La emigración en la obra de Felipe Trigo

 Moisés Cayetano Rosado

Estamos, afortunadamente, haciendo paulatina justicia, progresiva justicia, a uno de los escritores extremeños más universales y a la vez más intencionadamente olvidado del siglo actual. Se suceden estudios, artículos, reportajes, conferencias, homenajes, etc, al escritor villanovense. Esta revista está contribuyendo de manera decidida en ello, y yo quisiera aportar mi colaboración en el terreno que toco con más asiduidad y en el que posiblemente se haya reparado menos a todos los niveles, incluso de especialistas en la obra de Trigo. La emigración. Pero para no alargar mucho mi trabajo, con el consiguiente peligro de aburrirles, me voy a limitar a llamar la atención sobre el tratamiento que sobre la emigración hace nuestro escritor en su obra más difundida y considerada generalmente como la más lograda: Jarrapellejos, y en la última que escribió. Si sé porqué, de la que habría que sacar una reedición, pues hoy por hoy es imposible de encontrar en las librerías, cosa que no ocurre con la primera citada.

En Jarrapellejos, hay un buen número de páginas que aluden a este problema que azotó a Extremadura principalmente en las décadas de los años 50 y 60 de nuestro siglo, y a finales del siglo pasado y principios del actual, época que analiza Felipe Trigo. «España -dice escuetamente en una ocasión-, virgen aún en muchas zonas, se iba despoblando porque el hambre lanzaba a los obreros a hacer en la Argentina lo mismo que estaba y seguía entre nosotros por hacer». He aquí la causa principal de nuestra emigración, expuesta con la máxima claridad. Se trata de un trasvase forzoso y lamentable que lleva hombres, brazos jóvenes criados aquí para que produzcan, para que sean explotados fuera, enriqueciendo otras tierras que en principio estaban igual que las nuestras, con la diferencia de que las nuestra tenían, tienen, encima la pesada losa de los caciques y los propietarios absentistas, que condenan al inmovilismo, a la miseria, al hambre, a esos hombres que son los propietarios naturales de la tierra y en cambio tienen que huir buscando horizontes fuera, buscando el pan de subsistencia. «iQué tierra nuestra tierra, Dios! iMaldita sea! -pone en boca de su personaje «El Gato»-. Salí de aquí a la siega me paice una tontuna. Allá, lejos d'una vez, familia y to, a América pa siempre .... (2).

Esta emigración a caballo entre los siglos XIX y XX, por su masificación, alarmó a los caciques y poderosos, que veían disminuir la «reserva de parados- y con ello el «ejército de hambrientos, que se vendían por un mendrugo de pan. Podrían venir tiempos en que escasearan los jornaleros y éstos impusieran sus condiciones de trabajo .... FelipeTrigo, valientemente va mostrando en su Jarrapellejos los pasos que se dieron para disuadir al pueblo, periódicos que hablaban de los terribles sufrimientos del viaje, de las enfermedades que se contraían, de las frecuencias de fracasos entre los colonos que se veían además condenados a quedarse allí para siempre por no tener dinero para el retorno .... conversaciones «paternales» de los ricachones con los braceros...; intervención del cura. «de nada escribe Trigo-, de nada servía la intención del excelente sacerdote, primero porque otras optimistas cartas, verdaderas o apócrifas, profusamente difundidas por ,El Gato», se leían en las tabernas. Además, en último término y decisiva, quedaba esta razón. «Se estaba tan mal aquí, con frío, con suciedad, matándose a trabajo.., que nada más malo es arriesgarse con el cambio, que nada se perdiera con marcharse al mismo infierno» (3).

La emigración era imparable. Y los poderosos tuvieron que resignarse a ello, con todas sus desventajas. Pero ellos no están acostumbrados a perder, y supieron buscar la rentabilidad, A Trigo no se le escapa este detalle. «...cada propietario también Página 55 de Jarrapellejos. Ediciones Turner, Madrid, 1975, Página 194 de Jarrapellejos. Ediciones Turner, Madrid, 1975. LA EMIGRACIÓN EN LA OBRA DE FELIPE TRIGO 247 ahorraríase la mitad de lo que por el reparto municipal estaban dando de jornales de limosna. Y... y... vamos, si aún la gente joven añadía, considerando la suerte del «Garañón», que habíase acostado con una (antes rebelde) por dos cuarto: «Se van ellos... y nos dejan a las mujeres en mayores libertad y facilidad .... (4). Así de crudo, así de claro es Trigo, tocando éste, todos los problemas. Ahí les duele a los que han protagonizado el olvido y la calumnia con respecto a nuestro escritor.

En su novela Si sé porqué, desarrollada en su primera parte en el escenario de un viaje en barco hacia América, no pierde ocasión para hablar de las condiciones de viaje de los emigrantes, constituyendo esto un documento muy valioso para el estudio de la problemática migratoria de su época y las circunstancias y penalidades en que se desenvolvía.

«No logro olvidar -escribe- al mísero padre de familia que sabe francés, que sabe inglés, que es un inteligente trabajador cuyo acoso de la vida le impidió desenvolver sus aptitudes .... que es un español honrado, cuando menos que quiso darle a su patria cinco hijos.., y que lanzado por su patria, emigra y acógese a la compasión del barco sirviéndole de rapa a inmundas extranjeras » (5). «Con el espacio y los divanes y los manjares que nos sobran-denuncia más adelante-, esos infelices ahorraríanse la humillación de verse tratados de un modo tal por su hermanos. [In pájaro, un lobo y hasta una hiena no estan jamás así en su bana, en su manada .... -Allá los pobres, pues con su penar, y los ricos a bailar y a reír en la molice.., hasta la hora del infierno.

En sus extensas alusiones a los emigrantes en el viaje hacia América, Felipe Trigo en esta novela Si se porque casi llega al esperpento describiendo los concursos y fiestas que los pasajeros privilegiados organizan para divertirse a costas de los emigrantes, a base de competencia y brutalidad entre estos últimos a cambio de unas monedas para el vencedor: -Sigue, sigue el espectáculo soez, y aún por media hora me obliga a recordar mis sandeces gentes gritándoles que se -ahoga la humana dignidad» en la sentina

de emigrantes,.. Entre las diversiones, que describe están las «carreras de costales-: «cuyo premio serán cinco pesetas. Meten y atan los comerciantes a diez infelices (cabeza y todo) en sendos sacos, dan la señal de partida, caen de primera intención cuatro o cinco, y el público se ríe. Al poco están todos en el suelo; se arrastran, ruedan y de cualquier modo procuran avanzar; ni ven a donde van ni en donde chocan. Unas veces se amontonan y se agarran en pelea de coces desde dentro de los fardos; otras veces salen disparados contra una lucerna, y a un gemido doloroso y aun magullamiento de narices mánchanse de sangre. Pero el elegantísimo pasaje chilla y goza ante los desdichados a quienes ha traído por primera vez al lujo de su cámara para que por un duro le divierta» (10)

No hace falta extenderse en más consideraciones, en más ejemplos. He aquí unas aportaciones de Felipe Trigo al conocimiento de los sacrificios, penalidades, esperanzas y circunstancias que rodean la emigración. He aquí el hombre, el escritor, el extremeño para la historia literaria y social universal.

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