El descrédito de los políticos

ARTURO DEL VILLAR

SEGURO que nadie nace político, ni ingeniero, ni barrendero municipal, por ejemplo. Cada persona se dedica al ejercicio de la profesión que elige o que debe aceptar por necesidad, y si está capacitada para su práctica la desarrollará con eficacia, y en caso contrario fracasará. Esta teoría debió de exponerla Pero Grullo, y tenía razón, como siempre. Sin embargo, la política es una de las artes que requiere mayores aptitudes, gran preparación y, en el mejor de los casos, una enorme probidad. Sobre ella han meditado los pensadores más excelsos de la historia, como Aristóteles, Platón o Kant, por citar solamente a los tres más sublimes.Lo que sucede con la política es que se halla al alcance de cualquiera, simplemente por el hecho de afiliarse a un partido, y por eso suceden los fracasos y los escándalos que ocurren cotidianamente, por lo que ya no asombran a nadie.

Muy a menudo comprobamos que los políticos han buscado esa profesión para enriquecerse con métodos fraudulentos. Dicen en sus declaraciones que pretenden engrandecer al pueblo mediante la aplicación de sus teorías, pero en realidad sólo quieren engrandecerse ellos.

PARTIDOS MUY PODRIDOS

Nadie confía en los políticos. Se sabe que sus promesas de campaña son falsas y no tienen ninguna intención de cumplirlas. Se suceden en los medios de comunicación de masas escándalos financieros que afectan a los grandes partidos, y nadie se sorprende por ello. Ocurrió que mientras el llamado Partido Socialista Obrero Español presumía de su campaña propagandística “Cien años de honradez”, el 29 de mayo de 1991 se descubrió que utilizaba a las empresas Filesa, Malesa y Time—Export para financiarse ilegalmente, aparte los robos particulares cometidos por sus dirigentes. Cuando la memoria colectiva estaba olvidando escándalo, estalló el de los expedientes de regulación de empleo (ERE) en Andalucía, que desde 2001 estuvieron robando las subvenciones de los desempleados en beneficio del partido y de unos sinvergüenzas aprovechados. Sin embargo el PSOE sigue recibiendo votos en las elecciones, ya que es tan chanchullero como los demás, y a alguien hay que votar.

Con él se alternaba en el poder el conocido como Partido Popular, al que se empezó a investigar el 6 de noviembre de 2007 en el llamado caso Gúrtel, una trama de empresas, las más importantes Orange Market y Special Events, para financiar ilegalmente al partido, al mismo tiempo que sus dirigentes aprovechaban la oportunidad para enriquecerse ellos. Se le unió con la llamada Operación Púnica, desde que el 27 de octubre de 2014 fueron detenidos 51 políticos populares relacionados con cargos municipales, aprovechados por ellos para financiar al partido y acrecer sus cuentas corrientes. No obstante, el partido continúa obteniendo votos en las elecciones, porque es tan delincuente como los demás, y a alguien hay que votar.

Ante la sucesión de escándalos que afectan a los principales partidos, los electores han llegado a la conclusión de que todos son igualmente corruptos, de modo que les da igual uno que otro. Muchas personas descreídas se abstienen, y las más partidarias de la democracia consideran una obligación votar, pero depositan la papeleta en blanco. Solamente los más incondicionales de un partido intervienen ilusionados en las campañas. La corrupción generalizada motiva que se considere indiferente la elección de un nombre. La opinión pública admite que todos son guales y todos harán lo mismo: robar al pueblo desde su cargo. Las campañas políticas no pueden convencer a nadie  Por ello los partidos designan a personas que por los más diversos motivos pueden merecer la atención de los ciudadanos. En ningún caso se busca a los mejor preparados o los más honrados, sino a los más mediáticos por aparecer en las pantallas televisivas.

EL CASO DE AZAÑA

Un aspecto físico atractivo, por ejemplo, es un móvil considerable. El político mejor dispuesto en nuestra historia para esta profesión, Manuel Azaña, se burlaba de ser criticado por su fealdad, y no por sus decisiones. Fracasó en sus primeros intentos de ser elegido diputado, en 1918 y en 1923, y entró a formar parte del Gobierno provisional de la República sin elección popular, propuesto por sus correligionarios: quizá de haberse sometido a la decisión de las urnas ese Gobierno, apresurado por el vacío de poder ante la huida del rey, tampoco habría recibido el respaldo popular, por ser muy feo. Aunque hemos de reconocer que ninguno de los integrantes de aquel primer Gabinete, empezando por su presidente, Niceto Alcalá—Zamora, lucía el aspecto de un galán de cine.

Después sí se convirtió en el político republicano más valorado, debido a la valentía de sus decisiones al frente de un Ministerio tan complicado como el de la Guerra, así como a su sangre fría para desbaratar un golpe de Estado el 10 de agosto de 1932, y a la ecuanimidad de sus decretos siempre exactos. A lo que se unió su facilidad para conectar con el pueblo, una vez que superaba el rechazo originado por su fealdad, como lo demostraba el hecho de ser el único político capaz de concentrar a medio millón de oyentes en campo abierto. No obstante, sus contrincantes continuaban censurando su fealdad, una mina para los caricaturistas.

Si entonces podía resultar electo en los comicios un candidato por su apostura, actualmente es condición ineludible que aparezca en los carteles de campaña con el mejor aspecto posible. La televisión ha realizado una criba implacable a favor de los niños bonitos, aunque sean tontos de remate. Ahora que el ejercicio de la política está desprestigiado, en los partidos se busca el modo de atraer a los votantes con personas hasta entonces ajenas a ellos, que gocen de alguna atención mediática. La televisión sigue haciendo saltar a la fama, como el título de uno de sus antiguos programas, a cualquier analfabeto guapo.

DOS CASOS DE DEDAZOS

Hemos visto en estos mismos días que el partido autoproclamado Popular propuso, por decisión de su jefe máximo, Pablo Casado, a la atleta Ruth Beitia, especialista en saltos de altura, como candidata a la presidencia de Cantabria. Ocurrió el 7 de enero de 2019. Los responsables del partido en la autonomía cántabra rechazaron la decisión del dedazo autoritario y reclamaron elecciones primarias, pero todo fue inútil, cuando el que manda se cree dictador infalible. Tan inútil como la capacidad de la atleta para dedicarse a la política, porque en las primeras declaraciones que hizo a la emisora Onda Cero saltó, pero no a la altura ni a la fama, sino al vacío más abrumador. Aseguró que debe tratarse igual a la mujer que al hombre y que al animal, lo que produjo a unos oyentes risas y a otros dolor de estómago.

Así que a los 15 días de su designación anunció que se retiraba de la política “por motivos familiares”. Seguramente le pidieron los familiares que dejara de ponerlos en ridículo. El que no ha dimitido es el culpable del fracaso, el tal Casado, que también debiera solicitar el divorcio del cargo. Lo único que ha conseguido con su esperpéntica designación personal, ha sido anular las pocas expectativas del partido en los próximos comicios.

Es que los políticos nunca aprenden en los demás, tienen que estrellarse ellos para pensar que tal vez se equivocaron. Eso le sucede ahora a Pedro Sánchez, líder discutido y no querido del partido que se dice Socialista y hasta Obrero con evidente exageración. El 30 de enero de 2019 anunció urbi et orbi que proponía a José Vidente Hernández, alias Pepu, entrenador de baloncesto, para que concurra a las elecciones a la Alcaldía de Madrid. Se desconoce la relación entre el baloncesto y la política, aunque debe de haber alguna para que Sánchez apunte con su dedazo mayestático a Hernández para conquistar una plaza tan difícil como lo es la capital del reino de España.

Pero el señor Pepu tiene una historia delictiva, que antes no importaba a nadie, aunque ahora está presente en todos los noticiarios. Resulta que creó una sociedad mercantil con su mujer y cómplice para evitar tributar a Hacienda por sus derechos de imagen. Y como esa costumbre se halla muy extendida, ocurre que Sánchez la había censurado cuando afectaba a un afiliado del partido presuntamente Popular, exigiendo su dimisión. ¿Se retirará el señor Pepu de la contienda o le daremos una lección los madrileños? 
Enseguida saldremos de dudas.


ES NUESTRA OCASIÓN

A pesar de este panorama de corrupción generalizada en el reino, siguiendo el modelo de la familia irreal, los partidos republicanos que en estos últimos años concurren a los comicios apenas consiguen unos votos residuales. Es así a causa de la atomización de tantos grupos denominados republicanos existentes. Si hubiera un gran partido republicano aceptado por una mayoría de los grupúsculos ahora enfrentados en disputas estériles, con toda seguridad obtendría representación parlamentaria, y desde ahí continuaría atrayendo a unas masas que se manifiestan contrarias a la corrupción de la familia más irreal de reino, pero que votan a los partidos dinásticos por no concurrir un partido republicano aglutinador del sentir común de todos. Nosotros también debemos aprender de la experiencia.

La política merece el respeto general, pero los políticos están desacreditados por su actuación. Tenemos el deber de impedir el descrédito de la política, una función social imprescindible. El 30 de julio de 1931 aseguró Ortega y Gasset en las Cortes Constituyentes de la República que “es de plena evidencia que hay, sobre todo, tres cosas que no podemos venir a hacer aquí: ni el payaso, ni el tenor, ni el jabalí”, y el Diario de sesiones constató que la frase fue acogida con “Grandes y prolongados aplausos”.

Eso resultaba intolerable en las Cortes republicanas. En las monárquicas sucede lo contrario. Por ejemplo, desde 2016 es diputado por Cantabria en representación del partido Ciudadanos el payaso profesional sin gracia Felisuco, habitual colaborador de las emisoras de extrema derecha es—Radio y la COPE de la Conferencia Episcopal. Es verdad que el presidente de esa tutifrutera asociación, Alberto Rivera, es un tenor exhibicionista que se luce completamente desnudo en los carteles electorales, algo imposible en la política internacional, porque la radical italiana Cicciolina sólo mostraba sus exuberantes tetas. Jabalíes salvajes hay muchos siempre en las Cortes borbónicas, aunque merece ser destacado Vicente Martínez Pujalte, murciano representante del presunto Partido Popular, por disfrutar del dudoso honor de ser el primer diputado expulsado en las Cortes borbónicas, el 11 de mayo de 2006, al estar hozando en su escaño con gran alboroto.

Un partido republicano potente y coherente devolvería a los vasallos de su majestad católica la confianza en la política. Ahora muchos se abstienen, por estar demostrado que todos los dinásticos son iguales, y otros depositan las papeleteas en blanco para demostrar su adhesión a la democracia y su rechazo de la corrupción. Es nuestra oportunidad: devolver el crédito a los políticos, demostrando que existe un abismo entre los monárquicos y los republicanos. Unámonos ante la proximidad de las elecciones, y volverá a ondear la bandera tricolor en el cielo de España. ¡Viva la III República!

ARTURO DEL VILLAR
PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

Comentarios
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Angiolillo   |2019-02-05 12:49:23
el mal está en el origen bastardo del actual sistema, la creación de una seudo
democracia a las órdenes del heredero de Franco y apuntalada por dos partidos
de laboratorio con funciones diferentes y objetivos similares, salvaguardar los
intereses de las elites y del amigo americano que utiliza España como una gran
base para sus tropelías imperialistas.
Angiolillo   |2019-02-05 12:49:24
el mal está en el origen bastardo del actual sistema, la creación de una seudo
democracia a las órdenes del heredero de Franco y apuntalada por dos partidos
de laboratorio con funciones diferentes y objetivos similares, salvaguardar los
intereses de las elites y del amigo americano que utiliza España como una gran
base para sus tropelías imperialistas.
Angiolillo   |2019-02-05 12:49:25
el mal está en el origen bastardo del actual sistema, la creación de una seudo
democracia a las órdenes del heredero de Franco y apuntalada por dos partidos
de laboratorio con funciones diferentes y objetivos similares, salvaguardar los
intereses de las elites y del amigo americano que utiliza España como una gran
base para sus tropelías imperialistas.
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