Hay otra forma de gobernar

Arturo del Villar

EL 9 de febrero de 1870, hace, pues, 150 años, el diario oficial Gaceta de Madrid insertó en su cuarta página un suelto verdaderamente insólito para la historia política de España. En ese momento ocupaba la regencia del país el general Francisco Serrano y Domínguez, después del destronamien-to de la golfísima Isabel II de Borbón en 1868 por la llamada Gloriosa Re-volución. Los revolucionarios eran monárquicos, y deseaban encontrar un rey para España entre las monarquías europeas. El único veto prohibitivo  se refería a la Casa de Borbón, porque la dinastía había demostrado su in-capacidad para reinar desde su iniciador, el loco Felipe V.

Ocupaba el Ministerio de la Gobernación el fundador del Partido Progre-sista Democrático en 1849, nombre abreviado después en Partido Demó-crata, Nicolás María Rivero. Fue un republicano valeroso, que se había atrevido a gritar en el Congreso de los Diputados, durante el reinado de la apodada Isabelona, cuando se discutía el presupuesto de la Casa Real: “Hay una cosa aquí que sobra: ¡esto!” Como era normal entre los republicanos, estuvo preso y exiliado, hasta su regreso con el triunfo de la Gloriosa.

Nicolás María Rivero, por Gisbert.

Nombrado inicialmente alcalde de Madrid, el 23 de febrero de 1869 pasó a presidir las Cortes Constituyentes, y fue uno de los votantes de la candi-datura del Amadeo de Saboya como sucesor de Isabelona. Durante su rei-nado volvió a presidir el Congreso, y tuvo el alto honor de proclamar la República Española tras la abdicación del rey, el 11 de febrero de 1873.
No es un político bien conocido, pese a su importancia histórica. Por eso parecía conveniente recordar los acontecimientos sobresalientes en su bio-grafía, antes de comentar una de las características de su manera de gober-nar, a la manera verdaderamente republicana, expuesta hace 150 años.

MINISTRO DEL PUEBLO

Aquel 9 de febrero de 1870 los lectores de la Gaceta de Madrid se entera-ron de una invitación que les hacía oficialmente el ministro de la Goberna-ción, Nicolás María Rivero, mediante un suelto impreso en la página 4 bajo el título “Parte no oficial”. Como es probable que ese ejemplar no tenga muchos lectores en la actualidad, y por creer que el suelto es de gran rele-vancia política, merece ser copiado en su integridad. Dice así:

El Ministro de la Gobernación recibirá en audiencia pública los martes y sá-bados a las seis de la tarde, a cuantas personas tengan que hacerle presente al-guna queja acerca de la consulta de los empleados que dependan de su Ministe-rio, o crean oportuno dirigirle observaciones de cualquier clase sobre las cuestiones de interés general que se relacionen con los ramos de Gobernación.  
Cualquiera comunicación por escrito relativa a los mismos asuntos será in-mediatamente atendida y contestada.
Ninguna pretensión personal para colocación será admitida.

Qué ejemplo para los políticos actuales del reino, los que convocan ruedas de Prensa para leer un comunicado, sin admitir ninguna pregunta a los pe-riodistas, por lo que en lugar de ruedas son soliloquios. Los que cuando acuden a un acto con invitados se rodean de gorilas para evitar ser interpe-lados por cualquier vasallo de su majestad católica. Los que nunca jamás van a responder a ningún escrito que algún ingenuo bien intencionado y mal informado pretenda hacerles llegar. Los que denuncian ante los jueces una censura a su persona, por pequeña que sea.

En cambio Nicolás María Rivero invitaba a una audiencia pública dos días a la semana, a todos los ciudadanos deseosos de comunicarle algo re-lacionado con su gestión ministerial. En algo tienen que diferenciarse los políticos republicanos de los monárquicos. Cada grupo tiene su propia ma-nera de entender el arte de gobernar. La monarquía es un sistema despótico, en el que todo el poder le pertenece a una persona irresponsable de sus ac-tos, con carácter vitalicio y hereditario. En la República manda el elegido por el pueblo, y los ministros pertenecen al pueblo, no a la casta obediente a los dueños del poder económico al servicio de los intereses multinaciona-les. Si yo pudiera elegir… Pero nací a destiempo.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO   


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