La política del hijoputismo

ARTURO DEL VILLAR

SE atribuye a Cordell Hull, secretario de Estado de los Estados Unidos de América, una frase que se ha hecho proverbial, en discusión con el presidente Franklin Delano Roosevelt: “Puede que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta.”  Hablaban, naturalmente, sobre el dictador de Nicaragua, asesino del pueblo, lacayo del imperialismo, que servía a sus intereses imperialistas. Los Estados Unidos han considerado a Latinoamérica una extensión natural de su territorio, de modo que han empleado los medios más variados, siempre inmorales, para mantener su dominio. Han colaborado para que algunos de esos países alcanzasen la independencia, pero lo hicieron para convertirse en su colonizador; por ejemplo, en Cuba en 1898, en la que se reservaron el poder de intervenir en la isla cuando lo aconsejara la defensa de sus intereses, y continúan manteniendo una base en contra del deseo de los cubanos y del Derecho Internacional.

Utilizan la política del big stick anunciada por otro Roosevelt, Theodore, cuando era vicepresidente, en 1901. Ellos tienen el mayor armamento del mundo, y están dispuestos a utilizarlo en su beneficio, invadiendo los países que no aceptan su colonialismo. La política del garrotazo les da buenos resultados y mejores intereses. La mayor parte de las veces resultan triunfadores, aunque en ocasiones vence la decisión del pueblo para conservar su independencia. El ejemplo más excelso lo representa el fracaso en la invasión de Playa Girón el 17 de abril de 1961, cuando una tropa de mercenarios armada y dirigida por la todopoderosa CIA, fue derrotada tras 60 horas de combate, por la indomable voluntad del pueblo cubano.

LA POLÍTICA DEL HIJOPUTISMO

Esa derrota no la perdonan los dirigentes gringos sobre todo porque alentó a ciudadanos de otros países a oponerse al imperialismo colonizador gringo. Al comprobar que en Cuba no podrán nunca vencer, se vuelven contra otros países, poniendo en práctica una política de corrupción interna, para evitar emplear el recurso a la invasión. Se trata de la política del hijoputismo, asequible cuando se cuenta con la colaboración de un hijo de puta dispuesto a corromperse para traicionar a sus electores.

Lo estamos comprobando en estos días, con las amenazas a la República Bolivariana de Venezuela, que mantiene su ansia de independencia contra todas las asechanzas extranjeras. Aunque se atreven a amenazar con invadirla, sin preocuparles el Derecho Internacional, interpretado a su servicio, ni la Organización de las Naciones Unidas, sometida a su capricho, se han buscado un hijo de puta que les haga el trabajo.
Ése es Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional venezolana, al que han comprado para que, nuevo Judas, les entregue el control del petróleo y las riquezas naturales del país, a cambio de colocarlo ilegalmente al frente del país. Asegurada la complicidad del secretario de Estado gringo, Mike Pompeo, el pasado día 11 de enero dio un golpe de Estado, y aunque no fue secundado ni por el pueblo ni por el Ejército, el día 23 se juramentó como “presidente encargado de Venezuela”, por su única voluntad.
Guaidó estudió en la Universidad Católica de Caracas, dirigida por los jesuitas, que en todos los lugares en los que cuentan son alguna institución abierta, prácticamente en todo el mundo, han aplaudido su decisión. Por ejemplo, Julio Luis Martínez, rector de la Universidad de Comillas en Madrid, de obediencia jesuítica, que el pasado 28 de enero, al conmemorar la festividad de santo Tomás de Aquino, patrón de los estudiantes, pronunció una conferencia o sermón para manifestar su apoyo y el de la institución que preside al golpista.


UNA BUENA PLANIFICACIÓN

Trump y Pompeo planificaron bien el golpe de Guaidó. Ante todo colocaron a sus hijos de puta al frente de los países fronterizos de Venezuela, para asegurarse la posibilidad de una invasión armada cuando les convenga. Al Sur se encuentra la República Federativa de Brasil, presidida desde el 1 de enero de este mismo año 2019 por Jair Bolsonaro, capitán del Ejército, de ideas extremadamente derechistas, que está tomando medidas para restringir las libertades públicas en el país, y amenaza a Venezuela con una intervención armada. Es un hombre sin ideas ni principios que ha estado afiliado a siete partidos y se ha casado tres veces, porque es inestable en todo, no hace más que cumplir las instrucciones de sus amos gringos.      
Al Oeste se halla la República de Colombia, desde el 7 de agosto del año pasado presidida por su hijo de puta Iván Duque. Estudió en la Universidad de Georgetown, dirigida por jesuitas, lo que no es una casualidad, y le ha hecho abrazar el integrismo más recalcitrante. En la campaña electoral amenazó a Venezuela, presentándola como un peligro para el país, y pactó con el vicepresidente de los Estados Unidos gringos, Mike Pence, organizar una campaña para incitar a los venezolanos a una rebelión. Es una injerencia inadmisible entre naciones civilizadas, pero esta Colombia ducal es una sumisa colonia gringa. También se entrevistó con dirigentes de la oposición venezolana, porque los hay y se les permite actuar libremente, lo que demuestra que el sistema de la República Bolivariana es más democrático que el colombiano.
Estos dos países representan la peor amenaza para Venezuela, a causa de sus presidentes, que no de la mayoría de los ciudadanos. Las otras dos fronteras en principio no significan un peligro, ya que al Norte limita con el océano Atlántico, y sería una locura que los Estados Unidos se atrevieran a enviar una flota invasora, sabiendo lo ocurrido en Playa Girón.
En cuando al Este, se encuentra la pequeña República Cooperativa de Guyana, independiente del Reino Unido desde 1966, aunque una parte de su territorio está reclamada por Venezuela, y otra por Surinam. Su escasa economía se basa en el tráfico de armas y drogas, por lo que no parece que pudiera ser elegida como cabeza de puente para una invasión por mercenarios  gringos.

ADMIRADORES DE DICTADORES


Además de esos dos reputados hijos de puta de Trump, hay que señalar a otros dos, presidentes de países que no tienen frontera con Venezuela, pero sí sumisión a los Estados Unidos. Se trata de Sebastián Piñera, presidente de la República de Chile desde el 11 de marzo de 2018. Estudió en la Pontificia Universidad Católica de Chile, en donde se convirtió en un fervoroso ultraderechista, y amplió estudios en la Universidad gringa de Harvard, muy prestigiosa sin duda, pero defensora del big stick para resolver conflictos. Se declara admirador del sanguinario dictador Pinochet, se opuso a su detención en Londres en 1998, y abogó por su puesta en libertad, ya que, en su opinión, gracias al golpe de Estado que dio libró a Chile del peligro comunista y permitió la consolidación de su economía. Eso es lo que opina. Se ve que no está enterado de los crímenes cometidos bajo su mandato, y entre sus asesores no cuenta con nadie que se los cuente.  O será que lo ha tomado como modelo y piensa seguir su ejemplo.

Se completa el cuadro de los hijos de puta de Trump con Mario Abdo Benítez, presidente de la República de Paraguay desde el 15 de agosto de 2018 Es un paracaidista militar, subteniente de Reserva de Aviación, conservador hasta los tuétanos, Su padre fue secretario particular del dictador Stroessner, a quien él ha ensalzado en público, y cuando murió propuso a su partido, el Colorado, que se le rindieran honores nacionales, como si no se tratase de un genocida del pueblo paraguayo. Tiene la obsesión de invadir a Venezuela, estribillo habitual en sus discursos.

Guaidó se ha entrevistado con todos ellos, seguramente para compaginar una intervención militar cuando lo ordene Trump. Es advertible que las amenazas contra la República Bolivariana de Venezuela regurgitadas por el presidente de los Estados Unidos, aumentaron su agresividad en 2018. Esperó a tener bien colocados a sus hijos de puta en la presidencia de unas repúblicas de ideología exactamente contraria a la defendida por Venezuela. No es casualidad, es una estrategia muy bien planificada. Esos hijos de puta han estudiado en universidades catolicorromanas y gringas, lo que ha marcado su carácter integrista y belicista.
Incluso en el reino de España sabe que, por el momento cuenta, con la aceptación de sus planes belicistas por parte del jefe del Gobierno, ese Sánchez que ha pasado a la historia como el más inepto de los presidentes del Consejo de Ministros, desde que Fernando VII designó para el cargo a su confesor, Víctor Damián Sáez, en 1823, al recuperar su poder absolutista. Ya que Sánchez afirma ser socialista, debiera defender a la República Bolivariana contra las amenazas gringas, pero hace lo contrario, las asume y trata de contagiar de su falta de escrúpulos al resto de miembros de la Unión Europea, solidarizándose con los hijos de puta de Trump. Vaya tropa de trumposos.


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