Privatización de las fronteras, criminalización del migrante, subcontrata en países vecinos y un mensaje de que la crisis lo justifica todo".

Cándido Marquesán

Los acontecimientos del barco Open Arms, que anda a la deriva por el Mediterráneo por la irresponsabilidad de los países de la Unión Europea al no permitirle desembarcar en un puerto seguro, me sirven para hacer una profunda reflexión. Las personas del Open Arms, seres humanos, no deberíamos olvidarlo, además de emigrantes, en su gran mayoría son refugiados-con derecho de asilo-, al proceder de países como Siria, Irak, Afganistán, Sudán, Eritrea, Somalia…

Y lo son según la Declaración de Cartagena de 1984 «refugiados son las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público».

Merece la pena detenerse en el tema de los refugiados. Existe un gran desconocimiento sobre ellos: quiénes son, su procedencia y las causas de la salida de sus países. Para subsanarlo debemos hacernos la pregunta qué y quién son los verdaderos responsables de estas avalanchas humanas. La causa fundamental es la dinámica del capitalismo global y las incontables intervenciones militares. Para Zizek, el actual desorden es la auténtica realidad del Nuevo Orden Mundial.

Abandonados a su suerte, los africanos o los del Próximo Oriente ellos solos no podrán cambiar sus sociedades. Y eso es así, porque nosotros los europeos se lo impedimos.

Fue la intervención militar en Libia la que provocó el caos en el país. Al respecto, resultaron proféticas las palabras del coronel Gadafi poco antes de su muerte: Ahora escuchad, gentes de la OTAN. Estáis bombardeando un muro que ha impedido la emigración africana a Europa y la entrada de los terroristas de Al-Qaeda. Ese muro era Libia, y lo estáis rompiendo. Sois idiotas, y arderéis en infierno por los miles de emigrantes que se irán de África. Fue el ataque de USA a Irak lo que generó las condiciones para la aparición de ISIS.

Casi todos los refugiados proceden de estados fracasados, donde la autoridad pública es prácticamente inoperante en gran parte del territorio (Siria, Irak, Libia, Somalia, Congo, Eritrea…). En todos estos casos, la desintegración estatal, es el resultado de la política y la economía internacionales, y en algunos casos, consecuencia directa de la intervención occidental, como en Libia e Irak. Este incremento de los estados fracasados no es algo fortuito, sino uno de los mecanismos mediante los cuales las multinacionales de los grandes estados ejercen su colonialismo económico. Esta realidad la explicó Alain Badiou en un seminario del 23 de noviembre de 2015 tras las matanzas de París del mismo mes, que se publicó en el libro Nuestro mal viene de más lejos. Pensar las matanzas del 13 de noviembre y las nuevas formas del fascismo. El imperialismo del siglo XIX, era ejercido directamente por los Estados-nación. Luego llegaron las guerras mundiales, las guerras de liberación nacional apoyadas por el bloque socialista, que desembocaron en la “independencia” entre los años 40 y 60 del siglo XX. Mas las grandes potencias para defender a sus empresas interesadas en materias primas o fuentes de energía siguieron interviniendo militarmente. En los últimos 40 años, hubo más de 50 intervenciones militares de Francia en África. En la última en Malí en 2013, un periódico serio señaló que había sido un éxito, porque se había logrado “proteger los intereses de Occidente”. Por supuesto, no a los malienses. ¡Qué cinismo!

Por ello, si las modalidades cambian, las intervenciones imperiales siguen, conocidos los grandes intereses capitalistas en juego: uranio, petróleo, diamantes, maderas preciosas, carbón, aluminio, alimentos, gas…En el Congo hay minerales clave: el coltán, diamantes, cobre, cobalto y oro. Algunos de ellos son básicos en nuestros ordenadores y teléfonos móviles.

La atención a esos seres humanos del Open Arms en su mayoría refugiados de acuerdo con la Declaración de Cartagena de 1984 ya citada, incluidos  menores, exclusivamente por razones humanitarias, trae consigo unas consecuencias muy negativas. Idénticas a las que se producen de combatir los problemas sociales, como la pobreza, la desigualdad, la exclusión, únicamente en términos de «caridad», en vez de hacerlo desde el ámbito de la justicia distributiva y del Estado del Bienestar.

Una atención adecuada por parte de las instituciones o países de la UE a los refugiados no sólo es exigible por caridad, sino también porque así lo establece la legislación, tanto internacional como nacional. Además por el peso de la historia, ya que el asilo político, es un derecho sedimentado en las culturas que llegan a considerar la protección del refugiado como perteneciente a lo sagrado. Para los romanos, asilo era un dios. El primer jurista europeo que intuyó la necesidad de analizar este tema de la emigración desde un punto de vista jurídico, fue el español Domingo de Soto (1495-1560) en su tratado Deliberación en la causa de los pobres (1545), donde argumentó jurídicamente contra las restricciones a la inmigración motivada, no solo por causa de persecución religiosa o guerra, sino por simples motivos económicos.

En primer lugar, según Rodrigo Tena en el blog Hay Derecho, la Convención Internacional sobre Búsqueda y Salvamento (SAR), de 1979, impone la obligación de rescatar a las personas cuya vida peligra en el mar, lo que implica reconocer el ius se conservandi. Y según el catedrático Javier de Lucas, los emigrantes y refugiados son titulares de derechos específicos reconocidos en los respectivos instrumentos internacionales que obligan a todos los Estados parte en determinados Convenios (Convención de derechos de los trabajadores inmigrantes y sus familias de 1990; Convención de Ginebra de 1951 y Protocolo de Nueva York de 1976). Los menores, son titulares de derechos de acuerdo con la Convención de derechos del niño de la ONU que impone deberes correlativos a los Estados parte (todos los de la UE lo son).

En la mayor parte de los Estados, hay leyes como nuestra Ley orgánica de protección del menor que dejan claro este principio jurídico prioritario: garantizar el interés del menor. Igualmente hay que referirse a la Carta Europea de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, ya que en su art.18, se «garantiza el derecho de asilo dentro del respeto de las normas de la Convención de Ginebra de 28 de julio de 1951 y del Protocolo de 31 de enero de 1967 sobre el Estatuto de los Refugiados y de conformidad con el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea». Las constituciones de los Estados miembros de la UE también reconocen el derecho de asilo, como la italiana en su art. 10 «Todo extranjero al que se impida en su país el ejercicio efectivo de las libertades democráticas garantizadas por la Constitución italiana tendrán derecho de asilo en el territorio de la República»…

Por otra parte, al refugiado político se le debe garantizar además del desembarco, el ejercicio de sus libertades democráticas para acceder a los derechos fundamentales. No solo asilo. Los Estados no deben desatenderse de sus condiciones materiales. Tienen que acceder a bienes esenciales vitales como la instrucción, el trabajo, la salud, que son precondiciones para el ejercicio de las libertades democráticas, tal como aparece reflejado en la Ley 12/2009, de 30 de octubre, reguladora del derecho de asilo y de la protección subsidiaria, como desarrollo del art. 13 de nuestra Carta Magna.
No se trata, pues, de ser humanitarios sino de cumplir con deberes jurídicos básicos. Las leyes están para cumplirlas.

Para Michael Walzer, la hipocresía es el grado mínimo de moralidad. Ahí, en ese casi subsuelo de la moral, está instalada la política inmigratoria europea. En las fronteras, Europa despliega una tanatopolítica, en la que la muerte del otro intentando llegar a la Tierra Prometida es justificable, pues la culpa no es nuestra. En las fronteras abiertas al comercio de bienes y armas, mueren las personas. La Europa barrera sigue su imperturbable carrera hacia un futuro de iniquidad. Para Franco Berardi, el sistemático rechazo de los inmigrantes en las fronteras de Europa no es solo una muestra de brutalidad, sino el síntoma de una transformación de la Unión Europea, devenida en una fortaleza racista. Crece una ola de nacionalismo y de odio en la población europea. El archipiélago de la infamia se expande en torno al mar Mediterráneo: los europeos construyen campos de concentración en sus territorios y pagan a sus «gauleiters» (los jefes de zona del partido nazi) en Turquía, Libia y Egipto para que hagan el trabajo sucio en las orillas del Mediterráneo donde el agua salada ha reemplazado al gas ZyklonB de los hornos.

Las políticas de la UE sobre los refugiados las resume perfectamente Virginia Rodríguez de Fundación porCausa: "Privatización de las fronteras, criminalización del migrante, subcontrata en países vecinos y un mensaje de que la crisis lo justifica todo".
Monstserrat  Galceran en su extraordinario libro La bárbara Europa. Una mirada desde el postcolonialismo y la descolonialidad, frente al espantajo neofascista lo que necesitamos entre diferentes es tender puentes y no  levantar muros, denunciando los discursos que con la excusa de protegernos nos hacen cada día más vulnerables. Cuanto más duren las guerras en Oriente Medio, cuanto más destruyamos los estados en África, más peligro hay de que algunos  de los escapados de esos auténticos infiernos reboten contra nosotros, los pacíficos habitantes de las urbes europeas. Los neofascistas no nos protegerán de este peligro: al contrario, como sus antecesores, los fascistas de los años 30, nos pueden arrastrar a un auténtico desastre colectivo.


Comentarios
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Alf   |2019-08-12 19:52:53
las naciones que están en el origen de los problemas que ocasionan emigración
en paises que el colonialismo esquilma, muy dificilmente coadyuvarán siquier a
paliar la inmigración excepto cerradndo fronteras indiscriminadammnnte
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