ZP suelta lastre

J. A. Sentís
La crisis del Gobierno impulsada por Zapatero ha sido la demostración palmaria de que el que está en crisis es Zapatero.

Apenas ha tardado un año para convencerse de que la mayoría de sus apuestas ministeriales habían fracasado. Por lo que hay que deducir que el fracasado es quien las propició.

Zapatero, asesorado por su corte de aduladores, llegó a la conclusión de que había que rebajar el perfil de su entorno, para ser su propia figura la que emergiera con liderazgo. La realidad ha demostrado que los ministros se han tomado este año muy en serio la idea de rebajar su perfil, hasta el punto de casi desaparecer.

En realidad, no llegaban a contarse con los dedos de una mano los ministros que mostraran personalidad propia e iniciativa política. Sólo, tal vez, Rubalcaba.

Algunos le ponían voluntad a su departamento, caso de Sebastián, pero hay que decir que mucho menos acierto en sus iniciativas a veces estrafalarias. Y hasta el cuajo político de la vicepresidenta De la Vega pareció difuminarse paulatinamente. Un caso similar a la ministra de Defensa, Carmen Chacón, que tuvo arrancada de caballo y parada de somera por tierras de Kosovo.

Pero éstos que aquí se comentan son los puntales de Zapatero. Qué decir de los insignificantes, desconcertados, abandonados a su suerte sin partitura y ejerciendo como pollos sin cabeza.

De ahí han salido las víctimas de la crisis, entre las que destaca por su importancia Pedro Solbes, vapuleado por una crisis que no previó, o que se calló para no molestar a su jefe. Solbes dejará para la historia su sumisión a una política económica catastrófica y su momento de gloria, cuando, a base de mentiras, logró la pírrica victoria en el debate contra Pizarro.

Nada que decir de otros compañeros en el relevo. La elección entre propagandística y sectaria de personalidades de la sedicente izquierda social, modelo Mercedes Cabrera o Bernat Soria eran carne de cañón, como lo fue Bermejo hace bien poco tiempo. Y, sin comentarios respecto a Magdalena Álvarez: ya se han hecho suficientes.

En cuanto a Cultura, el relevo de Molina por González Sinde es puramente instrumental, pero clarifica el premio a los de la ceja que tan útiles son a Zapatero en sus campañas electorales.

Claro que Zapatero se enfrenta a otro problema. En su banquillo ya parecen quedar sólo ex felipistas, si exceptuamos a José Blanco, que se convertirá en referente por ser el hombre fuerte del partido y, a la vez, dispondrá del mayor volumen de fondos públicos en el Ministerio más rico de todo el Gobierno.

Felipista, en efecto, era Trinidad Jiménez, que no llega con contraindicaciones al Consejo de Ministros. Tampoco llega con mal perfil Ángel Gabilondo, el jefe de los rectores, para Educación.

Otro ex felipista, pero caso bien distinto, es Manuel Chaves. No dejó impronta en el Ministrio de Trabajo, cuando lo ocupó con Felipe González. Recluido en Andalucía, su sistema clientelar de Gobirno le ha permitido una prolongada estancia, sin casi sobresaltos, en la región. Pero pensar que ahora, a sus 64 años, puede ser un impulso renovador para el Gobierno que chapotea en la crisis suena a broma.

Más bien parece su cambio una recolocación para quitarle de donde empezaba a molestar demasiado a los planes de Zapatero, necesitado de refrescar un aparato del PSOE en Andalucía cuyo control se le escapaba hasta a él. Por eso, con Chaves dejará Andalucía el decisivo hombre del aparato socialista en la Comunidad, Gaspar Zarrías.

En suma, Zapatero, más que buscar grandes perfiles de gestión, lo que ha hecho ha sido soltar lastres insoportables, como había llegado a ser singularmente Pedro Solbes, pero también Álvarez, Cabrera o Soria.

Y, como siempre, con algún guiño a la galería progre, cada vez más matizado, porque la crisis no le deja mucho espacio para experimentos a Zapatero.

Éste ha batido casi un récord en cargarse a su propio Gobierno. A ver lo que le dura el próximo. En todo caso, Zapatero, que no ha conducido la crisis con demasiado control (pues casi le pisó su foto con Obama), estaba obligado a hacer algo, porque la sensación de pasividad era ya insostenible.

Pero difícilmente se puede hablar de un Gobierno frente a la crisis, porque Zapatero ha puesto más énfasis en quitarse ministros quemados en su imagen en carteras periféricas y porque el relevo en Economía, al igual que la personalidad de la nueva vicepresidenta Salgado, es una incógnita.

Un Gobierno preelectoral y de coyuntura, como suele hacer Zapatero, con la pieza clave de José Blanco para administrar el dinero público que tan decisivo puede ser para alcanzar éxitos autonómicos y municipales al PSOE.
Comentarios
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Anónimo   |2009-04-07 20:57:13
O LA DEMOCRACIA ACABA CON ZP Y SUS IMPRESENTABLES O ESTOS ACABAN CON LA
DEMOCRACIA.
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