'Sindicalismo' prefranquista: ¿viva la Pepa?

Al-Hakam Morilla Rodríguez

'Un Pueblo que oprime a otro no puede ser libre". Declaración de Dionisio Inca Yupanqui ante las Cortes de Cádiz en 1810.
A pesar de la gran campaña institucional que conmemoró el doscientos aniversario de la Constitución de Cádiz de 1812 -conocida vulgarmente como La Pepa-, con fastos pagados entre todos, la propaganda no pudo disfrazar la realidad: un tercio de los que la compusieron eran eclesiásticos, y alrededor de un cincuenta por ciento militares en ejercicio o con destinos civiles. El resto fueron funcionarios y abogados. Por eso ha pasado desapercibida para la inmensa mayor parte de la sociedad civil. Lo que aconteció sin tapujos fue la imposición de nuevos abusos insoportables, sobre todo los fiscales con una pantalla legal, los cuales darían lugar a un siglo XIX de guerras y masacres incesantes, prolongadas en el S. XX.

La cacareada 'revolución liberal española',  el paso a la 'modernidad' -donde surge el nacionalismo español- culminaría en la I República de 1874, sin conseguir ocultar sus aspectos sombríos. Así se ha solapado por el academicismo tripero una represión sistemática sin precedentes desde primera hora, y un colosal derramamiento de sangre que aconteció en la silenciada guerra civil de 1821 a 1823, la primera guerra carlista de 1833 a 1840, y la brutal I República española. Discrepar del nuevo 'orden liberal', criticando aquella infausta I Constitución, o la mera sospecha de hacerlo, dio lugar a matanzas impunes por el ejército, al aniquilamiento de pueblos enteros incendiando todas sus casas.

En el llamado Siglo de los Espadones los pronunciamientos castrenses estaban a la orden del día, con la excusa de la legitimidad de la sucesión monárquica. Sería un militar, Manuel Aguirre, el que ya en 1786 fingiendo responder a aspiraciones sociales contra el Absolutismo monárquico-papista, con los aires venidos de la Francia prerrevolucionaria, redactaría las arbitrarias 'Leyes Constitucionales cuya observancia es una obligación para todos los miembros de la sociedad'. Algunos historiadores incluso han explicado el intervencionismo militar, de diverso perfil ideológico, de bien entrado en S.XX, Miguel Primo, Sanjurjo, Fermín Galán, golpe de 1936... como un residuo de la mentalidad anacrónica del S. XIX. Todo por la carencia crónica de un sistema democrático homologable a los países europeos avanzados, explicable en gran medida por la usurpación de los tan facinerosos como conspirativos tentáculos de la carcundia vaticana, y sus sicarios a sueldo o vocacionales.

Las sucesivas 'constituciones' hasta la actual, todas sin Proceso de Libertad Constituyente alguno, se han ido clonando de modo sucesivo. En realidad lo que se implantaría de facto serían regímenes clerical-militares para avasallar a los Pueblos peninsulares. Así perviviría la tristemente célebre Alianza del Trono y el Altar, unidos a los caciques de diverso signo, perceptible hoy en un cuerpo militarizado, la Guardia 'civil' -discriminada, bajo el subterfugio militar, por la falta de equiparación en salarios con las otras policías-, o en los desfiles de soldados armados en procesiones, pagados con nuestros impuestos creyentes o no, y toda suerte de actos conmemorativos para darse autobombo caducos politicastros desaprensivos y sin vergüenza.

Mas esta barbarie regresiva que padecemos hoy, en cuanto a derechos sociales, y sobre todo laborales, no sería posible sin la complicidad o colaboración tácita de los 'sindicatos' oficialistas. Un verdadero cáncer de burócratas sindicales subvencionados por el Estado, no exclusivamente por las cuotas de los afiliados. Esto ha supuesto el escándalo de otros representantes de los trabajadores en Europa, los cuales les reprochan con razón que en esas condiciones la independencia de las organizaciones obreras, sufragadas por el Estado como las empresariales, no puede pretenderse.

Tal vez nos sorprenda el por qué tantos mayores de sesenta años siguen apoyando a la extrema derecha de la Pp$OEC's, el tripartito rojigualdo configurado tras el 'Susanazo' del infame 1/10/2016, en el Octubre Facha de Ferraz, donde Pedro Sanchez cayó victima de una auténtica 'trama golpista' dentro del partido. No debemos asombrarnos de ese aparente masoquismo político de la casi totalidad de jubilados. Tienen memoria de los tiempos del Fuero del Trabajo franquista, modificado en 1958 con la Ley de Convenios Colectivos. Pues bien, aun en una dictadura represiva y aborrecible ¡se garantizaba más que hoy el derecho al trabajo y la protección laboral, familiar y de vivienda digna de los operarios! ¿Puede extrañarle a alguien que Andalucía tenga la tasa de natalidad más baja del mundo, sin dejar de emigrar los jóvenes (con su educación costeada por todos)? Ya hay que caer bajo para ser tan retrógado a más de cuarenta y dos años de la muerte en la cama del autócrata genocida de El Ferrol.

Alguien dirá que no sólo aquella Ley fundamental del Movimiento, el Derecho al Trabajo también lo recoge la española 'constitución' de la Panda de los Siete -entre ellos Fraga y Roca-, sin Asamblea Desti/Constituyente alguna. Puede constatarse que sindicatos y patronales hacen caso omiso de ese papel mojado con ficción de 'ley', no únicamente en Andalucía, con el nivel de paro más elevado de la UE. ¿Dónde quedó el derecho a un empleo estable, a unas vacaciones retribuidas, a la protección suficiente al trabajador enfermo o dependiente, a las mujeres embarazadas o con hijos, que ven hoy como muchas empresas les dan la patada al quedarse preñadas?

Y no os perdáis lo peor, los mismos que nos precipitan hacia abismos de explotación prefranquistas, con una población cada vez más envejecida, ¡encima son los que se atreven a criticar la irrupción de inmigrantes o refugiados llenando ese vacío, que imposibilita por la falta de cotizaciones pagar a corto plazo pensiones y servicios sociales básicos (sin olvidar la evasión o elusión fiscal consentida por el gobierno a la gran empresa)! ¿Se puede ser más miserable que dejar morir a una mujer sin contrato alguno en ese momento, Carmen Machuca, recogiendo naranjas a destajo de la vía pública en Sevilla a un euro el saco, y permitir que la siniestralidad laboral siga en aumento, por la creciente precarización laboral, la cual hace que haya trabajadores durmiendo en la calle y en las colas del hambre de la Cruz Roja?

Hubo un sabio que tal vez, si hubiese sido consultado, podría haber sentado los cimientos de una verdadera Democracia -con estricta Separación de Poderes para el Bien Común, sin dejarnos machacar por gerifaltes sin escrúpulos-, de la que hoy carecemos (véase la 'purga' que prepara el Ejecutivo en la Fiscalía, para hacer al aparato judicial aún más sumiso a los desafueros del primero). Aquí estamos para celebrar las machadas de Espartero, rezarle a la Macarena junto al sepulcro de Queipo de Llano, o rememorar a los sanguinarios generalotes decimonónicos como Rafael de Riego -el elevado a la categoría de 'mártir' que pediría perdón por sus crímenes, justo antes de ser ejecutado-, en el monumento a 'Los Coloraos' delante del Ayuntamiento de Almería. ¿Alguien puede rasgarse las vestiduras de que los mismos héroes que derrotaron a Napoleón por vez primera en Bailén, para asombro del mundo, dejasen dar un paseo militar al nuevo ejército invasor francés de 'los cien mil hijos de san Luís' en 1823, cruzando toda la Península casi sin resistencia hasta la batallita del fuerte de Trocadero en Cádiz?

Ese sabio olvidado al que nos referíamos fue el genial Precursor caraqueño, perseguido por la Inquisición, Francisco de Miranda, de origen canario, encarcelado en 1813 en la prisión de San Fernando y muerto allí tres años después. Cádiz ni siquiera se digna en intentar buscar sus restos (le enterraron en una fosa común). Ni se valora su importancia en las escuelas o manuales de enseñanza superior en la colonia andaluza hoy. Una estatua donada en su día por Venezuela recuerda en la Plaza de Argüelles de la ciudad de Fermín Salvochea a tan ilustre personalidad histórica, tratando de ocultar en vano que en el nacimiento del fallido 'constitucionalismo español', en vez de oficiar de consejero estuviese en una mazmorra. Francia por el contrario eterniza su memoria con su nombre grabado en el Arco del Triunfo de París.

Resuena vivo el eco de la voz inmortal del gigante. La tierra gaditana mezcla su sangre con la suya, aliento de los hombres y mujeres puestos en pie por libertad, la justicia y la dignidad. Dedicamos sus palabras a los jumentos a los que no importa ceder su soberanía a Roma, Bruselas, al Pentágono y sus bases o al centralismo de Madrid, y a los trabajadores vendidos que no siguen el noble ejemplo de los bomberos de Málaga, o los estibadores del Puerto de Algeciras: "Jamás he creído que pueda establecerse nada sólido ni estable en un país, si no se alcanza antes la independencia absoluta".













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