La izquierda debería conservar el estandarte de la igualdad, en lugar de otras banderas.

Cándido Marquesán

Asistimos a un día histórico, el 8-M, de lucha por la igualdad de las mujeres. Me sorprendió su magnitud. Y mucho más a la derecha española, la del PP y Cs, que se vieron desbordados. Cabe recordar las palabras de Mariano Rajoy sobre la brecha salarial: "No nos metamos en eso". Tras el 8-M, "Permítanme expresar mi compromiso de seguir trabajando en defensa de la igualdad real entre hombres y mujeres, sin regatear un solo esfuerzo". Rivera opinó que la causa de las mujeres se podía apoyar de muchas maneras, pero que no compartía la huelga por la intencionalidad política de sus convocantes. Luego hizo suyo el éxito de las movilizaciones del 8-M: “El Gobierno pudo equivocarse minimizando lo que sucede; cuantos más seamos mejor”. ¡Que desfachatez!  Y critican el populismo. No tuvieron  el coraje de reconocer que los hechos del 8-M les sorprendieron. ¡Tanto cuesta manifestar lo obvio!

Tras el 8-M,  todos los políticos de derecha e izquierda se mostraron como adalides de la igualdad por las mujeres. Al respecto es muy pertinente el libro de Norberto Bobbio (1995) Derecha e Izquierda. Razones y significado de una distinción política, que no ha perdido actualidad, ya que la editorial italiana Donzelli en el 2014 lo ha reeditado con comentarios de Daniel Cohn Bendit y de Matteo Renzi.

Bobbio considera que el punto nodal de la separación entre las corrientes de derecha y las de izquierda es por la postura, que ambas mantienen respecto al tema de la igualdad. En aquellas doctrinas, ideologías y teorías que desde el siglo XIX han agrupado a la izquierda, plantear una iniciativa política, que intente disminuir las desigualdades sociales entre los hombres y los factores que las producen, han sido los objetivos prioritarios. Tanto la conducta moral como los diversos discursos de la izquierda en la historia dan cuenta de ello. A su vez, aquellas otras doctrinas o corrientes donde se agrupa a la derecha, perciben las desigualdades sociales como elemento constitutivo de la sociedad y no buscan eliminarlas. Izquierda igualitaria ligada a la emancipación [de género, de privilegios de clase] y derecha desigualitaria con apego a la tradición. La izquierda es concebida en esta perspectiva como el motor de los cambios sociales, una tendencia a modificar los órdenes en los cuales mantener las desigualdades sociales es una permanente histórica, y la derecha, bajo esta misma perspectiva, asume un tinte de inmovilidad y elemento justificador de las desigualdades.

Cuando Bobbio nos habla de la igualdad como “la estrella polar” de la izquierda, no piensa solo en la igualdad jurídica y política. No solo está pensando en la igualdad ante la ley y en la igualdad de los ciudadanos en la participación política a través del sufragio universal. Tampoco está pensando en la igualdad de oportunidades. Más que todo eso, piensa en la igualdad material, esto es, la igualdad en las condiciones de vida de la gente. Lo que interesa preferentemente a la izquierda, y no a la derecha, es avanzar más rápido hacia esa igualdad material, para conseguir sociedades y modos de vida donde la libertad de las personas vaya acompañada de unas condiciones materiales de vida-en educación, salud, trabajo, vivienda…- que hagan realmente posible y atractivo el ejercicio de una libertad, que sin esas condiciones se convierte en algo ilusorio.

Podemos llamar a eso igualdad, equidad o justicia social, pero de lo que se trata, según el ideario de la izquierda, es de utilizar los instrumentos de la política, y no solo los más lentos de la economía, para que todos disfruten de unas condiciones materiales de vida, que guarden relación con la dignidad de la especie humana. Para conseguirlo, la izquierda tiene que activar una mayor implicación para hacer realidad los derechos económicos y sociales, unos derechos basados en los valores de la igualdad y de la solidaridad, y no contentarse solo con otros derechos fundamentales-los derechos personales- basados en la libertad. Una de las grandes conquistas, aunque hoy comienza a ser discutida-palabras de Bobbio 1995- de los movimientos socialistas identificados por lo menos hasta ahora con la izquierda, desde hace un siglo, es el reconocimiento de los derechos sociales junto a los de la libertad. La razón de ser de los derechos sociales, como el de educación, al trabajo, a la salud, es la igualitaria. Ellos tienden a aminorar la desigualdad entre quien tiene y quien no tiene, o a aumentar el número de individuos en condiciones de ser menos desiguales en relación a otros más afortunados por nacimiento o condición social.

Pero además Bobbio se apercibió y advirtió del gran problema, que explotó  a fines del siglo XX, aunque ya se estaba fraguando en los años anteriores: el triunfo de una sociedad de mercado había conducido a un crecimiento inaceptable de las desigualdades, lo que suponía un peligro mortal para la democracia. Y la izquierda de todo Occidente en lugar de oponerse al fenómeno de la desigualdad lo facilitó, aferrándose a la hegemonía neoliberal. Mas la izquierda tendrá razón de ser, solo si se mantiene fiel a sus principios, como es el estar al lado de los más débiles. Así la principal lección de este libro para la izquierda, es que en lugar de preocuparse por inventarse nuevas banderas en reemplazo de la igualdad, la izquierda debería conservar ese estandarte.




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