La Iglesia romana condena ahora la violencia religiosa

Arturo del Villar

LOS atentados contra templos cristianos en Sri Lanka han movilizado al inmenso aparato propagandístico de la Iglesia catolicorromana, que ahora condena la violencia contra los fieles de su religión. He citado varias veces una frase exacta de Anatole France, que retrata perfectamente el cinismo de esta secta: “La Iglesia catolicorromana se queja de estar perseguida cuando no puede perseguir a las demás.” Se ha pasado diecinueve siglos asesinando a judíos, mahometanos, cristianos reformistas, traductores, impresores, distribuidores y lectores de la Biblia en las lenguas vulgares, y ahora se escandaliza porque los que han sufrido su persecución se vengan. El cínico papa Paco este lunes 22 de abril, después de rezar el Regina coeli ante sus fieles, les dijo, según L’Osservatore Romano, una alocución que nos escandalizaría si no conociéramos su desvergüenza infinita: Pido a todos que no duden en ofrecer toda la ayuda necesaria a esta querida nación. También espero que todos condenen estos actos terroristas, actos inhumanos, jamás justificables.

Ignoramos por qué le será tan querida Sri Lanka, una nación de mayoría budista, que vive del turismo. En cuanto a los actos conducentes a la muerte violenta de fieles religiosos, Paco debiera sentir un asomo de rubor para no mencionarlos, recordando que sus predecesores predicaron la guerra santa contra los infieles, y organizaron ocho cruzadas entre 1095 y 1270 con la intención de exterminar a los mahometanos, aunque su grito de “¡Dios lo quiere!” debía de ser falso, porque los cruzados fueron vencidos y regresaron a Europa, los que pudieron hacerlo, enfermos y heridos: su Dios no quería que se dedicaran a aniquilar pueblos enteros, para saquearlos. Por eso dio el triunfo a los seguidores de Mahona, que adoran a otro Dios.

El cardenal Malcom Ranjith, arzobispo de Colombo, pidió este 21 de abril a los dirigentes de la “querida nación” que “castiguen sin piedad a quienes han colocado las bombas, porque sólo unos animales pueden comportarse así”. No es cristiano ese cardenal, ya que Jesucristo ordenó a sus fieles perdonar a los enemigos, y ofrecer la otra mejilla a quienes les peguen en una. Este cardenal exige venganza, y califica de animales a quienes atentan contra los cristianos.

Podemos preguntarle qué calificativo le merecen los organizadores de pogromos contra los judíos, acusados de ser la raza deicida, hasta finales del siglo XIX. Solamente un animal como Vicente Ferrer, canonizado por la Iglesia catolicorromana en 1455, podía exigir a los judíos “¡O bautismo o muerte!, y subir al púlpito para predicar a sus fieles que acudieran al gueto para exterminar a todos los judíos, hombres mujeres y niños que cumplían con  la religión heredada de sus antepasados. También él creó los guetos y obligó a los judíos a llevar una señal distintiva en sus ropas. Este nazi precoz escribió un Tratado contra los judíos, antecedente del tristemente famoso Mein Kampf. Pero no es un animal para el arzobispo, sino un santo.

Español tenía que ser. Como su compinche Domingo de Guzmán, canonizado en 1234, por predicar la aniquilación total de los enemigos de su fe. Fundó la orden religiosa de los dominicos, palabra derivada del latín Domini canis, es decir, los perros del Señor, entregados a morder a los enemigos de la fe. Por su crueldad se le encomendó la organización del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, encargado de quemar vivos en la hoguera a los acusados de judaizar, seguir la religión mahometana, querer reformar la decadente Iglesia conforme a la doctrina del Evangelio, practicar la brujería, cometer el llamado pecado nefando, enseñar teorías científicas contrarias a las ingenuidades relatadas en la Biblia, etcétera.

A Paco, Ranjith y demás animales catolicorromanos habría que aplicarles los métodos utilizados por la Inquisición contra sus víctimas inocentes. Ahora se lamentan de que los traten a ellos casi con tanto rigor como sus antecesores trataron a los disidentes. Es necesario extirpar a esta secta de la sociedad, porque, como ellos decían, “¡Dios lo quiere!”: se lo escuchamos con tanta potencia como aquellos genocidas cruzados, ya que está escrito en Éxodo, 21:23; Levítico, 24:18, y Deuteronomio, 19:21. Los buenos cristianos, si los hubiera, tenían que invadir y destruir el presunto Estado Vaticano, y pasar a espada a todos sus habitantes. Como hacían los cruzados.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

Comentarios
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LUCY FER   |2019-04-23 13:05:59
SI HUBIERA INFIERNO ALLÍ IRIAS DIRECTAMENTE VARANDA MALVADO
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