FORMAS DE GOBIERNO

Ángel Morillo Triviño

Cuando estudié Magisterio (hace algo más de 50 años), recuerdo que Pedagogía era la asignatura más difícil de aprobar. Conseguí aprobarla, pero como siempre he sido algo así como “un sí, pero no”, no fui capaz de terminar la carrera; me negué a “fabricar” una pequeña silla de madera y a aprender que significaba “anacrusa”. Cosas del destino, errores que se cometen cuando uno es joven y sólo piensa demasiado en lo que no debe. Que, a la larga, se paga caro.

Pero hablando de Pedagogía, conviene que se sepa algo sobre todas las formas de gobierno que se utilizan para la gobernanza de los países, es decir, es necesario un poco de Pedagogía para que la gente sepa de qué manera se la está llevando al huerto: si de forma adecuada (harto difícil), o de modo un tanto confuso, explotador y hostigador. Quizás no sea servidor la persona adecuada para impartir tal menester, pero alguien tiene que decirles a los españoles algo -aunque sea de manera efímera- sobre las formas de gobierno más comunes, para que luego piense un poco más en el trato que recibe, y por qué ocurre lo que ocurre; como, por cierto, es lo que está ahora pasando con el campo, que tiene media España llena de tractores (cortando autovías y carreteras incluso en Extremadura donde generalmente “el que se mueve, no sale en la foto”) con chalecos amarillos como en Francia. La política ha conseguido llenar el vaso de la desfachatez de los precios en origen y la geta de la UE y su famosa PAC para latifundistas y millonarios.

¿Definimos pues las formas de gobierno más comunes? Según Platón, el orden de mejor a peor de los Estados, es: Aristocracia o Monarquía (ejercen el poder varias personas o una sola); Timocracia (ejercen el poder los ciudadanos que tienen cierto nivel de renta); Oligarquía  (el poder está en manos de unas pocas personas pertenecientes a una clase social privilegiada, según Aristóteles es una degradación de la Aristocracia); Democracia (sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho de éste a elegir y controlar a sus gobernantes, para Aristóteles la Demagogia es la corrupción de la Democracia, muy típica de la clase política española); y Tiranía (abuso de la superioridad o del poder en el trato con las demás personas, para Aristóteles una degradación de la Monarquía). No obstante, Aristóteles fue un poco más allá y creo su propia forma de gobierno mixto, al que llamó Politeia (gobierno democrático-aristocrático).

Pero hay otras formas de gobierno (multi definidas) que están en la actualidad muy presentes, aunque constituyan degeneraciones de las degeneraciones -valga la redundancia- de las antedichas. Es el caso, por ejemplo, de Plutocracia: Una forma de gobierno en que el poder está en manos de los más ricos o muy influenciado por ellos. Algo similar a Capitalismo, actualmente muy de moda en su versión más opresora y rayana en la esclavitud y convertido en una más que fábrica de pobres. La Plutocracia es la corrupción de la Politeia de Aristóteles, es decir, la corrupción de la Democracia y la Aristocracia, que hasta el propio Churchill condenó. Modernamente en España la ejercen grupos empresariales como el “Grupo Prisa (El País, Cadena Ser, Cuatro, Los 40 principales…), Sogecable del Grupo Santander Central Hispano y BBK, La Caixa Holding (La Caixa y Gas Natural) entre otros del PSOE; y Radio Popular (Cope, Cadena 100…) a través de la Conferencia Episcopal Española, Mapfre, Caja Madrid Holding (Caja Madrid, Endesa) del Partido Popular.

En Europa, La Troika (FMI, BCE y Comisión Europea) ha instaurado una Oligarquía Plutocrática que se ha mostrado palpablemente durante la crisis del euro y la Gran Recesión cuando se postergarían las demandas sociales, la lucha contra los paraísos fiscales, el control de la Banca, la Tasa Tobin y cualquier otra medida que pudiera poner límite al “establishment financiero” o exclusivo beneficio del poder bancario.

O el caso de Oclocracia: Gobierno de la muchedumbre (¡500.000 políticos! en España) o degeneración de la Democracia, del mismo modo que la Monarquía puede degenerar en Dictadura o la Aristocracia en Oligarquía. ¿Es el caso de España? Si no lo es, no anda muy lejos.            

Otra de las degeneraciones patentes en nuestro país es sin duda la Cleptocracia: El establecimiento y desarrollo del poder basado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el nepotismo, el clientelismo político y/o peculado, debido a que todos los sectores del poder están corruptos, desde la justicia, funcionarios de la Ley y todo el sistema político y económico.

Por último, no conviene olvidar el antedicho Clientelismo Político: El intercambio extra oficial de favores, en el cual los titulares de cargos políticos regulan la concesión de prestaciones obtenidas a través de su función pública o de contactos relacionados con ella, a cambio de apoyo electoral. La llamada Clientocracia, que el catedrático Manuel Morillo Caballero (fallecido hace unos días constituyendo una gran pérdida por sus inigualables dotes pedagógicas) definía como una forma copiada del “peronismo” argentino para que haya gente que viva sin dar palo al agua o en la economía sumergida sin ser molestado por ninguna inspección.





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