La excomulgada Leti, madrina de una Virgen

Arturo del Villar

EN el  reino de los cielos debe de reinar ahora un gran escándalo, porque la reina excomulgada de España por abortista ha aceptado la propuesta de ser madrina de la Cofradía de Nuestra Señora de la Antigua, en Palencia. Con ese mismo nombre es venerada en otros lugares nazionales, como Sevilla, Córdoba, Toledo, Valladolid, y varios más, a las que no sabemos si les alcanza el madrinazgo, puesto que no indica nada el Código de Derecho Canónico a este respecto. En cualquier caso, el obispo palentino, Manuel Herrero, ha incurrido en sacrilegio, al permitir que una abortista probada y reprobada se convierta en madrina de la virgen venerada en su diócesis. Y lo mismo su cómplice, el obispo de Santander, Manuel Sánchez Monje, que le va a acompañar en las ceremonias.

Este Monje es la mala bestia episcopal que en marzo de 2018 prohibió la interpretación de la cantata Carmina burana en su diócesis, por considerarla ofensiva para la dignidad de los sacerdotes. En cambio, no le parece ofensivo que una mujer excomulgada amadrine a una cofradía virginal. Así es este fariseo hipócrita, sepulcro blanqueado por fuera y lleno de inmundicia por dentro, como aquellos contra los que clamó Jesucristo en el capítulo 23 del Evangelio según Mateo y paralelos. A los dos obispos trabucaires hay que colgarles una piedra de molino al cuello y arrojarlos al mar, para cumplir lo ordenado por Jesucristo en el mismo Evangelio, 18:6.


Cuando su majestad la reina católica nuestra forzosa señora era una simple locutora de televisión apodada Fictizia por sus compañeros de trabajo, reputada Trotacamas, quedó embarazada de un compi yogui, y se dirigió a la Clínica Dator de Madrid para que le practicasen un aborto. Se realizó la operación el 27 de octubre de 2002. Las facturas por 300 euros en total a su nombre fueron reproducidas por su primo favorito, David Rocasolano, en su muy bien documentada biografía titulada Adiós, Princesa, publicada por Akal en Madrid en 2013, páginas 186 a 188. Este interesantísimo libro debiera ser de lectura obligatoria en todas las escuelas nazionales, para que los niños conozcan la realidad de su reina, y de paso la de su marido el rey.

AVENTURAS EN MÉXICO LINDO

El molesto feto no había sido procreado por su primer marido, del que estaba divorciada desde el 7 de marzo anterior, sino por alguno de sus compis yoguis, tema sobre el que no se puede especular en evitación de demandas judiciales. Según sus biógrafos no autorizados, no era la primera vez que se sometía a un aborto, porque al menos lo hizo otra anterior en 1996 en el Hospital Médica Sur, durante su agitada existencia en México. Aprovechó muy bien el tiempo en esas vacaciones, puesto que además de vender tabaco por las calles, como lo demuestran las fotografías tomadas entonces, y de posar desnuda para el artista Waldo Saavedra, como lo demuestra el retrato que le pintó, ejerció otras actividades, como lo demuestra el embarazo no deseado.

Quien desee saber más sobre la aventura mexicana puede consultar la excelente biografía escrita por Isidre Cunill titulada Letizia Ortiz, una republicana en la Corte del rey Juan Carlos I, editada en Barcelona por Chronica en 2010, páginas 157 a 170, que no tienen desperdicio. Con relación al título debe aclararse que fue republicana convicta antes de relacionarse con el entonces tripríncipe de Asturies, Girona y Viana, ya que desde entonces se ha convertido en una furibunda monárquica. Lo mismo que su abuelo el taxista, porque para algunas personas resulta muy confortable pertenecer a la familia irreal.
No para su hermana Érika, que se suicidó el 6 de febrero de 2007, por culpa de los borbones, según les echó en cara su excompañero Antonio Vigo durante el entierro, tal como lo describe con todo detalle el testigo presencial David Rocasolano en su citada biografía, páginas 292 y siguiente. Tampoco para su tía Henar, que no pierde oportunidad de criticar a la sobrina y a la familia irreal que ha formado. Son cosas que pasan en las familias reales. Tiene que haber de todo en un reino.

SU MAJESTAD LA REINA CATÓLICA

La fictizia Letizia estaba en su derecho de hacer con su cuerpo lo que le viniera en gana, cuando era una vulgar locutora de televisión. Pero despues se convirtió increíblemente en reina de España, en lo que no es un cuento de hadas para dormir a los niños, sino una pesadilla de horror para asustar a los mayores, obligados a ser sus vasallos sin poder manifestar nuestra opinión. Y al serlo disfruta del apelativo de reina católica, por regalo del inmundo papa Alejandro VI, el más abyecto de los seres de su tiempo, en 1496 a Isabel y Fernando y sus sucesores.

Pero es imposible ser abortista y pertenecer a la secta catolicorromana, porque así lo prohíbe el canon 1398 del vigente Código de Derecho Canónico, por el que se rige la secta desde su promulgación por el tristemente célebre papa Juan Pablo II, hecha en Roma el 25 de enero de 1983. Este canon es muy expeditivo, se encuentra en el libro VI, “De las sanciones en la Iglesia”; parte II, “De las penas para cada uno de los delitos”, escrito así, no pecados, sino delitos; título VI, “De los delitos contra la vida y la libertad del ombre”, sin hache, pero la errata no invalida el precepto, y proclama: “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae.” Utilizo la impresión de 2003 publicada por la Libreria Editrice Vaticana, texto oficial se supone que sin errores, aunque con erratas inevitables, puesto que el llamado absurdamente Estado Vaticano es una errata en sí mismo, tolerada por los estados de verdad.

La excomunión implica echar al pecador fuera de la Iglesia catolicorromana, de manera que el reo, o la rea en este caso, no puede participar en ninguna de las actividades eclesiásticas. Y eso sucede desde el mismo instante de la realización del aborto, sin necesidad de que actúe ninguna autoridad de la Iglesia catolicorromana, según lo dispone el canon 1314: “La pena es generalmente ferendae sententiae, de manera que sólo obliga al reo desde que le ha sido impuesta; pero es latae sententiae, de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito, cuando la ley o el precepto lo establecen así expresamente.” Luego la reina no pertenece a la Iglesia catolicorromana, está expulsada de su comunión. En consecuencia, los catolicorromanos españoles fieles a los preceptos eclesiásticos no pueden aceptar que reine sobre ellos una rea, que no reina, excomulgada.  
Todo ello forma parte de la jurisprudencia del supuesto Estado Vaticano, extendida a las iglesias nacionales, entre las que se encuentra la española. Sin embargo, la Conferencia Episcopal Española hace como que ignora la situación delictiva de la reina, para continuar cobrando del Estado sin tener necesidad de ponerse a trabajar, y manteniendo sus privilegios. Un tal Blázquez que la preside es el mayor farsante existente en el reino, por aceptar que una mujer excomulgada siga gozando de las prerrogativas inherentes a la realeza, a sabiendas de su condición canónica de excomulgada.

DESVERGÜENZA EPISCOPAL

Es muy significativo que la Conferencia Episcopal Española, antiguamente anatematizadora de las pobres mujeres acusadas de abortar, haya dejado de tratar ese punto, antes destacadísimo, en sus normas morales, desde que reina una abortista. Es sabido que posee muy mal carácter, y si es capaz de pegar en público a su suegra la reina madre, delante de la catedral de Palma de Mallorca precisamente, qué no haría a un cardenal funcionario del Estado si osara insinuarle alguna censura.
Los obispos no pueden alegar ignorancia acerca de las aventuras de su reina, porque yo mismo envié al tal Blázquez fotocopias de las facturas reproducidas en Adiós, Princesa, con anotaciones pertinentes para recordarle su obligación ante el calificado como delito por el Código de Derecho Canónico que se supone debe regir la vida de la Iglesia catolicorromana. Tal vez lo haga en el resto del mundo, con la excepción de España.

Esta caterva episcopal a la que estamos manteniendo con nuestros impuestos, incluso cuantos la detestamos y quisiéramos extirparla del país, es sucesora de aquella otra que el 1 de julio de 1937 firmó la Carta colectiva del Episcopado español, para recomendar a sus fieles en todo el mundo que apoyasen a los militares monárquicos sublevados contra el orden constitucional, alegando que habían organizado una cruzada religiosa contra los infieles republicanos, semejante a las medievales promovidas contra los musulmanes. 
De manera que la reina excomulgada se convierte en madrina de una de las innumerables vírgenes adoradas hiperdúlicamente por los crédulos catolicorromanos, con la aprobación al menos de dos obispos participantes en el sacrilegio. Es indudable que ambos incurren en un delito ipso facto, por lo que pierden toda la autoridad canónica que pudieran haber tenido alguna vez. El tema no me concierne eclesiásticamente, puesto que no sólo no pertenezco a la secta, sino que deseo extirparla para siempre de nuestra sociedad, pero sí como vasallo forzoso de los presuntos reyes católicos, por lo que denuncio esta gran farsa montada para sostener al altar y al trono a nuestra costa.
Cada vez se parece más la Corte de Felipe VI a la Corte de los Milagros de su tatarabuela Isabelona de Borbón, a la que tuvieron que expulsar de España sus vasallos, hartos de soportar tanta indecencia cometida con sus múltiples compis yoguis. Bien es verdad que eran otros tiempos y otros españoles. 

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO       

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