A 80 años del régimen del 39

RÉGIMEN DEL 39  Y SU SUCESOR.......EL RÉGIMEN DEL 78

Peor que la guerra, la posguerra
Este año se cumple el ignominioso 80 aniversario de la derrota del Frente Popular que supuso el fin de la guerra antifascista. Con ello, el fascismo ahogaba en sangre a la república democrática que recibió el apoyo de miles de antifascistas y demócratas de todo el mundo, muchos de ellos llegando a dar la vida en su defensa; e imponía su régimen, un régimen de terror, persecución y muerte.Pero si la guerra trajo calamidades al conjunto de la población, la posguerra fue aún peor. Tras la guerra no llegó ni un sólo instante de paz. La represión desatada causó aún más daño a las organizaciones antifascistas, obreras y campesinas, que fueron ferozmente perseguidas y sus dirigentes asesinados por miles.

Las cárceles se desbordaron dejando paso a los campos de concentración donde los presos malvivían en situación extrema, sometidos a las inclemencias del tiempo, al hambre, a las plagas y a las enfermedades. Para hacernos una idea, en cárceles diseñadas para 600 presos -como la Modelo de Valencia- se hacinaban en las peores condiciones hasta 15.000 presos republicanos y antifascistas.

Se calcula que por entonces en España había cerca de 26 millones de habitantes. Durante los seis primeros años de la posguerra, el 8% de la población pasó por presidio, es decir, más de dos millones, de los cuales un millón fueron sentenciados en consejos de guerra y la mayor parte de ellos condenados a muerte.

El régimen de Franco no tuvo ninguna compasión con el Ejército republicano vencido y desarmado. Los comunistas y otros antifascistas asesinados tras la guerra suman unos 200.000. Los máximos responsables de aquella gigantesca masacre, fiscales militares como José Solís Ruiz o Carlos Arias Navarro, ocuparían después los más altos cargos del régimen.

Encarcelados, torturados, asesinados, exiliados… El fascismo no tuvo bastante y desató una vasta depuración a fin de que la más mínima sospecha de oposición ocasionara su correspondiente represalia. Familiares de los represaliados fueron también perseguidos y tuvieron que abandonar sus profesiones y trabajos, al tiempo que sus propiedades eran confiscadas.

Una censura implacable y absoluta sobre prensa, libros, radio o teatro, se implantó en todo el país.

La modernización del Estado ligada al terrorismo de Estado

El Estado fascista favoreció el intenso proceso de acumulación capitalista. Para ello, cambió todo lo necesario en beneficio de la oligarquía financiera y los grandes terratenientes que acumularon inmensas fortunas con los trabajos forzados de los cientos de miles de prisioneros de guerra que engrosaron los batallones de trabajadores. Las empresas constructoras que florecieron en los años sesenta acumularon su capital a costa de la mano de obra gratuita aportada por los antifascistas en régimen de semiesclavitud. Con ello, España pasó a integrarse en el elenco de países de capitalismo monopolista de Estado, donde muchos militares estuvieron al frente de importantes ministerios y de grandes monopolios del Estado.

En ese proceso fueron una vez más los obreros y campesinos quienes soportaron sobre sus espaldas los planes de ajuste y sobreexplotación. Las huelgas eran penalizadas como delito de sedición militar y las más elementales libertades estaban ausentes. Así es como la oligarquía financiera consolidó el desarrollo económico y pudo multiplicar sus ganancias, aprovechándose de la miseria de las amplias masas trabajadoras a través del terrorismo impuesto desde el régimen fascista

El apoyo imperialista tuvo un importante papel, especialmente de EEUU. A partir de 1949 se conceden préstamos millonarios al régimen y se abren líneas de crédito para favorecer el comercio exterior de los oligarcas españoles. Además, arman al ejército y a la policía fascista y, a cambio, el régimen facilita el uso de los puertos españoles para la Marina y la Aviación estadounidense. Esto permite al régimen concentrar sus fuerzas en aplastar la resistencia interior. Más tarde la ONU autoriza el ingreso de España, entra en la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y firma un concordato con el Vaticano. Este proceso culmina en 1953 con los acuerdos militares y económicos por los que se construyen las bases militares de Rota (Cádiz), Morón (Sevilla), Torrejón (Madrid) y Sanjurjo (Zaragoza), convirtiendo a España en una plataforma de agresión imperialista.

A cambio de las bases, el régimen recibió un balón de oxígeno vital para asegurar la continuidad de su dominio a largo plazo. Las potencias imperialistas respaldaban la continuidad del fascismo en España y se embarcaban en su proyecto de apertura económica.

Donde hay opresión hay resistencia

El Estado terrorista implantado en 1939 hizo que España pasara de un país semifeudal, con una economía basada en la agricultura, a un país capitalista con un grado relativamente avanzado de industrialización. Este hecho convirtió a la clase obrera en la clase más numerosa y generó a su vez las mejores condiciones para su mejor organización y mayor combatividad.

La resistencia no cesó, sino que se desarrolló en los años sucesivos. En la década de los sesenta el movimiento obrero y universitario empezó a levantar cabeza. El mayor movimiento huelguístico estalla desde el final de la guerra. Decenas de miles de obreros en diferentes ciudades se manifiestan y se enfrentan a la policía. Los trabajadores vuelven a los antiguos métodos de lucha sindical y la represión es cada vez más brutal, dando origen a las huelgas de solidaridad antirrepresiva.

En los setenta las huelgas son cada vez más numerosas y combativas, lo que provoca nuevas ofensivas terroristas por parte del régimen que producen numerosas detenciones, torturas a detenidos y varios muertos por disparos de la policía.

Tras la muerte de Franco son sus ministros quienes continúan la tarea de reformar su régimen. Desde la muerte del dictador a la imposición de la Constitución fraudulenta, la lucha no cesó y la represión se convirtió en masiva. Esto hizo que en 1977, y tras una larga lucha por la amnistía, el gobierno se viera obligado a liberar a la mayoría de los presos políticos.

Con la amnistía no fueron devueltos los verdaderos derechos y libertades eliminados en el 39, por tanto, la lucha por conquistarlos siguió y la violencia política e institucional también, esta vez contra quienes no tragaron con la Reforma política del régimen. Las torturas y los crímenes del régimen se incrementaron adoptando nuevas formas, como el GAL, ya en tiempos del PSOE.

En la actualidad, ochenta años después, no ha dejado de haber presos políticos ni un solo día. Como en épocas recientes, las cárceles vuelven a llenarse, poco a poco, de luchadores y luchadoras. Son miles los detenidos, encausados y multados por ejercer sus derechos. Y en Catalunya numerosos activistas han tenido que optar nuevamente, como en el 39, por el exilio como medio para seguir ejerciendo sus libertades.

De nosotros depende organizar la lucha para tumbar el régimen de una vez por todas.

 

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