El cardenal Osoro quiere proteger de los curas a los niños

Arturo del Villar

LA pederastia eclesiástica denunciada y castigada ahora en todo el mundo parece que empieza a ser tenida en cuenta en España, en donde ha sido ignorada y se condenaba a quien se atrevía a acusar a un cura de violación. El cardenal arzobispo de Madrid, el eminentísimo y reverendísimo monseñor Carlos Osoro, según su jerga, ha anunciado este 15 de enero de 2020 la puesta en marcha del “Proyecto Repara”, destinado a la prevención de los abusos sexuales a menores por parte de los clérigos.

Coincide con el juicio civil seguido en Lyon contra el cura Bernat Preynat, acusado de la violación durante veinte años de niños a diario, lo que ha reconocido como cierto, con el descaro de culpar a la jerarquía eclesiástica por no habérselo impedido. Algo de razón tiene. Precisamente su jefe, el cardenal arzobispo de Lyon, Philippe Barbarin, está ya condenado a seis meses de prisión por encubridor de los casos habidos en su diócesis.
El archilujurioso cura Preynat era párroco de Saint Luc, en donde creó una capellanía para scouts, con la finalidad de abusar de ellos. No es casual que los eclesiásticos organicen agrupaciones infantiles para dirigirlas. Durante veinte años gozó de impunidad por la complicidad de su jefe, hasta que la pederastia sacerdotal se ha convertido en un escándalo mundial. Por eso la mayoría de los casos denunciados ya ha prescrito y quedará impune.     

Cito este caso porque coincide hoy con la decisión de Osoro, y porque mencionar todos los denunciados en el mundo es imposible. Están condenados por la Justicia ordinaria en sus países jerarcas como los cardenales Theodore McCarnick, arzobispo de Washington; George Pell, arzobispo de Melbourne (Australia), después prefecto de la Secretaría de Economía del supuesto Estado Vaticano; Keith Michael Petrick O’Brien, arzobispo de Saint Andrews and Edinburgh; Philip Wilson, arzobispo de Adelaida (Australia); Hermann Groer, arzobispo de Viena; Ricardo Ezzati, arzobispo de Santiago de Chile, etcétera, etcétera, porque el listado es interminable.

¿Y OSORO?

Su eminencia reverendísima Osoro, por seguir utilizando la jerga eclesiástica, se especializó en Educación Física, aplicada en el colego de La Salle en Santander, de donde es originario. Fue también allí rector del seminario de Monte Corbán. Un cura decente que se formó en sus aulas, cantó misa y tuvo encomendada una parroquia, hasta secularizarse y casarse con una mujer, Manuel Revuelta Sañudo, publicó en 1977 por su cuenta en el mismo Santander una novela titulada Lamento por un cura casado, basada en hechos reales, como suele decirse. En ella describía la mafia pederástica en Monte Corbán, con sus curas empolvados (es decir, que se echaban polvos cosméticos en la cara) y pintados como golfas callejeras.

Recuerdo que solamente yo publiqué un comentario sobre el libro en un periódico local, porque toda la ciudad guardó silencio absoluto sobre esa novela realista. Precisamente ese mismo año de 1977 Osoro fue nombrado rector de Monte Corbán, pero no hizo ninguna limpieza del profesorado. Tal vez su conciencia, que se le supone, le anime a descargarla, explicando los motivos de su inacción: ¿era tan cegato que no se enteraba de nada, o era tan canalla que lo sabía pero se callaba?

Otro día contaré más casos y cosas de las que me enteré debido a mi profesión de periodista, obligado a estar bien informado. Las locuras sexuales de los curas diocesanos eran conocidas, pero se comentaban en voz baja. A Revuelta se le hizo el vacío de los apestados, por atreverse a escribirlas y publicarlas entonces, cuando ya había muerto el dictadorísimo, porque antes se lo impedía la censura política. 

EL “PROYECTO REPARA”

Ahora su dudosa eminencia nada reverenciable Carlos Osoro desea proteger a los niños madrileños de la inconmensurable lujuria eclesiástica. Para ello ha anunciado la creación del “Proyecto Repara”, del que ha nombrado director a Miguel García Baró, profesor en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Comillas, de manera que todo sigue quedando en casa. Con este motivo el director ha hecho unas declaraciones al diario Religión Digital, que las publica este 15 de enero, en las que anuncia sus planes más inmediatos:

Buscamos juristas, canonistas y civiles, para que las víctimas puedan recurrir a servicios ajenos a la diócesis; gabinetes de psicólogos y psiquiatras, también al Centro San Camilo… la primera acogida tiene que ser a través de ellos. Ofrecemos a la víctima todo el acompañamiento del tipo que sea, que necesite: jurídico, espiritual, canónico…

Todo esto supone, caso de llevarse a la práctica, lo que está por ver, movilizar a un elevado número de especialistas, con un gasto considerable para las debilitadas arcas catedralicias, a las que no sabe multiplicar nuestra patrona Santa María la Real de la Almudena, que debe de ser una virgen de segunda categoría sin capacidad para obrar milagros. Por eso me parece mucho más fácil, barato y práctico prohibir a los clérigos de la diócesis que se relacionen para nada con niños y jóvenes, dedicándose exclusivamente a pastorear beatas, que son todas viejas y feas.

Aunque la solución del problema a escala mundial consiste en prohibir totalmente la secta catolicorromana, que sólo ha servido a lo largo de la historia de la humanidad para dedicarse a exterminar genocidamente a pueblos fieles ejecutores del Evangelio cono los valdenses o los cátaros, provocar guerras de religión, organizar cruzadas contra mahometanos, predicar pogromos contra judíos, quemar vivos en las hogueras inquisitoriales a los cristianos disidentes, impedir el desarrollo de la ciencia, acusar de brujería a pobres mujeres, prohibir libros, perseguir las traducciones de la Biblia a los idiomas nacionales para evitar el descubrimiento de sus tergiversaciones, y condenar a los acusados de cometer el llamado “pecando nefando” al que ellos mismos se han entregado con fruición en todos los tiempos y todos los países hasta hoy mismo, cuando la Justicia civil empieza a sentenciar a estos herederos de Sodoma y Gomorra, que han impuesto sus costumbres depravadas en seminarios, conventos y templos.
Desde el papa Paco hasta el último sacristán, todos cuantos viven del cuento eclesiástico deben ser puestos a trabajar al servicio de la comunidad, a la que mantienen engañada desde hace veinte siglos. Y los condenados por pederastia, castrados. Así se termina el problema.   

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO



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