornamenta nutrida.

Su reinado fue una sucesión de disparates, como era inevitable. Vivía asustado, porque al año siguiente de empezar a reinar estalló la Revolución Francesa, que condujo a sus reyes a la guillotina. Temía que a él le sucedie-ra lo mismo, aunque el pueblo español es consuetudinariamente más resig-nado con los monarcas heredados, que según fórmula tradicional, lo eran por la gracia de Dios, hasta Juan Carlos I, que lo es por la del dictadorísimo genocida su padrino.

Heredero de la Revolución Francesa, el general Napoleón Bonaparte se propuso dominar a toda Europa, y sospechó que con aquellos reyes podría conquistar a España fácilmente, porque el pueblo aprovecharía para librarse de ellos. Desconocía la psicología española, porque verdaderamente es in-comprensible. Por el tratado de Fontainebleau, firmado el 27 de octubre de 1807, el Ejército francés fue autorizado a entrar en España para invadir Portugal y dividirlo en tres partes: el Norte para la reina de Etruria, María Luisa, hija de Carlos IV, casada con Luis de Borbón; el centro para domino francés, y el Sur para Godoy, que sería príncipe de los Algarves, alcanzan-do así su mayor gloria. El plan secreto de Napoleón, no obstante, consistía en apoderarse de España, además de Portugal, para él mismo.

El príncipe de Asturias, Fernando, con la colaboración de algunos nobles avergonzados, organizó una conspiración contra Godoy. Pero el favorito contaba con espías fieles, que le informaron de todo, y él se lo contó a Car-los, quien hizo confesar a su hijo los nombres de los conjurados a cambio de recibir su perdón. Ahí empezó a demostrar Fernando su calaña, porque los denunció, fueron desterrados, y él continuó disimulando su odio al fa-vorito, en espera de otra ocasión mejor para saciarlo.

LA INVASIÓN FRANCESA

De modo que el Ejército francés encontró muy sencilla la entrada en Es-paña. El mariscal Murat, delegado personal de Napoleón, se instaló en Ma-drid, con la pompa de un rey de hecho. El pueblo decidió aprovechar una situación tan indecisa, y el 17 de marzo de 1808 se amotinó en Aranjuez, en donde se hallaba la Corte. El palacio de Godoy fue asaltado, pero no se le encontró porque se había escondido en una alfombra enrollada.

Loa amotinados cercaron el palacio del rey y exigieron la destitución de Godoy, a lo que el temeroso Carlos IV se avino, con el recuerdo siempre de la Revolución Francesa presente. La multitud aclamó a Fernando como rey, y su padre abdicó en él la Corona para calmar los ánimos del pueblo. La noticia se extendió pronto por España, y Fernando entró en Madrid el día 24, aclamado como rey Fernando VII. Sin embargo, necesitaba el refrendo de las Cortes para poder ser rey legalmente.

Por lo mismo, los todavía reyes Carlos y María Luisa se dirigieron a Mu-rat, lo que equivalía a reconocerlo como árbitro de los destinos de España, y le aseguraron que la abdicación era nula por ilegítima, ya que fue arran-cada con amenazas. En consecuencia, solicitaban una intervención del Ejército francés para recuperar el trono, lo que sin duda constituye un delito de lesa patria. La decisión de Murat fue comunicar a Napoleón las disputas  entre el padre y el hijo (caso de que lo fuese verdaderamente) por la pose-sión del trono, para que él decidiese. Tales informes permitieron al empe-rador imaginar que el pueblo española estaría deseando librarse de esa di-nastía corrompida, recibiría de buen grado su sustitución por otra, la que tenía pensado instaurar en su hermano José.

De modo que convocó a la familia borbónica en Bayona, para allí tomar una decisión. A todos les pareció bien y viajaron voluntariamente a la cita, excepto Godoy, llevado a la fuerza por orden imperial. El día 20 de abril cruzó Fernando la frontera, y el 30 le imitaron Carlos y María Luisa. El 3 de mayo lo hizo el infante Antonio, a quien su sobrino Fernando había nombrado presidente de una Junta de Gobierno encargada de regir el país durante su ausencia, pero que nunca llegó a tomar ningún acuerdo.

ABDICACIONES Y RENUNCIAS

Se equivocó Napoleón, debido a que el ignorante pueblo confiaba en Fer-nando,  al que dio el apodo de El Deseado, aunque iba a resultar el más in-deseable de todos los borbones, al menos hasta entonces. El 2 de mayo de 1808 comenzó como un motín en Madrid lo que se convirtió en una guerra contra los franceses. Los fusilamientos llevados a cabo el día 3 motivaron un cuadro magistral, como suyo, de Goya.

En Bayona los borbones demostraron un comportamiento abyecto, arro-dillados sumisamente ante el emperador, en espera de que decidiese quién era el rey de España. Los padres y el hijo se acusaron mutuamente de toda clase de vulneraciones de las leyes, con un comportamiento repugnante que asqueó a Napoleón, para quien resultaba incomprensible que esa familia pudiera haber reinado sobre un país europeo.

El astuto emperador convenció a Carlos IV para que ese 3 mayo confir-mara su abdicación, pero no en Fernando, sino en Napoleón, al que cedió  los derechos sobre el trono de España y las Indias. El día 6 Fernando re-nunció también a sus derechos como rey, y el 12 lo hicieron a sus derechos como infantes Fernando, su hermano Carlos y su tío Antonio. Los tres se retiraron con su séquito al castillo de Valençay.

Así terminó el pleito entre el padre y su presunto hijo con absoluta legali-dad, ya que los interesados renunciaron voluntariamente a sus derechos di-násticos a favor de Napoleón, quien cedió la Corona a su hermano José.

Y así concluyó también legalmente la dinastía borbónica en España, aunque sigue aquí, y repite el espectáculo grotesco de mostrar ante el pueblo un pleito intolerable entre el padre y el hijo. Es uno de los defectos de la mo-narquía, entre tantos otros: en una República sería imposible un comporta-miento semejante, porque los cargos políticos son elegidos democrática-mente, no son ni vitalicios ni hereditarios. Es uno de los motivos para preferir siempre el régimen republicano.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENI

Comentarios
Añadir nuevo
gentuza borbónica   |2020-03-23 14:25:05
panda de sicópatas descerebrados y fulanas amorales
urbano   |2020-03-23 14:31:04
o sea que los borbones descendientes de Franco, ni siquiera son bastardos, son
engendros en su dia de esta tipa Maria Luisa de Parma
Anónimo   |2020-03-23 14:35:06
Repasar la historia de España y la dinastía Borbónica, solo puede conducirme
a la mas absoluta repugnancia, al mismo tiempo que no consigo entender la
tolerancia e indiferencia de todo un pueblo ante tamaños desmanes. Pero si eso
se me antoja incomprensible en aquella época ahora me parece indignante e
inadmisible
Nombre:
Email:
 
Título:
Código UBB:
[b] [i] [u] [url] [quote] [code] [img] 
 
 
:angry::0:confused::cheer:B):evil::silly::dry::lol::kiss::D:pinch:
:(:shock::X:side::):P:unsure::woohoo::huh::whistle:;):s
:!::?::idea::arrow:
 

3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."

 

El Bueno

EL FEO

EL MALO

UNO QUE PASABA POR AQUI