Juan Carlos ante la diosa Botella

Arturo del Villar

NUESTRO señor el rey decrépito Juan Carlos I, que Dios guarde mejor que ha visitado las nuevas instalaciones de las Bodegas Granbazán en Vilanova de Arousa (Pontevedra). Atendía una invitación especial de sus propietarios, que al parecer desean colocar en las botellas una pegatina con la indicación “Proveedores de la Irreal Casa”, como se hacía hasta los tiempos de Alfonso XIII. Allá ellos si pierden clientes.Después de recorrer renqueando un poco las instalaciones, los vasallos le condujeron al comedor, en donde le sirvieron una descomunal mariscada gallega, porque el estómago es lo único que mantiene bien su majestad en el cuerpo, aparte las cuentas en los bancos suizos, que asimismo gozan de excelente salud.

La pantagruélica comilona estuvo regada con vino de reserva Baigorri B70, tan reservada que solamente se halla al alcance de los ricachones y los borbones. Además le obsequiaron con unas botellas de albariño, para que siga brindando por el éxito comercial de las bodegas.
Como es obligado en estas ocasiones, se hicieron numerosas fotografías, con el fin de demostrar a los visitantes que allí estuvo un día primaveral en 2019 el rey que no tiene trono ni reina, pero sigue siendo el rey de este absurdo reino llamado España. En una de las fotografías se observa al monarca que ya no lo es, pero sigue siéndolo, sujetando con su mano diestra una botella, a la que parece decirle algo mientras la señala con el dedo índice de su mano izquierda. Su expresión es admirativa, como regodeándose al pensar en el festín que le espera cuando la descorche.

COMO UN PERSONAJE DE RABELAIS

Esta real postura y la pantagruélica comilona obliga a recordar los cinco libros publicados por François Rabelais entre 1532 y 1564, en los que se relatan las aventuras de dos gigantes glotones siempre ansiosos de comer y beber desmesuradamente, Gargantúa, que nació gritando “¡A beber, a beber!”, y su hijo Pantagruel, rey de los dipsodas, a los que se une después Panurgo, un amigo de su misma especie. Constituyen una divertida sátira de las costumbres habituales en la época, especialmente en lo referente a los clérigos, que eran entonces casi tan depravados como los actuales.
Termina el tercer libro con una discusión acerca de la conveniencia o no del matrimonio. Al no ponerse de acuerdo, deciden emprender un viaje para ir a consultar su opinión a la diosa Botella, a la que veneran como si fuesen borbones. Aparece en el quinto libro, representada mediante un caligrama que reproduce gracias a las letras la forma de la botella:    

En el francés de la época, empleado por Rabelais caprichosamente para divertir a sus lectores, pues tal era la finalidad confesada de toda la obra,  alegrar el ánimo de los neurasténicos que acudían a su consulta, dice:

O bouteille
Pleine toute
De mysteres:
De une aureille
Je t’escoute,
Ne differes,
Et le mot proferes,
Auquel pend mon cuoeur,
En la tant divine liqueur,
Bacchus, qui feut d’Inde vainqueur
Tient toute verité enclose,
Vin tant divin loing de toy est forclose
Toute mensonge, et toute tromperie
En joye soit l’Aire de Noach close,
Lequel de toy nous faict la temperie,
Sonne le beau mot, je t’en prie,
Qui me doibt ouster de misere:
Ainsy, ne se perde  une goutte
De toy, soit blanche ou soit vermeille.
O bouteille, etc.


Naturalmente es seguro que el rey decrépito no le murmuró estos versos a la botella en el momento de ser fotografiado, porque no tiene ni la menor idea de la existencia de Rabelais, su cultura es cuartelera. Le habrá susurrado alguna de las frases amorosas con las que convencía a sus 1.500 barraganas para acompañarle al real catre, según el cálculo del hispanista británico Andrew Morton. Su gesto lascivo así permite suponerlo.

En la historia de la dinastía borbónica se repite la afición por la bebida, incluido el actual rey Felipe, que goza de una espléndida bodega, conservada con una arena que le traemos especialmente en avión de una playa del Índico, poseedora de las condiciones perfectas para mantener la humedad:  así lo revela el primo favorito de su mujer, David Rocasolano, en su apasionante biografía Adiós, Princesa (Madrid, Akal, 2013, página 207). Digo que se la traemos porque los vasallos le pagamos el real capricho.
Y pensar que al rey José I Bonaparte lo rechazó el pueblo acusándole de ser borracho, apodado Pepe Botella, cuando lo cierto es que era abstemio y más inteligente que todos los borbones juntos, sano de cuerpo y de espíritu. A veces el pueblo mete todas sus patas en un cenagal. Y esto es lo que tenemos, quizá porque lo merecemos.

Comentarios
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vivan las caenas   |2019-04-25 11:20:00
tanto tanto citar la Constitución pero Pablete no dice ni mú de un referendúm
para reformar lo que concierne a la monarquía para que el pueblo pudiera elegir
la forma de Estado
vivan las caenas   |2019-04-25 11:20:01
tanto tanto citar la Constitución pero Pablete no dice ni mú de un referendúm
para reformar lo que concierne a la monarquía para que el pueblo pudiera elegir
la forma de Estado
vivan las caenas   |2019-04-25 11:20:01
tanto tanto citar la Constitución pero Pablete no dice ni mú de un referendúm
para reformar lo que concierne a la monarquía para que el pueblo pudiera elegir
la forma de Estado
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