Letizia no merece ese nombre

Arturo del Villar

LA palabra latina laetitia se traduce al castellano por alegría, pero no se refiere a nuestra señora la reina católica, a la que impusieron en el bautizo esa traducción como nombre impropio. Ella es la antialegría, está siempre malhumorada, incluso cuando se relaciona virtualmente con su compi yo-gui y le asegura que los periódicos son una mierda. Algunas revistas del corazón sí lo son, las que se dedican a comentar los trajes, bolsos y zapatos que le pagamos los vasallos con nuestros impuestos, tan mal utilizados. Cuenta el diario digital ElNacional.cat en su edición del 15 de abril una demostración más de la falta de educación de que hace gala la Leti en sus apariciones públicas. Había ido a visitar protocolariamente la Escuela de Grabado y Diseño Gráfico de la Real Casa de la Moneda (en este reino to-do es real, especialmente las monedas de curso legal con la efigie real, por supuesto), y una de las trabajadores se dispuso a explicarle en qué consiste su tarea artística.

Nuestra señora la reina católica no se lo permitió, sino que le cortó la pa-labra con un despótico “No me lo cuentes otra vez, que ya me lo han con-tado antes”. La muchacha se quedó cortada y avergonzada, y después pre-guntaba a los compañeros qué era lo que había hecho mal para merecer ese desplante. No, ella no había hecho nada mal, lo que sucede es que nuestra señora la reina tiene un carácter dictatorial y avinagrado. El verbo latino del que deriva su nombre impropio, laetifico, se traduce por alegrar, pero no casa con ella. Al parecer  no alegra ni a su marido, puesto que, según el dia-rio, la víspera había tenido una descomunal discusión la real pareja. Aun-que su majestad el rey Felipe nuestro señor no puede ahora lamentarse del carácter de su mujer, porque se lo advirtió el primo favorito de ella, David Rocasolano, según lo relata en su excelente biografía Adiós, Princesa, pu-blicada en 2013 por Ediciones Akal, página 208:

--¡Letizia! –continué--. No hay dios que la aguante, Felipe. Es la típica celosa que siempre tiene que saber dónde estás. Que si te llama por teléfono y no le coges, te echa una bronca que te cagas. ¿Sabes de qué tipo de tía te estoy hablando? Una verdadera petarda.

Ahora sí que lo sabe nuestro señor, que se ha tenido que cagar muchas veces. La más sonada sucedió hace exactamente un año, el 1 de abril de 2018, cuando la airada consorte pegó un soplamocos a su suegra la reina emérita, en la catedral de Palma de Mallorca, para que no se retratase con su nieta. Y menos mal que salía beatíficamente de escuchar la santa misa, que si no la desgracia allí mismo.
Tenemos la reina que nos merecemos. En realidad tenemos toda la fami-lia irreal que nos merecemos, tanto los que están todavía en libertad como el que está ya encerrado en una cárcel. Así que no tenemos derecho a la-mentarnos, como no lo tiene nuestro señor el rey.

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO



Comentarios
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oscar   |2019-04-16 13:22:18
es lo que suele pasar cuando asciendes meteóricamente sin merecerlo
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