Los radicales libres no sólo producen envejecimiento en la piel, también de las arterias

Si buscáramos en un diccionario o en internet que es un átomo encontraríamos como que se define como la estructura o unidad básica de toda la materia. Un átomo está formado por un núcleo atómico formado en el que se encuentra casi toda su masa, rodeado de una nube de electrones girando en órbitas definidas llamadas orbitales, alrededor del núcleo atómico. En cada orbital suelen existir un par de electrones, y cuando solamente uno se encuentra en un orbital entonces decimos que tenemos una capa de electrones de valencia no apareada o en términos más sencillos que tenemos un electrón desapareado.

 

 

Sabemos que estos conceptos no son fácilmente comprensibles pero si se los contamos es porque hoy vamos a hablarles de radicales libres. Y para comprender el concepto de radical libre, nada mejor que haberles explicado ya lo que es un orbital desapareado, porque efectivamente un radical libre se puede definir como una especie química que se caracteriza por tener uno o más electrones desapareados.

Los radicales libres son moléculas muy inestables y además muy reactivas. Los radicales libres intentan buscar con avidez como estabilizarse, intentando adquirir el electrón que perdió. Para esto lo intentará obtener de otra molécula que puede ser un atómo de una proteína o de un lípido de la grasa, pero si lo consigue lo que hará será desestabilizar ese átomo aunque el átomo primitivo se estabilice. Esto se repetirá indefinidamente de átomo a átomo, y lo que se forma es una reacción en cadena que en lo que en definitiva se convierte es en una reacción oxidativa. Esta reacción oxidativa, o lo que es lo mismo, estos radicales libres que se forman, son en general altamente perjudiciales para la supervivencia de las células y evidentemente también para su funcionalidad.

Sin embargo, las células además de tener una maquinaria enzimática que favorece la formación de radicales libres, maquinaria que en muchos casos está formada por enzimas que generan moléculas inestables electrónicamente muchas de ellas derivadas del oxígeno como por ejemplo el peróxido de hidrógeno, también conocido como agua oxigenada o el ión superóxido, este último probablemente es uno de los radicales libres más potentes que existen, tienen también una maquinaria que intenta proteger a las células de los radicales libres, son las conocidas como enzimas antioxidantes.

Entonces ahora les podemos contar otro concepto que es el estado de estrés oxidativo o de oxidación de una célula o del organismo, que seguramente los que no conozcan su definición se la imaginarán fácilmente. El estado de estrés oxidativo podemos definirlo como el balance entre los radicales libres que se forman a través de las enzimas pro-oxidantes y laos radicales libres que se retiran a  través de las enzimas antioxidantes. También podemos valorar el estado oxidativo de una células u organismo conociendo su capacidad de enzimas pro-oxidantes y las antioxidantes. Conocidos todos estos conceptos, estamos en disposición de explicarles cosas de los radicales libres.

Cuando hablamos de radicales libres, es muy fácil imaginarnos las arrugas de la piel ya que existen muchos anuncios de cremas y tratamientos antioxidantes para proteger la piel de arrugas y esto es algo que todos alguna vez hemos escuchado. Pero al igual que en la piel los radicales libres producen arrugas, los radicales libres también se forman en las células más internas de nuestro cuerpo como por ejemplo en los vasos sanguíneos. Los radicales libres generados en los vasos sanguíneos producen daño no solamente en las células de los vasos favoreciendo procesos como la aterosclerosis, por ejemplo mediante la oxidación de la grasa que conocemos popularmente como “mala” las LDL.

Las LDL oxidadas van a introducirse en el interior de células de la sangre que se llaman monocitos (un tipo de glóbulo blanco) y estos monocitos cargados de LDL oxidada van a introducirse en la pared arterial formando lo que conocemos como placa de ateroma. Los monocitos cargados de LDL oxidadas van a convertirse en una célula que se conoce por el nombre de célula espumosa, y que además de captar más LDL y ellos mismo oxidarla, van a liberar aun más radicales libres y factores inflamatorios en el interior de las arterias. Si esa placa de ateroma se rompe, lo que se va a producir es la activación de las plaquetas, la formación  de un trombo y un coágulo y la posibilidad de que este trombo o coagulo obstruya el paso de la sangre a través de una arteria que si está esta localizada por ejemplo en el corazón se inducirá un infarto y si irriga el cerebro, se producirá un ictus isquémico.

Pero los radicales libres por sí mismo también estimulan el proceso de la coagulación y trombosis sin necesidad de que se rompa la placa de ateroma. Por ejemplo, en la diabetes se produce un estado muy pro-oxidante y en el paciente diabético por ejemplo las plaquetas están pre-estimuladas existiendo datos en la literatura científica que sugieren que este estado pro-oxidativo del paciente diabético participa en la mayor facilidad de activación de sus plaquetas y por lo tanto, en tener un riesgo mayor de sufrir un evento isquémico agudo que el existente en la población general.

Claro, tendremos entonces que impedir que se formen esos radicales libres en el interior de las arterias potenciando nuestra maquinaria antioxidante y, desafortunadamente, en las arterias no podemos utilizar una crema, como haríamos en la piel, llena de factores que impidan la oxidación. Pero si tenemos herramientas que pueden ayudarnos que nuestras células potencien su capacidad antioxidante o incluso proporcionarles agentes antioxidantes a ellas.

Una fuente importante de antioxidantes son los alimentos. En los alimentos podemos encontrar antioxidantes como la vitamina E, el ácido ascórbico, los polifenoles o los carotenoides. Por ejemplo, la gran mayoría de frutas contienen antioxidantes naturales. Les hemos hablado incluso en otras ocasiones  de las propiedades antioxidantes de uvas, la granada (rica en polifenoles) o los cítricos. Por ejemplo, quercetina, un importante flavonoide, lo podemos encontrar en manzanas, cebollas, frambuesas, té, como el té verde o el blanco, diversas variedades de col, además de en frutos secos y en otros muchos alimentos. Pero también podemos favorecer la antioxidación endógena de las células consumiendo alimentos que contengan minerales necesarios para que las enzimas anti-oxidantes propias de las células funcionen mejor. Esto es por ejemplo el caso del selenio. El selenio facilita la actividad antioxidante y alimentos ricos en selenio son entre otros las verduras con hojas verdes como las espinacas o también selenio encontramos en las zanahorias y calabaza.

Dice la historia que los radicales libres no solo participan en la patología cardiovascular sino también en otros muchos tipos de patologías incluidas las oncológicas. Sin embargo, si tenemos que comentarles no se ha definido la ingesta diaria de alimentos ricos en agentes antioxidantes que tendríamos que consumir diariamente. También es importante conocer que como todo en su justa medida. Dicen los expertos que un consumo de antioxidantes excesivo tampoco es positivo ya que, como les hemos intentado muchas veces transmitir desde estas mismas páginas de Teinteresa, la biología celular es muy inteligente y los radicales libres también tienen funciones fisiológicas importantes como puede ser en la lucha de los glóbulos blancos contra los agentes infecciosos, incluidos bacterias y virus, de lo que les intentaremos hablar en otra ocasión.

Comentarios
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Oscar   |2015-05-03 12:35:15
interesnte y formativo artículo de agradecer
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