Sofía frente a la madera de Medinaceli

Arturo del Villar

LA Oficina de Prensa de la Casa Real comunica este 6 de marzo de 2020 que, al ser primer viernes del mes, la reina decrépita Sofía acudió a orar an-te la imagen de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, siguiendo una tradición de las sucesivas familias irreales desde hace 300 años. Lo que demuestra que el pueblo español ha estado regido todo ese tiempo por unos monarcas tan crédulos como estúpidos. Ella es muy devota catolicorromana desde que abandonó la religión en la que había sido educada, la ortodoxa griega, para poder casarse con el príncipe Juan Carlos de Borbón, que algún día sería rey católico de España, título concedido por el papa Alejandro VI a Isabel y Fernando y sus sucesores el 19 de diciembre de 1496. Así de arrai-gada está la religiosidad en ella. Debió de pensar que Madrid bien vale una misa, aunque probablemente se habrá arrepentido de aceptar a ese marido que ha sumado hasta 1.500 barraganas, convirtiéndola en La Malquerida.

Si de verdad cree que la imagen es capaz de hacer milagros, le habrá pe-dido que su donjuán marido salga bien librado de la investigación que se está llevando a cabo en la banca suiza, acerca de una comisión de cien mi-llones de dólares pagada por el tirano de Arabia Saudí por mediar en la construcción del ferrocarril a La Meca. Él regaló 65 a su última barragana, que entonces decía ser princesa y se ha quedado en Corina Larsen. Solicitar a la imagen que hiciera el milagro de lograr que su putañero marido vuelva a conformarse con el hecho de compartir el lecho solamente con ella, segu-ro que no lo pidió, porque sabe que eso no hay imagen que lo consiga, ni el mismísimo Dios Padre: los borbones están dejados de la mano de Dios.

UN  SACRILEGIO CONTINUADO

Si la reina decrépita hubiera leído la Biblia, libro considerado sagrado por todos los cristianos, tanto los ortodoxos griegos como los catolicorromanos, sabría que es un sacrilegio adorar a las imágenes. Está prohibido por el mismo Dios, llamado Yahvé o Jehová, en el segundo mandamiento del de-cálogo que él mismo entregó a Moisés en el Sinaí, según se narra en los versículos 4 y 5 del capítulo 20 del Éxodo: “No te harás esculturas ni ima-gen alguna de lo que hay en lo alto de los cielos, ni de lo que hay abajo so-bre la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postra-rás ante ellas y no las servirás, porque yo soy Yahvé, tu Dios, un Dios celoso, que castiga en los hijos las iniquidades de los padres hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian”, palabras repetidas casi exacta-mente en Deuteronomio 5:8 y 9, para que no haya duda. Cito por la traduc-ción canónica bendecida por varios papas de la Sagrada Biblia hecha por Eloíno Nácar y Alberto Colunga,  publicada por la Editorial Católica en su Biblioteca de Autores Cristianos.

La secta catolicorromana tiene abarrotados sus templos de imágenes, con el correspondiente cepillo para que los fanáticos depositen su óbolo, por lo que ha osado eliminar el segundo mandamiento del decálogo de sus cate-cismos, aunque no se atrevió a modificar el texto bíblico. Por eso los cato-licorromanos tenían prohibido leer la Biblia, y la Inquisición quemaba vi-vos a los traductores, impresores, vendedores, compradores o lectores, hasta que el Concilio Vaticano II lo autorizó mediante la constitución dog-mática Dei verbum, firmada el 18 de noviembre de 1965 por el papa Pablo VI, cuando ya la Iglesia carecía de potestad para quemar a nadie.
También es sacrílego llamar a esta imagen Nuestro Padre Jesús de Medi-naceli, porque Jesucristo explicó a los apóstoles: “Todos vosotros sois her-manos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno es vues-tro Padre, el que está en los cielos”, lectura del Evangelio según Mateo, 23:8-9. También les recomendó que orasen en el secreto de sus aposentos y no en público, y les enseñó la oración modélica, el Padrenuestro, tal como relata el mismo evangelista en el capítulo 6, versículos 9 a 13.

UNA MADERA PERDEDORA

La reina comete un sacrilegio tranquilamente, al orar ante esa imagen de 1.73 metros de alto, hecha en madera policromada a principios del siglo XVII. Es una de las más ricas entre las de Jesucristo, porque posee un ar-mario con 300 túnicas diferentes, casi una para cada día del año, y una co-rona de oro macizo con pedrería que pesa medio kilo. Todo ello en contra de la predicación de Jesucristo, que ordenó a sus discípulos desprenderse de las riquezas (7:24 en el mismo Evangelio), y al joven rico que deseaba ser su discípulo le recomendó que vendiera todas sus posesiones y distribu-yese el dinero logrado entre los pobres (19:21). Este año se ha prohibido besarle el dedo gordo del pie izquierdo, que según la tradición es el que realiza las peticiones de los fieles, por miedo a extender más todavía el co-ronavirus, que su majestad católica transporta en su corona.

Resulta ilógico que se considere milagrera a esta imagen, puesto que su historial es desastroso. Cuando los españoles conquistaron en 1614 la loca-lidad marroquí de Mámora, trasladaron allí esa imagen como señal de po-derío cristiano sobre los seguidores de Mahoma. Sin embargo, en 1681 fue reconquistada la ciudad, y la imagen llevada a Mequinez en son de burla, para testificar el poder del Islam sobre el cristianismo, en donde sufrió toda clase de escarnios, sin que la madera mostrase ningún poder para evitar el bochorno de verse insultada y arrastrada por las calles. Todo lo sufrió en silencio. Como era lógico en un trozo de madera, por policromado que esté y túnicas que coleccione. Tuvo que ser rescatada por frailes mercedarios, pagando su peso en oro. Hubieran debido dejarla allí, una vez comprobado que no sirve para hacer  milagros.

Pese a esta demostración de su inutilidad, fue devuelta a Madrid en triun-fo, y a la gente crédula le dio por decir que hacía milagros. El día preferido para llevarlos a cabo es el primer viernes de marzo, se ve que la madera re-sulta caprichosa, y concede a los crédulos uno de los tres milagros que le pueden pedir al besarle el dedo gordo del pie izquierdo. Además de capri-chosa es tacaña, qué le costaría cumplir los tres. Para hacerse con el mila-gro se forman colas de crédulos ante el templo, incluso llegados de otras provincias, porque el fanatismo no tiene límites, y lo visita un miembro de la familia irreal, este año la reina decrépita, que es asidua, aunque podía quejarse a la madera de que le haya dado ese marido crápula.

Los adoradores de la madera forman parte de la Archicofradía Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno, porque resulta que el leño posee esclavos, en contradicción con lo dispuesto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El dato es tan ridículo por absurdo que no merece la pena denunciarlo ante el Tribunal Internacio-nal, pero demuestra el fanatismo del pueblo español, y también el de sus reyes. Así nos va.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO





Comentarios
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madera poco milagrera   |2020-03-07 12:45:36
Cuando los españoles conquistaron en 1614 la loca-lidad marroquí de Mámora,
trasladaron allí esa imagen como señal de po-derío cristiano sobre los
seguidores de Mahoma. Sin embargo, en 1681 fue reconquistada la ciudad, y la
imagen llevada a Mequinez en son de burla, para testificar el poder del Islam
sobre el cristianismo, en donde sufrió toda clase de escarnios, sin que la
madera mostrase ningún poder para evitar el bochorno de verse insultada y
arrastrada por las calles. Todo lo sufrió en silencio. Como era lógico en un
trozo de madera, por policromado que esté y túnicas que coleccione. Tuvo que
ser rescatada por frailes mercedarios, pagando su peso en oro. Hubieran debido
dejarla allí, una vez comprobado que no sirve para hacer milagros.
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