Los manifestantes se atrincheran y se arman para hacer frente al Ejército

David Jiménez

Las barricadas han sido improvisadas con neumáticos ardiendo, muebles viejos e incluso autobuses que atraviesan algunas de las principales avenidas de Bangkok. Decididos a resistir el avance del Ejército, los manifestantes tailandeses mantienen su desafío al Gobierno y se niegan a ser desalojados del centro de la capital. "Resistiremos hasta el final, aunque vengan con tanques", decía el joven manifestante Picheth en una de los pasos bloqueados en la avenida que lleva al Monumento de la Victoria.


Al menos 77 personas han resultado heridas desde que el Ejército iniciara las cargas contra los manifestantes la pasada madrugada. Los líderes de la protesta, organizados en torno al Frente Unido por la Democracia contra la Dictadura (FUDD), aseguran que seis de sus miembros han sido abatidos por disparos del Ejército. El Gobierno y los hospitales locales niegan, sin embargo, que se hayan producido víctimas mortales.

Los soldados, por ahora, disparan al aire.

Los "camisas rojas", como se conoce a los opositores por el color de su indumentaria, se han armado con bombas caseras y palos, convirtiéndose en la única autoridad en las zonas de Bangkok bajo su control. Varios de ellos llevan armas de fuego y todo indica que están dispuestos a utilizarlas: el Ejército ha confirmado que cuatro de sus soldados han recibido heridas de bala.

La operación militar para devolver el orden a la capital tailandesa ha sido hasta ahora limitada y parece tener como objetivo contener las protestas, en lugar de acabar con ellas.

Los opositores siguen controlando la Casa del Gobierno y sus líderes aseguran que autobuses cargados con más manifestantes se dirigen a la capital desde sus bases en el norte del país. "No nos marcharemos hasta que dimita Abhisit", decía otro de los manifestantes, en referencia al primer ministro.

El líder tailandés, que trata de recuperar el control del país desde un lugar secreto después de que su comitiva oficial fuera atacada hasta tres veces en las últimas dos semanas, se dirigió esta mañana a la nación en un nuevo mensaje para pedir a los manifestantes que "regresen a sus casas".

Los opositores, que en su mayoría proceden de las zonas campesinas del norte, apoyan al ex primer ministro Thaksin Shinawatra, el magnate local depuesto en un golpe de Estado en 2006.

Entre sus demandas está la dimisión en pleno de un Gobierno que se aupó al poder hace cuatro meses después de que manifestantes rivales de la Alianza del Pueblo para la Democracia (APD) cerraran los dos principales aeropuertos del país y derrocaran a los aliados de Thaksin. Uno y otro bando se han alternado en el último año en la toma de la Casa del Gobierno y las calles de Bangkok, representando con sus colores rojo (FUDD) y amarillo (APD) la profunda división de la sociedad tailandesa.

El propio Thaksin pidió ayer a sus seguidores que insistan en su empeño de derrocar al Gobierno. "Las tropas que están en la calle pueden unirse a las camisetas rojas y ayudarnos a lograr la democracia para el pueblo", dijo Thaksin, asegurando que él mismo estaba dispuesto a regresar de su exilio para liderar la revuelta.

Unidades del Ejército de Tierra, la Armada y la Fuerza Aérea han tomado posiciones en medio centenar de puntos de Bangkok, incluido el Palacio del Rey, cuyos accesos habían sido bloqueados. El Gobierno ha anunciado el refuerzo de la seguridad en aeropuertos y centros turísticos.

La mayoría de los tailandeses asiste con una mezcla de pasividad e irritación al último pulso político, con el convencimiento de que en la disputa que atenaza el país y amenaza con hundir su economía -Tailandia depende en gran parte del turismo-, no hay buenos. "Ni camisetas rojas ni amarillas, lo que queremos es ganarnos la vida y que nos dejen en paz", decía en Bangkok una agente de viajes que ha visto su negocio arruinado por la inestabilidad en el país.

La penúltima crisis política coincide con la llegada del Nuevo Año en Tailandia, la celebración más importante del país. Las fiestas continuaban hoy con normalidad en las zonas de Bangkok que no se han visto afectadas por las manifestaciones, con miles de personas arrojándose agua para dar la bienvenida al Nuevo Año. Aunque varios Gobiernos occidentales han aconsejado a sus ciudadanos que no viajen a Tailandia, los extranjeros no son objetivo de los manifestantes o las fuerzas de seguridad y el riesgo para su integridad es mínimo. La normalidad es total en las playas y las principales zonas turísticas.

 

Comentarios
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Anónimo   |2009-04-13 14:50:35
Se oponen a unos tipejos que accedieron al poder por un golpe de estado y
desplazaron al ganador de las elecciones, quede claro.
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